09/Jul/2020
Editoriales

El reloj automático

Buscando antecedentes de los relojes automáticos encontré que en el siglo XVIII comenzaron a fabricarse, pero se trataba de relojes de bolsillo, pesados y caros. A principios del siglo XX el reloj de pulsera de cuerda era el más popular, y un relojero de mantenimiento, John Harwood, quería eliminar la corona que traían los relojes de cuerda, pues por ahí entraba suciedad que dañaba la máquina del reloj. Luego de un año de experimentos, Harwood creó un reloj que generaba energía al grado de que podía darse cuerda él solo. Un peso diminuto oscilaba con topes y se activaba con el movimiento del portador del reloj, moviéndose en un arco de 300 grados hasta golpear ambos extremos. Harwood patentó su modelo, pero ninguna compañía suiza se interesó en él.

Se asoció con Harry Cutts formando la Harwood Self-Winding Watch Company, y en 1928 le pidió a la firma suiza Fortis y A. Schild que fabricara 30 mil relojes automáticos, sólo que esa empresa no alcanzó a fabricarlos porque se sobre endeudó con la Depresión de EUA.

En 1930 la Rolex Watch Company sacó el modelo Rolex Oyster Perpetual, con un sistema parecido, pues en vez de que el peso oscilara de adelante a atrás, el peso giraba en círculos completos como si fuera el movimiento de rotor. Y es hasta ese momento en que la Rolex se transforma en la gran empresa relojera suiza. Después salió el reloj automático de cuarzo que requiere una batería como fuente de energía, pero esa es… otra historia.