Hay platillos que se comen fríos, que, como los buenos vinos, deben añejarse. Verdades que solo el tiempo revela. Ésta es una de ellas.
Nuevo León salía de la profunda noche de la inseguridad. Era el 2011. La coordinación de autoridades daba resultados. En Monterrey, con la participación de la ciudadanía, se recuperaba el control de la seguridad cesando a 388 agentes de tránsito y 411 policías que habían sido cooptados por el crimen organizado; revocando 1,179 licencias de expendio de alcohol indebidamente otorgadas; recuperando las calles Reforma y Colegio Civil, ocupadas irregularmente por 3,200 comercios informales nidos de narcomenudeo y clausurando 62 antros por tráfico de enervantes. Entre otras acciones, se metía en cintura a casinos que operaban sin licencia o con irregularidades. Dos de triste memoria: Casino Royale y Casino Red.
Casino Royale operaba con licencia de 2007 y en 2011 construía una ampliación de casi 2,500 m2 que hacía pasar por una remodelación para evitar los permisos correspondientes. La ampliación fue suspendida por el municipio (19 de mayo) y con ello entró en escena uno de los personajes más detestables de esta historia: el Magistrado José Alfonso Solís Navarro, del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, quien ordenó levantar la suspensión (31 de mayo), porque, según su resolutivo, si bien la obra no era una ampliación, sino una remodelación, la obra no era del casino, atento a las declaraciones en juicio del representante legal del centro de apuestas.
Se solicitó al Magistrado una inspección ocular para acreditar que el casino en operaciones estaba separado de la obra nueva tan sólo por un muro de tabla roca (6 de junio). El Magistrado denegó la inspección a la velocidad del rayo (8 de junio). Se interpuso entonces un recurso de revisión (10 de junio).
Corrían en paralelo revisión y obra cuando dos meses después, 25 de agosto, un grupo de personas provocó un incendio en la parte operable del Casino Royale. La historia es sobradamente conocida: 52 personas perdieron la vida porque las salidas de emergencia estaban tapiadas. La única salida posible era la entrada principal, bloqueada por una muralla de fuego y muerte.
El otro casino, el Casino Red, carecía de licencia y su primera clausura, aún en obra negra, fue en 2010 (29 de abril). Por supuesto obtuvo del Magistrado de casa, José Alfonso Solís Navarro, la suspensión el 15 de junio del mismo año. Ya en operaciones, fue nuevamente clausurado el 15 de abril del 2011 y el Magistrado de casinos volvió a suspender la clausura el 10 de mayo siguiente. Finalmente, el 25 de agosto del 2011, casualmente horas antes del incendio en Casino Royale, el municipio clausuraba el Casino Red por tercera vez.
Formalmente el dueño del Casino Red era un tal Sergio Jacinto Gil García, pero la historia que estás por leer muestra sombras y reverberaciones que lo corean. Gil, además, era un prófugo de la justicia con ficha en la Interpol. Años antes había sido director de Comercio del municipio de Monterrey (2003-2006).
Jonás vivía vendiendo a domicilio productos de la cocina oaxaqueña. Cosa no menor, siendo hermano de un presidente municipal en funciones cuando el poder del papá incómodo estaba en la cresta de la ola. Jonás vendía a quien le comprara, entregaba a domicilio y cobraba contra entrega. Nunca supo que unos cuantos kilos de queso Oaxaca y chapulines le iban a costar todo en la vida.
El incendio del Casino Royale dio la vuelta al mundo, la indignación generalizada crecía y ello urgió a levantar piras de leña verde. De e1¹¹trada, se acusó al municipio por la omisión de dejar operar al casino sin salidas de emergencia. Quienes así lo acusaban omitían, a su vez, que la atribución legal era del gobierno estatal, no del municipal (Ley de Protección Civil Estatal, Art. 26, Fracción XIX, inciso f.). La coartada, pues, no dio para mucho y apremió otra salida.
Recapitulemos: Casino Royale quemado, Casino Red clausurado y urgencia de un villano favorito que enredara la investigación en un río revuelto y en ganancia de pescadores. Además, las licencias de casinos se otorgan y regulan desde la Secretaría de Gobernación en el gobierno federal; su giro maneja montos importantes de efectivo y algunos cuentan con redes de dudoso proceder, como la del Magistrado Solís Navarro. Cualquier investigación medianamente seria amenazaba con alterar los hilos en la telaraña del poder.
El 25 de agosto fue provocado el incendio en el Casino Royale y el 31, ajeno a cualquier investigación y autoridad, por obra y gracia del Espíritu Santo, “surgen”, así lo consigna una nota, tres videos con más escándalo que información. Con ellos se construye una infamia que habría de cambiar la temática del casino reducido a cenizas con 52 seres humanos adentro, a la del hermano extorsionador.
La nota, imposible no explicitarlo, iba firmada por el “Staff”.
Tres videos y decenas de fotografías que, según la nota, muestran a Jonás en “al menos” tres casinos de Monterrey -sin nunca mencionar cuáles- en los últimos tres meses recibiendo fajos de efectivo. La información pasa entonces inopinadamente a informar de “versiones” que asocian, sin diferenciar, el “pago de piso al crimen organizado” con “extorsiones por las autoridades”, como si se tratasen de un mismo proceder y un solo sujeto; exigencias que, desliza la nota, “parecen” haber crecido en intensidad, para así embutir con calzador que días antes al ataque del crimen organizado al Casino Royale, dueños de diferentes casinos “reportaron” que “estaban siendo extorsionados con amenazas de clausura -acto de autoridad administrativa- e, incluso, hasta de incendiarles el local -delito de crimen organizado-”, en una conexidad que espanta por confusa, temeraria y perversa.
Reportes, se apura a atajar la nota, que no fueron denunciados por temor de los nunca identificados casinos. Luego entonces, ¿cómo los reportaron, a quién?
Los videos, dice la nota, “aparentan” ser cobros constantes a casinos. El más reciente es del viernes 19 de agosto, seis días antes del ataque a Casino Royale. La fecha del video y la mención del casino no llegan, sin embargo, a trabar relación alguna, quedan en simple y siniestra insinuación, sin que jamás se afirme que Jonás pisó alguna vez el Casino Royale. El Staff se cuida de omitir dónde fue filmado el video, pero deja sugerido que días antes de la masacre del Casino Royale, Jonás salió -no se sabe de dónde- con el fajo de billetes “más grande” de los registrados en imágenes de “otras” transacciones. La cantidad “estimada” -por el propio Staff- era de 400 mil pesos.
El segundo video, según la nota, data del 30 de mayo, omitiendo una vez más el lugar de su filmación, pero ¡oh coincidencia! cinco días después que un comando de treinta integrantes ingresará a balazos la madrugada del 25 de mayo a cuatro diferentes casinos, a los que identifica sólo por mantener disputas legales con el Municipio. Queda claro que el mensaje era ligar video, agresión y ayuntamiento, sin mayor relación de causa efecto.
El tercer video es del 20 de junio en otro indefinido casino, pero recibiendo billetes. La nota cierra con otra del 2006 sobre un accidente automovilístico sin daños que lamentar de Jonás, “presuntamente”, en estado de ebriedad y ¡finalmente! con una información sobre la investigación de las autoridades competentes: la investigación apunta a pago de cuotas a la delincuencia organizada, lo que en estricta lógica contradice la nota misma que, no obstante, deja envuelta en su densa bruma.
Tres videos y decenas de fotografías que surgen de la nada, versiones, tan inaprehensibles como el Staff que las baraja; reportes que nunca fueron, aviesa confusión entre acto de autoridad y crimen, apariencias, estimaciones, presunciones.
Tres videos, una historia a modo sin ningún elemento de tiempo, modo y lugar, pero efectiva para sembrar la narrativa de fajos de billetes periódicamente recibidos, cómplices, soborno, extorsión, clausura, cobro de piso, incendio, masacre.
Al día siguiente otra nota cerró el círculo de la insidia. Para ello la divina providencia proporcionó otro video al Staff. El video se fecha el 25 de mayo, tres meses antes del incendio provocado en el Casino Royale y se ubica en “un casino” indefinido donde se observa a un comando armado ingresar a “esa misma casa de apuestas”, hacer destrozos y lanzar amenazas. La nota asegura que el mismo día y, se supone, el mismo grupo, repitió la agresión en al menos otros tres casinos, sin aportar mayores datos, salvo que la acción fue para amedrentar a los propietarios y obligarlos al pago de cuotas.
Si recordamos bien, la agresión ya había sido informada en la nota del día anterior, pero hoy se recupera en video para ligarla a que cinco días después, 30 de mayo, Jonás había sido grabado “en uno de los casinos atacados”, recibiendo dinero, y aunque el inculpado negaba la extorsión y alegaba la venta de comida oaxaqueña, la “percepción”, según el Staff, era ya “unánime”: “los cobros documentados en videos evidencian actos de corrupción entre los casinos y la autoridad municipal”.
Rodrigo Medina, sí, el del papá incómodo y Gobernador en funciones, presuroso hizo suya la percepción unánime y de la presunción de inocencia y del Estado de Derecho dos sendos reguiletes. Para el titular del poder Ejecutivo, las imágenes de Jonás, “demuestran en primera instancia complicidad y corrupción (…) más ahora en donde tenemos un trágico acontecimiento en el que perdieron la vida 52 personas.” (1º de septiembre)
Así, Jonás, sin más investigación que dos notas periodísticas y cuatro videos surgidos de la nada fue arraigado por los presuntos delitos de delincuencia organizada y cohecho. La ira popular lo había condenado, sin embargo, desde el día que corrió la historieta.
La “percepción unánime”, sin embargo, se cuidaba de no mencionar que el Magistrado José Alfonso Solís Navarro había renunciado silenciosamente el sábado 27 de agosto, dos días después de la masacre, que el domingo 28, en la Macroplaza, manifestantes gritaron consignas contra el Gobernador y el Presidente de la República por su estrategia contra el crimen organizado y exigieron el cierre de casinos en Nuevo León, que el 30 de agosto, un día antes de la primera nota de Jonás, el Gobernador y el Procurador del Estado informaron la detención y confesión de cinco de los responsables materiales del incendio en el Casino Royale, presentando los vehículos utilizados, los videos de su llegada, crimen y fuga, las pruebas periciales dactilares en los vehículos, el móvil: cobro de piso, y la confesión de pertenecer al grupo del crimen organizado de Los Zetas. "Todos ellos están confesos de haber participado en este multihomicidio, aseguró Medina, pero, además, la Procuraduría General de Justicia cuenta con elementos científicos suficientes para demostrar la participación de todos y cada uno de ellos en este atentado". El 31 de agosto, día en que se publica la primera nota de Jonás, el exsecretario de Gobernación, Santiago Creel, declara que en el 2003 había revocado el permiso de la empresa dueña de Casino Royale para operar, pero que entre el 2006 y 2009 las nuevas autoridades, no sólo lo volvieron a conceder, sino que entregaron a esa empresa 41 permisos más.
Jonás, no obstante, fue arraigado y lapidado en los medios. Las notas principales obviaron a los detenidos y confesos ante autoridad competente para poner todos los reflectores sobre Jonás y sus videos.
Las investigaciones, sin embargo, fueron desmintiendo una a una las aseveraciones en su contra. Los peritajes probaron que los tres videos eran tres tomas diferentes de un mismo evento, día y pago por 12 mil pesos, no 400 mil, y que las decenas de fotografías habían sido sacadas de los mismos videos. Los tres videos del mismo evento fueron filmados en el Casino Red, no en el Casino Royale, y la fecha de su toma no era el 30 de mayo sino el 19 de agosto.
Se probó también que el pago fue por la venta de productos alimenticios de origen oaxaqueño, que el Señor Sergio Gil, quien supuestamente estaba prófugo de la justicia, los compraba a Jonás a quien conocía por haber trabajado en la misma administración municipal de Monterrey del 2003 al 2006. Se acreditó que en total fueron tres pagos por 5 mil, 6 mil y 12 mil pesos, respectivamente; que los “fajos de billetes” eran pesos de baja denominación (cien y doscientos pesos), no dólares; que a Jonás se le pedía entregar los productos en las oficinas de Gil, sito en Edificio Avalanz, Colonia Valle Oriente de San Pedro Garza García, y cobrar en las instalaciones del Casino Red. De los tres pagos, sólo se filmó el último de 12 mil pesos el 19 de agosto. ¿Por qué?
Jonás estuvo arraigado 48 días, durante ellos ninguna de las líneas de investigación en su contra se pudo sostener. Al vencer el arraigo y no haber elementos para poderlo prorrogar, de la nada, como los videos y las notas, “surgió” una denuncia por chantaje que se integró aceleradamente y con ella Jonás fue finalmente consignado. A nadie importó, empezando por la autoridad encargada de procurar justicia, que la denuncia hubiese sido presentada por un prófugo de la justicia, formalmente dueño del Casino Red, nuestro conocido y misterioso Sergio Gil.
El prófugo Gil al fin mostraba la cara en este entuerto, denunciaba a Jonás de chantaje y sostenía haberle pagado un millón de pesos. Según Gil, Jonás se apersonó en el Casino Red el 15 de abril, día de la segunda clausura, junto con las autoridades municipales y le exigió un pago de 300 mil dólares a más tardar el 7 de mayo y 30 mil dólares mensuales de ahí en adelante para levantar la clausura al establecimiento.
Tomemos nota, ya no estamos hablando del Casino Royale, ni del 25 de agosto, ni de la muerte de 52 personas calcinadas, ni de la extorsión para no quemar el lugar, ni de la cuota de piso, ni del soborno periódico, ni de malvados cómplices, ni de fajos de billetes videograbados. Nadie registró el giro que tomaba el asunto, todos compraron el chantaje denunciado por un prófugo de la justicia.
El denunciante, sin embargo, no sabía que el 15 de abril de 2011, fecha del supuesto chantaje, Jonás no estaba en Monterrey.
Y aquí da otro salto mortal la historia, digno de estudio en las escuelas de periodismo. La discusión, que ya para entonces había derivado de los 52 muertos en el Casino Royal a chantaje en el Casino Red, pasó a falsificación de boletos de avión. En el pedir está el dar y el Ministerio Público, a petición del prófugo Gil, preguntó a Viva AeroBus si Jonás, bajo su nombre completo (nombres primero y segundo y apellidos paterno y materno), había viajado en cualesquiera de sus vuelos y destinos entre el 15 de marzo al 6 de mayo de 2011. Lógico, la contestación fue no, e, igual que los videos, “surgió” en nota del Staff al día siguiente bajo el título: “Falsea Jonás viaje a Oaxaca”. Hasta ese nivel de ignominia llevaron a la opinión pública en inducido olvido de 52 vidas humanas perdidas en el Casino Royale.
Cuando, a petición de Jonás, el Ministerio Público preguntó a Viva AeroBus con fechas, números de vuelos y reservaciones, orígenes y destinos, además de las listas de pasajeros correspondientes, apareció Jonás con su primer nombre y apellido paterno volando de Monterrey a Oaxaca el 4 de abril y de vuelta el 2 de mayo de 2011.
Además, las llamadas del celular de Jonás lo ubicaban en roming desde Oaxaca durante el mismo periodo de tiempo. Todas sus llamadas del día 15 de abril salieron de Oaxaca. Pero la inventiva del prófugo Gil no conocía límites y volvió a cambiar la narrativa. Ahora el acento lo puso en que el 23 de agosto, dos días antes del incendio en Casino Royale y de la tercera clausura del Casino Red, Jonás había llamado para amenazar con cerrar el lugar de no pagársele los montos exigidos y que el día 25, horas antes del incendio en Casino Royale y después de haber clausurado el Red, Jonás había llamado por el mismo teléfono celular a su hermano. Muy atrás, en el olvido sideral, quedaban los muertos; el tema era cómo dos hermanos osaban hablarse por teléfono ese día y a esa hora.
Cuando el prófugo Gil vio que su querella tampoco tendría destino, se desistió de ella, lo cual no fue obstáculo para que el Ministerio Público dictara el no ejercicio de la acción penal contra Jonás, absolviéndolo de todo cargo. Cabe subrayar que, si bien Jonás fue arraigado para investigarlo sobre el Casino Royale, no se le encontró nada que lo incriminara. Y si bien fue consignado por querella de chantaje al Casino Red, tampoco se le pudo acreditar ilícito alguno. Finalmente, en las largas investigaciones y juicios sobre el incendio en el Casino Royale jamás volvió a ser mencionado.
El daño, sin embargo, estaba hecho. El arraigo y la consignación estigmatizaron su nombre y honra, acabaron su peculio y quebraron su negocio. Públicamente era repudiado, un paria. No hubo nota alguna que informara su inocencia, que desmintiera la infamia. Regresó a la casa materna en Oaxaca. La depresión lo atormentaba y la desesperación le carcomía. Cayó en el trago y una noche se estrelló en su motocicleta perdiendo la tercera parte de la masa cerebral, muriendo en vida. Desde entonces su estado es vegetal, requiere asistencia las 24 horas y vive bajo el cuidado de su madre de 92 años.
En la nada quedó la renuncia subrepticia del Magistrado Solís Navarro, que Protección Civil del Estado autorizó la operación del Casino Royale el 5 de septiembre del 2007, antes de que el Ayuntamiento otorgara la licencia de uso de suelo y que las actas de visita de inspección al casino se mantengan bajo reserva de ley desde entonces; que el propio Director de Protección Civil declaró ante el Congreso del Estado que sólo revisó físicamente el establecimiento en una ocasión en ¡septiembre del 2007!, que en la cárcel hay 10 personas sentenciadas por homicidio calificado y agrupación delictuosa, y ninguno tuvo nunca relación alguna jamás con Jonás, que peritajes de la extinta Procuraduría General de la República determinaron que las instalaciones del Casino Royales no cumplían con las medidas necesarias de seguridad y, a pesar de ello, se exoneró a los funcionarios de Protección Civil del Estado y a los dueños del establecimiento. Que la masacre de 52 personas haya terminado caricaturizada en la historieta del “quesogate”.
Dos cabos sueltos persisten: ¿Qué llevó al prófugo Gil a salir de su madriguera para involucrarse de lleno en esta historia? ¿Qué a los medios a volcarse en su cobertura?
