16/12/2018
Editoriales

La última batalla de Custer

En 1870 –dos décadas después del atraco contra México- se descubrieron grandes yacimientos de oro en las montañas de Black Hills, en Dakota, unos territorios ubicados al norte de la Luisiana francesa. Al saberse de la existencia del oro se repitió el fenómeno de la fiebre del oro en California, que lo mismo contagiaba a los exploradores que a los ambiciosos colonos.

Estos se apropiaron de buena parte del territorio sin importarles que eran lugares sagrados garantizados a los indios Lakota. El gran jefe Toro Sentado convocó en 1875 en Montana a las tribus siux y cheyene para organizar la lucha en defensa de sus territorios sagrados. El gobierno de Estados Unidos envió a 2 mil 500 soldados, que eran en teoría más que suficientes para aplastar a los rebeldes.

Al frente de ellos estaba el mítico George Armstrong Custer, conocido como “general Custer” –un héroe popular-, quien dio la orden de esperar a la columna de infantería del general John Gibbon antes de empezar la batalla contra Toro Sentado. El 24 de junio le reportaron a Custer que había un pequeño grupo de hostiles y ordenó ir por ellos. En la mañana siguiente el reporte era que los indios preparaban un ataque, pero no se sabía que contaban con unas 700 armas de fuego, pues en ese país siempre ha existido el mercado libre de las armas. Custer era famoso porque en 1868 en el río Washita triunfó con la brutal operación “barrido” donde sus tropas dispararon contra todo lo que se moviera.

Y Custer seguramente creía que podría repetir su hazaña, pero no contaba que Toro Sentado había instruido a sus guerreros para que no atacaran montados a caballo sino que se arrastraran por los barrancos, y cayó Custer con su poderoso ejército en la famosa batalla de Little Bighorn. Sin embargo, esa victoria grandiosa llevó a los indios a su mayor derrota pues el ejército norteamericano fue abastecido con más dinero que nunca y a todo indio que se encontraban, lo recluían en las reservaciones indias. Para saber la verdad de lo sucedido en esa batalla, hubo de suceder un incendio en 1983 que arrasó con el lugar de los hechos que había sido declarado un sitio protegido y prohibido para los arqueólogos. Así fue como el doctor Richard Fox de la Universidad de Dakota obtuvo permiso para excavar desenterrando cuerpos y objetos de guerra. Se descubrió que el ejército norteamericano estuvo desesperado pues cuando un soldado corre deja un rastro de casquillos, no una pila y las balas disparadas por un arma se pueden identificar con los casquillos. Las versiones de los indios es que todos los soldados murieron muy pronto y que pagaron con su vida haber invadido sus montañas sagradas.