13/11/2018
Editoriales

La llegada de un intruso

Cuando un bebé nace dentro de una familia cada gesto le es festejado, así, berrinches, rabietas, pataletas y demás se ven sumamente graciosas en ese nuevo ser, con el tiempo si ese chico continúa con sus actitudes afrentosas y groseras las personas tildan a los papás de consentidores, “si no le permitieran todo”, “si fueran más estrictos”, “si le impusieran límites”, el caso es que el pequeño diablillo NUNCA tiene la culpa de aquello que lo pone en la mira, ¿les suena familiar?

Por el contrario, cuando un niño o niña institucionalizado (es decir que viene de alguna casa hogar) es adoptado CADA UNO de sus “errores” es señalado como si esa personita fuese un verdadero delincuente profesional, entonces es tan común escuchar cosas como “es que quien sabe de donde venga”, “la verdad no sabemos que tipo de gente hayan sido sus padres” y la de siempre “pobrecitos de sus papás con ese güerco que les tocó” (aquí los papis pasan de victimarios a víctimas de alguien que ni siquiera entiende bien lo que pasa), bueno dicen que disculpa no pedida es culpabilidad admitida, me declaro entonces culpable de AMAR CON TODO EL CORAZÒN a mi pequeño demonio de tazmania, de aprender a conocerla cada día, de tener noches de insomnio cuestionando nuestra decisión de seguir, de abrazarla fuerte cuando tiene miedo y soltarla cuando pide espacio para ser.

No entendí muchas cosas de lo que estábamos pasando Alfonso y yo hasta que una buena amiga (mamá adoptiva de cuatro hermosos niños y a quien admiro profundamente, Dora Quintero) me invitó a integrarme al grupo de WhatsApp “Familias del Corazón” que tiene entre sus miembros a papás por adopción directa así como a matrimonios que tienen a niños en acogimiento con la esperanza que un día sean liberados para su adopción.

Allí me di cuenta que mi “bronca” no era única, aprendí que TODOS pasamos por lo mismo, que no somos súper héroes por dar amor a un pequeño o pequeña que a final lo pide de la única manera que sabe hacerlo, a gritos, corriendo, escondiéndose y hasta agrediendo; si, puede sonar muy primitivo, pero al final nuestros niños no tuvieron ese calor de hogar que un bebé de familia tiene, en muchos casos lloraron por horas en una cuna fría sin nadie que los levantara y consolara hasta que se cansaron de hacerlo y mejor callaron, otros un buen día se encontraron en un sitio en el que ya no estaba su mamá, su papá, hermanos, abuelos ni tíos sin entender que estaba pasando, después de un tiempo les dijeron “ya te encontramos papis” y entonces ellos con todo ese temor que implica el abandono se fueron con un par de extraños a su casa, a formar una familia (esto lo he platicado abiertamente con Arantza), sin tener la menor idea de cómo es eso, obligados de cierto modo a querer a alguien que en el mejor de los casos pasó un proceso de integración con ellos de dos a seis meses; ¿suena a película de terror, cierto? Bueno, pues ahora imaginen que el protagonista es apenas un pequeñito que todo lo que ha aprendido en la vida es a defenderse a si mismo de aquello que en algún momento considera un ataque (real o no),  la verdad yo no se cual hubiese sido mi reacción, mi admiración total entonces para estos chiquitos resilientes.

Hace unos días le dije a mi hija que íbamos a comenzar a hacer viajes a la escuela con unos vecinos, primero me inventó mil excusas para que no sucediera, al final me dijo que ninguna era cierta, después, el primer día, me hizo ver mi suerte, desde que se levantó estaba de un genio terrible, pensé que no iba a estar lista y me enojé muchísimo, le grité y me quedé muy molesta cuando se fue; ese día analizando la situación me di cuenta que lo que ella tenía era MIEDO, así es, cada situación nueva para ella implica temor, “si no me llevan es que ya no me quieren”, así, de ese tamaño, cuando llegó al mediodía me abrazo y me dijo “mami, perdóname, me porté muy mal” y yo le dije “tenías miedo, te entiendo muy bien, perdóname tú a mi por no haber sabido entenderlo”, allí comprendí casi tres años de berrinches y enojos que parecían no tener razón de ser.

 

Poco a poco me he dado cuenta que para ella un abrazo equivale a todos lo que no tuvo, un beso a todos los que no recibió y una palabra de amor a aquellas con las que soñó siempre y que hasta hace muy poco llegaron; El domingo me enteré por su madrina de Capullos, Gaby, que el único regalo que mi hija le pidió cuando se conocieron fue una biblia, la historia de cómo la misma llegó a sus manos es sumamente especial, ella tiene un enorme amor a Dios, sin embargo ha aprendido a ver que la doble moral existe y que hay corazones apagados y llenos de rencor, que se ensañan con un niño o niña por no ser todo lo “perfecto” que debería según su paupérrima mente y corazón.

Arantza tiene muchísimo amor, sin embargo hay montones de niños en este momento escondidos dentro de un closet, metidos debajo de una cama o encerrados en un baño de alguna casa hogar pidiéndole a Dios de la manera que puedan (como hizo ella en su momento) que les mande unos “papás buenos que los quieran PARA SIEMPRE”; si muy dentro de tu ser encuentras esa espinita, si te sientes capaz de enfrentar las circunstancias más complejas y si quieres algún día sentirte sumamente orgulloso al ver una sonrisa hermosa decirte GRACIAS, entonces es momento que dejes de lado el miedo que también llevas dentro y te animes a explotar ese potencial de amor, el camino NO ES FÁCIL, muchos se quedan en la orilla como expectadores o como parte de un pasado que al final te formó, sin embargo, puedo asegurarte que ese abrazo que vale por mil o ese beso que se repite cien veces antes de irse a acostar no es melcocha pura si no amor del mejor, del más sincero, del que si un día no tiene ganas no lo hará a la fuerza, pero que si el resto de la semana se le antoja te dejará convertido en un verdadero algodón de azúcar.

Adoptar es abrir una caja de pandora, te encontrarás de todo y las sorpresas jamás dejarán de llegar, mi mejor aventura es también a veces mi más complicado camino, la balanza nunca será perfecta y es de hecho esa imperfección la que hace esta travesía más especial y maravillosa.

Gracias a quienes se han quedado a pesar de, a quienes se dan la oportunidad de amar SIN CONDICIONES, sin importar la sangre ni “de donde venga”.

Dedicado a mi pedacito de cielo universal, a esa niña maravillosa que me hace ser mejor persona cada día (a veces también peor ja ja), por enseñarme el valor de TENER VALOR!

Te amo ARANTZA SOFÍA CAMPOS QUIJANO