26/09/2018
Editoriales

El olor de los años viejos

¿A qué huelen las naranjas? Sin duda alguna, existe una nota de energía en ese singular aroma que al instante te pone de muy buen humor. Así son todas las buenas emociones, como el olor a cítrico que dinamita todos tus sentidos.

Recuerdo que de pequeña, más o menos a mis 10 años de edad, me encantaba entrar a las tiendas y oler la ropa, aún sigo con esa loca manía porque todas las prendas siempre tienen ese mismo olor indescriptible que enciende mis ganas de comprar. Es curioso, huelen a no sé qué pero huelen a algo que me agrada y aunque pasen los años, siguen oliendo igual, a nuevo.

Los años nuevos, tienen aromas distintos, algunos son desafiantes o sumamente excitantes mientras que otros simplemente huelen a algo desconocido; sin embargo, el pasado huele diferente, huele a vivencias, a recuerdos y… algunos son tan bellos que es como recordar todas las sensaciones que se viven durante un bello día de verano, bajo el sol y a la orilla de un mar en calma, tranquilo, lento, armonioso y que acaricia la arena con una suave ola que apenas se levanta.

El olor de los años viejos, es un olor especial porque encierra mucha nostalgia pero es un aroma que inevitablemente, a través de los años, ha quedado grabado no solo en la memoria sino también en lo más profundo del alma y permanecerá en ese lugar por el resto de tu vida.

Cierto día de verano, a la orilla del mar de Vallarta, llegaron a mí –como traídos por una inquieta ola- algunos aromas de antaño y entonces, no pude evitar recordar aquellos primeros amores, aquellos primeros suspiros, aquellos primeros momentos de emoción, todos ellos –no me quedan dudas- fueron episodios buenos en mi vida; no obstante, hubo otros mejores que captaron mi atención.   Y cómo no iba a ser de esa manera si esos estupendos recuerdos incluyen a personas que de cierta forma aún están junto a mí. Y por todos esos buenos momentos, con una piña colada en la mano dije: ¡salud! y bebí hasta el fondo lo que quedaba de esa refrescante bebida. Qué extraño, no logro entender porque tuve que viajar hasta allá para poder extrañar lo que aquí fácilmente y en repetidas ocasiones pude echar de menos. Nunca, ni en sueños creí que algún día extrañaría tanto el olor de mis años viejos.

Después de un profundo análisis y algunos días de vacaciones, regresé totalmente renovada, con decisiones muy firmes de lo que deseo para los años venideros.  Regresé dispuesta a rescatarme a mí misma y con ello arrastrar en ese inesperado rescate, todo lo bueno de aquellos años a los que el tiempo ha etiquetado como viejos.

En ese viaje, recorrí muchos kilómetros hasta llegar a mi destino, conocí lugares diferentes, vestí ropa cómoda y holgada, platiqué con algunas personas muy interesantes que jamás había visto y que quizá no volveré a ver mañana, reí, bailé y me divertí como no lo había hecho en años; sin embargo, lo más importante que me sucedió fue darme cuenta de que quiero ser una mujer distinta, quiero ser aquella que –sin remordimientos- deja en el camino un pesado equipaje que sólo estorba e impide disfrutar el aquí y ahora.

Hoy quiero hacer ciertos cambios, reconstruir muchos sueños, resanar algunas heridas, saldar cuentas o deudas del alma y por qué no, darme una quinta o sexta oportunidad, porque por fin entendí que mis errores contribuyeron en mucho a todas mis perdidas pero de no haberlos cometido jamás hubiera aprendido que las fallas ajenas también son parte de la vida y que no existen personas perfectas, todos cometemos errores de distinta magnitud.

No hace falta que llegue diciembre para hacer limpieza al armario y prepararnos para enfrentar un nuevo año repleto de cambios.  El cambio puede comenzar ahora, en cualquier momento, cuando sientas que es urgente y necesario, cuando te falte el aire para respirar o simplemente cuando te des cuenta de que lo que estás viviendo ya no le viene bien a tu vida.

No esperes a perder algo para tratar de recuperarlo, no esperes que el olor de los años viejos se haga presente para recordarte las cosas buenas que merecen la pena y que debes conservar. Pero, si por alguna razón ese olor llega a ti y descubres que dejaste algo en el camino que ahora te hace falta, lucha por traerlo a tu presente para que forme parte de tu futuro, lucha con todas tus fuerzas, con la fortaleza de un alma guerrera, esa que se enfrenta sin temor a todas las adversidades, que camina con firmeza, que no se rinde y que tampoco se deja derrotar por nada ni nadie, esa que tiene siempre una cantidad inmensa de motivos para avanzar.