21/01/2018
Editoriales

Disciplina Social

 

  Nos está pareciendo que la situación socio-política de México está sumida en problemas de tan difícil solución que se nos dificulta ver cómo debemos de actuar, con un gobierno corrupto y en gran medida impune, un crimen organizado y una ciudadanía poco activa: ¿Por propia conveniencia o siguiendo principios morales? Y siguen las preguntas ¿Conveniencia de quién: Mía, de mi familia, de mi empresa, profesión o sindicato, de mi comunidad, mi nación o del mundo? Y ¿Cuáles principios morales: Religiosos, democráticos, o los heredados de nuestros ancestros primitivos?

 

   Esto que parece una situación en extremo complicada, se puede ir simplificando si la vemos de la siguiente manera: Mientras más se vaya ampliando la esfera de la conveniencia, más se va pareciendo a los principios morales, y dichos principios también se van pareciendo unos a otros. De esta manera, ambas simplificaciones nos llevan a la conclusión de que el deber fundamental de cada grupo humano es acordar y acatar aquella disciplina social que mejor asegure la supervivencia del grupo y el pleno desarrollo de los individuos que lo integran.

 

   Esa disciplina social es la que les permitió a nuestros ancestros homínidos ir superando a todos los demás animales, mientras que toda la reciente historia de la humanidad desde el desarrollo de la agricultura, puede resumirse diciendo que el propósito fundamental de las civilizaciones, religiones y democracias ha sido el de extender, a otros pueblos y estratos sociales, el ámbito en el que se apliquen y los principios morales por los que se rijan.

 

   ¿Por qué ahora es más urgente que nunca extender el ámbito de la disciplina moral? Pues porque nuestro poder de acción ha ido creciendo en una forma acelerada, de manera que las interacciones humanas no sólo nos afectan a todos sino también a la atmósfera, la biosfera y la hidrósfera: Cada vez se ve más obvio que el propósito fundamental de la moralidad es la de asegurar nuestra supervivencia.

 

   Este convencimiento nos debe dar fuerzas y propósito para decirles a los políticos “a la antigüita” y a los empresarios que actúan como sus paniaguados: Hay narcotráfico y crimen organizado porque ustedes son corruptos y por eso mismo nuestro sistema de procuración e impartición de justicia es impotente. A los integrantes de partidos “de oposición” que se encandilaros con el poder al darse cuenta de la fácil que es “desviar” fondos públicos y siguen “la línea” que les marcan: Ustedes no sólo son también corruptos, sino además traidores al pueblo que os eligió con otras expectativas. A los demagogos de izquierda se les debe decir: Ustedes se visten con la desesperanza de de millones de marginados, para tratar de ascender a un poder que pronto lo convertiríais  en un autoritarismo degradante.

 

   ¿Qué todo esto no sería “práctico”? Al principio no, desde luego, pero hay que tener confianza en la fuerza enorme de la verdad, de poder respaldar todo lo que decimos con ejemplos reales y de saber demostrar lo que es obvio: Que los países más prósperos, ricos y educados del mundo, o sean los del Primer Mundo, son los que tienen más libremente acordadas y acatadas disciplinas sociales. Claro que todos esos países, con la excepción de los EUA, tienen sociedades racialmente homogéneas, mientras que en México mucha de su estratificación social sigue líneas étnicas: Ese es un obstáculo interno propio que debemos superar con acendrado propósito, pero que no debe hacernos dudar del curso a seguir: La buena voluntad a toda prueba y el respeto a la verdad ante todo.

Atte.- JVG.- 18-10-17