21/11/2018
Editoriales

Junio 30 de 2010: Azota a Monterrey el huracán “Alex”

Junio 30 de 2010: Azota a Monterrey el huracán “Alex”, el fenómeno meteorológico que históricamente más agua ha descargado en la región en los tres días críticos, provocando enormes daños a la ciudad y la muerte de 15 personas. El gobierno del Estado, en coordinación con la Comisión Nacional del Agua, así como con la SCT hicieron una evaluación rápida de los daños y los costos de reposición de la infraestructura averiada o desaparecida para regresar el nivel de desarrollo urbano que tenía el área metropolitana de Monterrey, llegando a la cifra de 16 mil millones de pesos.

  El presidente de la República y el gobernador del Estado (Calderón y Medina) declararon además del estado de desastre para liberar recursos del FONDEN (el primero), una contingencia hidráulica, eléctrica y de comunicaciones (ambos funcionarios). El río Santa Catarina se desbordó llevándose buena parte del talud que albergaba a las avenidas Constitución y Morones Prieto. Desaparecieron calles enteras, y alcanzaron a derrumbarse fraccionamientos construidos en terraplenes cercanos a los arroyos.

  Con el esfuerzo correspondiente de toda la población que por largos meses hubo de soportar vialidades improvisadas que retrasaban los desplazamientos de vehículos repercutiendo en la productividad industrial y comercial de una pujante ciudad metropolitana, mientras la rasante del río Santa Catarina se cambiaba de pendiente y se reponían los terraplenes de los pasos a desnivel, se sustituyeron las líneas de agua y se erigieron nuevos puentes que cambiaron de pronto el rostro urbano de la ciudad de Monterrey.

   Se implementó un par vial entre las dos grandes avenidas Constitución – Morones, la primera de oriente a poniente y la segunda de poniente a oriente, tuvo que hacerse un programa de comunicación (“De aquí pa’llá y de allá pa’cá”) para que los millones de automovilistas que diariamente utilizaban estas vialidades entendieran el nuevo esquema de funcionamiento del tránsito vehicular, no sin antes vencer la resistencia al cambio de muchos vecinos que se oponían a estas modificaciones pues ahora tenían que hacer grandes recorridos para acceder a sus negocios y viviendas.

  Hubo también otras zonas afectadas fuera del área metropolitana, como fueron la región citrícola y la norte del estado, pero igual se reconstruyeron puentes y caminos. Una vez más, Monterrey se sobrepuso a las inclemencias de la naturaleza que algunas veces da la impresión de que se ensaña con esta noble ciudad.