24/03/2019
Editoriales

Las Plazas de Monterrey. La Purísima, tercera parte

 

Durante el siglo XIX la Plaza de la Purísima vivió una de sus mejores épocas. En la extinta Plaza Morelos, a espaldas del templo de La Purísima, estaba la Escuela número 3 para niños y la Escuela número 2 para niñas. Ambas atendían a la población del poniente de Monterrey, planteles que indujeron, posiblemente, la vocación escolar de ese Barrio de la Purísima donde posteriormente fue sede de varios colegios importantes.

 

Los problemas sanitarios se agudizaron al finalizar el siglo XIX

La Plaza de la Purísima estaba alumbrada, con bancas, andadores de ladrillo, un sistema de riego a cargo del Ayuntamiento, y en sus jardines lucía orgullosa la Fuente de Mármol (o De los delfines). Sin embargo, el siglo XX trajo algunos problemas para el Barrio de la Purísima. Uno de ellos era que la Ciudad continuaba creciendo sin contar con un adecuado sistema de drenaje. Había letrinas construidas aguas arriba de La Purísima que, por el rumbo del Obispado, se vaciaban en el Río Santa Catarina, ocasionando graves molestias a los vecinos, como se advierte en el Acta del 21 de abril de 1902:

 

“Varios vecínos del barrio de la Purisima solicitan que no sean arrojadas las inmundicias de las letrinas procedentes de algunos lugares de esta población, en el punto en que actualmente se están tirando, esto es, cerca del Rio rumbo al Obispado y al Sur de la Calle de México, por virtud de ocacionarles gravisimos perjuicios. A la Comisión de Policia para díctamen.”

 

La llegada del tranvía beneficia a la plaza de La Purísima

Sin embargo, dentro de lo negro siempre hay algo blanco. Como la Ciudad seguía creciendo, debido a las limitaciones del transporte privado era indispensable buscar soluciones al público. Y providencialmente ocurrió que en marzo de 1908 la Plaza de la Purísima quedó conectada al resto de la ciudad con una línea de modernos tranvías eléctricos que se conocía como la “Oriente - Poniente”. Su itinerario incluía desde la actual calle de Degollado hasta un poco más allá de Diego de Montemayor, pasando por las calles de Hidalgo - del Comercio, y de regreso por la calle del Padre Mier. 

Así que, de pronto, la Plaza de la Purísima quedó habilitada con un excelente sistema de transporte, lo que derivó en el incremento de sus visitantes y en consecuencia también de comerciantes ambulantes. A la década siguiente, en el año 1917, animados por este auge, los vecinos de la zona, hicieron un intento de remodelación de la plaza, para dotarla de un kiosco, pero las raquíticas finanzas municipales lo impidieron. Veamos un fragmento del Acta de 20 de agosto de 1917:

 

“Del C. Bruno García Ayala, nombrado (…) para que se pusiera de acuerdo con el Presidente de la Junta de Mejoras de la Plaza de la Llave para (…) el proyecto de reformas que deben hacerse a la mísma, informando que (…) el Secretario de la Junta le manifestó que con los $ 1,200.00 (…) que tenían en caja pensaban colocar en la Plaza ocho albortantes de metal para alumbrado, los cuales al tenerlos listos harán la solicitud al Ayuntamiento para su colocación, (…) se acordó (…) no reformar el piso de la fuente (…), sino la colocación de dieciocho o veinte bancas en la plaza y la contruccion de un basamento para kiosco (…) con un costo de $ 1,450.00 (…), concluyendo por pedir autorizacion para ese gasto en caso de que la Caja Municipal estuviera en condiciones.= Que se aplaza la discusion y aprobación en su caso del proyecto presentado, hasta en tanto mejoran las condiciones del Municipio.”

 

En la década de los años veinte hay crisis en el transporte público

Lamentablemente, en la segunda década del siglo XX, el transporte público de la Ciudad comenzó a complicarse. En 1920 se suspendió la ruta de tranvías eléctricos de “Oriente a Poniente” a la que llamaban “Circuito Obispado - Golfo” desestabilizando las rutinas diarias de los vecinos del Barrio de La Purísima, quienes se presentaron en el Cabildo para solicitar, sin éxito, su restablecimiento, tal como se ve en acta de 29 de Junio de 1920:

 

“De Varios Vecinos de los barrios de la Purisima, del Obispado, de las Estaciones Golfo y Unión y de las Tenerias pidiendo que se haga de la Compañia de Tranvias de esta Ciudad, restablesca el circuito Obispado Golfo que se ha suprimido; que establesca servicio de trasborde y servicio de primera y segunda clase en los carros; y en general que aumente el número de carros y mejore su servicio.- La asamblea acordó facultar al Señor Alcalde Primero para que de acuerdo con lo que el contrato concesión establesca sobre el particular, resuelva lo que corresponda”.

 

Sitio de taxis de tracción animal en La Purísima

Ante la nula respuesta oficial y la imperiosa necesidad de trasladarse de un lado a otro de la Ciudad, el servicio de transporte público lo dieron coches de tracción animal – en el siglo XIX, los propios tranvías conocidos como “de Bradley”, eran estirados por mulas- ofreciendo servicios similares a los de los actuales taxis. Así que, para cubrir la demanda de visitantes y vecinos del Barrio de la Purísima, se instaló un sitio en la calle Bolívar (hoy Padre Mier) enviándose un mensaje público de que se trataba de un paseo cómodo y preferencial. Acta de 8 de marzo de 1921:

 

“(solicitud) Del Señor Benigno Ayala, solicitando se le conceda permiso para establecer un sitio de coches en el lado norte de la Plaza de la Purisima, por la calle de Bolivar, obligandose pagar la cuota correspondiente y ademas que los conductores de los vehiculos se porten con corrección y a conservar en buen estado de limpieza el lugar donde se establescan los coches.”

 

La calle de Las Flores terminó llamándose Serafín Peña, no Martín de Zavala

En cuanto a la nomenclatura, la calle que está entre la Plaza de la Purísima y el templo homónimo, que hoy es Serafín Peña, antes se llamaba calle de las Flores, y en el año de 1922 un regidor intentó que se le llamara calle de Martín de Zavala. La iniciativa no prosperó y fue finalmente la calle Bolivia la que tomó el histórico nombre:

 

(Acta de 29 de agosto de 1922) “Del C. Doctor Amado Fernandez, (…) en ocasión de haber sido (…) aniversario de la muerte del General Don Martín de Zavala uno de los primeros Gobernadores de este Estado, se permite proponer se le dé su nombre a la calle de las Flores, mandándose fijar para el efecto en el lado poniente de la Alameda de la Llave, una placa conmemorativa.- Se acordó pasar la presente solicitud a los señores Comisionados de Policía y de Ornato y Paseos para su dictamen”.

 

Remodela el alcalde Leopoldo Treviño a la plaza de La purísima

Tres lustros después, en el año de 1937, el alcalde Leopoldo Treviño Garza hizo otra remodelación a la plaza de la Purísima instalando más faroles y un piso de mosaico:

4 de diciembre de 1937. “El C. Presidente Municipal informa (…) que la atención se ha concentrado en estos días a la Plaza de la Llave (de la Purisima) (..) trabajando un buen número de operarios y es casí seguro que para el día último del mes esté terminado, acondicionan pizos de mosaico y más alumbrado”.

 

El Nuevo Templo de La Purísima

En el siglo XVIII la erección de la Capilla de La Purísima fue uno de los incentivos para el crecimiento de la Ciudad hacia el poniente. Luego, en el siglo XX, se edificó un nuevo y hermoso templo de La Purísima consagrado en 1946, obra auspiciada por el arzobispo Tritschler, proyectada por el arquitecto Enrique de la Mora, y supervisada por el ingeniero Esaú García, que aportó un nuevo ícono al paisaje urbano de Monterrey.

 

El alcalde Félix González adecua la Plaza de La Purísima al nuevo entorno urbano

Esto obligó en 1948 al alcalde Félix González Salinas a remodelar la Plaza de La Purísma. Se tuvo que reducir su tamaño para ampliar las calles circundantes, como la de Hidalgo, la del Padre Mier, la de Serafín Peña, y el llamado Callejón Zarco que se convirtió en una calle. Con estas obras desapareció el bello camellón de la calle Hidalgo, y se adecuaron los jardines y andadores a su actual geometría. Con esta nueva imagen, a partir de los años sesenta pudimos disfrutar de esta hermosa Plaza.   

 

La moderna Plaza de La Purísima pone de moda alimentos de jóvenes

No son pocos los matrimonios que iniciaron su noviazgo en ese espacio público, además, el templo de La Purísima estuvo de moda para los más variados servicios religiosos como misas de graduación de generaciones, bautismos y bodas que le dieron un gran movimiento a la Plaza. Alrededor de este paseo se establecieron comercios con elotes preparados, las paletas Dumbo, trolebuses, fresas con crema, y tortas. Algunos restaurantes de nombre extranjero como Bona Burger y el Lulu’s Bell’s, primero de pizzas en la ciudad.

 

La Purísima, zona de colegios y universidades

En el barrio de La Purísima se instalaron importantes centros educativos como el Colegio Franco Mexicano y el American School, que atendía a la población estadounidense de la ciudad. Luego se instaló el Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales, La escuela Serafín Peña que se convirtió en la Normal de Especializaciones; y algunas universidades como el Centro de Estudios Universitarios y la Universidad Regiomontana, también se instaló ahí DATAMEX la primera escuela de computación de la ciudad.

 

El alcalde Leopoldo González Sáenz limpia de delincuentes a la Plaza de la Purísima

Desde luego que ser un lugar elegido por la sociedad y la juventud para convivir, le acarreó problemas de inseguridad que, el gobierno municipal de Leopoldo González Sáenz, trató de remediar como se ve en el Acta del 18 de octubre de 1963:

“(…) tenemos primordialmente la urgencia de salvaguardar el patrimonio de todos los regiomontanos y no debemos sacrificarlo por el posible beneficio de persona o de negociación es de considerar la dolorosa experiencia de Paseos y Jardines públicos convertidos en muladares y mercados nos obliga a recordar que para evitar que el jardín de la Purísima fuera sitio de reunión de maleantes y puestero fue menester apelar a la fuerza”.

 

El alcalde Benjamín Clariond restaura la Fuente de Los delfines

El último alcalde que invirtió recursos en la Plaza de la Purísima fue Benjamín Clariond, quien practicó una minuciosa restauración de la Fuente de los Delfines, corrigiendo errores añejos en el uso de materiales adecuados, y modernizó el equipo hidráulico de la fuente. Por su parte, el Barrio de la Purísima se ha transformado con la edificación de modernos edificios multifamiliares.

La Plaza de la Llave con su anterior nombre, de Los Arrieros, y su nombre coloquial de “La Purísima” ha sido testigo mudo de casi toda la historia de nuestra ciudad. Un lugar icónico, parte substancial del Monterrey de nuestros amores. Que el vertiginoso crecimiento de la ciudad no nos arrebate nuestras raíces, pues parte de nuestra identidad se encuentra en estos lugares que nos pertenecen a todos los regiomontanos. Visitémoslos seguido. 

En la próxima semana, hablaremos de la Plaza del Colegio Civil.

 

Fuentes: 

Archivo de Monterrey, actas de Cabildo: 21 de abril de 1902; 20 de agosto de 1917; 29 de Junio de 1920; 8 de Marzo de 1921; 29 de agosto de 1922; 4 de Dic. de 1937; y 18 de Octubre de 1963.

Saldaña, José P. Estampas antiguas de Monterrey, Monterrey, NL., 1981.