25/09/2018
Editoriales

Septiembre 24 de 1810: El obispo electo de Michoacán excomulga a Miguel Hidalgo

Septiembre 24 de 1810: El obispo electo de Michoacán excomulga a Miguel Hidalgo. Manuel Abad y Queipo era amigo del cura Miguel Hidalgo, sin embargo recibió instrucciones de excomulgarlo, a sabiendas tal vez, que su acto no era “legal” digamos, puesto que era apenas obispo electo.

Según expertos en cuestiones religiosas, dicen que esa excomunión de Hidalgo no es definitiva, pues le deja abierta la puerta al arrepentimiento, y si consideramos que el movimiento insurgente apenas empezaba, Abad buscaba que Hidalgo y sus “secuaces” Allende, Abasolo y Aldama, según el decir del obispo, le bajaran en sus ímpetus independistas. Nunca lo sentencia a las llamas del infierno, dice el periodista y escritor J. Jesús García y García en su artículo “Se propaga malévolamente una falsa excomunión de Hidalgo” en El Observador.

Corre por ahí una versión que dice que la excomunión fue emitida directamente por el papa Pío VII, pero no cuadran los tiempos de esa tesis, pues este Papa fue prisionero de Napoleón desde 1809 hasta 1814, y desde dentro de la cárcel es difícil, casi imposible, que se haya enterado de la guerra de independencia de México, menos es probable que le mandara un escrito al obispo de Michoacán. Cuando Hidalgo fue traicionado y prendido en Acatita de Baján, en Coahuila, se lo llevaron hasta Chihuahua en donde lo “enjuiciaron”, condenaron y fusilaron pero le dieron la gracia de la comunión, cosa que entiendo, no se le permite a un excomulgado. Haiga sido como haiga sido (Calderón dixit), al padre de la patria, por motivo de acaudillar la insurgencia le sobraron enemigos, incluyendo a sus examigos, como es el caso de Abad y Queipo.