24/Sep/2022
Editoriales

José Alvarado Santos

Uno de los grandes periodistas mexicanos, nacido en Lampazos Nuevo León fue José Alvarado Santos, producto de la unión del matrimonio formado por María de los Ángeles Santos Zuazua y José Alvarado, profesores ambos, egresados de la Escuela Normal de Monterrey . El 21 de septiembre de 1911 nació José, primer hijo del matrimonio Alvarado Santos.  Más tarde, su padre sería Secretario de la recién fundada Universidad de Nuevo León por El Dr. Pedro de Alba.

 Dedicó parte de sus conocimientos al periodismo, “Noble oficio cuando la mano de quien lo ejerce es limpia y el corazón valiente”, su obra está esparcida en conferencias, ensayos en diferentes épocas. Se inició en 1926 en la Revista Estudiantil de Monterrey, fundó la Revista Barandal, Taller, Romance, Letras de México y Tierra Nueva. Colaboró también en periódicos y revistas como “El Nacional”, “Excélsior” (“Apuntes al vuelo”), “El Día”, “El Popular” y los de la Cadena García Valseca. En los periódicos fue reportero, editorialista, columnista, cronista taurino y de cine, reportero policiaco, reportero de guerra en Medio Oriente. En revistas, son memorables y dignas de coleccionar, sus crónicas por años en la Revista Siempre.

 Podemos decir que José Alvarado fue un combatiente infatigable, desde la cátedra hasta en la lucha por la autonomía universitaria de 1929 donde cultivó amistades para toda la vida como Alejandro Gómez Arias, quien pronunciará la oración fúnebre, Salvador Toscano y otros que continuaron desde la trinchera periodística.

 Testigo crítico y observador incansable del diario acontecer de los movimientos mundiales, también se convirtió en un cronista de la Ciudad de México, desarrollando temas cotidianos como la creación del Metro hasta las raras coincidencias; en plena Calzada de los Misterios donde habitaba un personaje vendedor de carnitas al que apodaban “el chiflaquedito” cuyo nombre de pila era Epifanio Corcuera. La casualidad era que por la calle Niño Perdido vivía un vendedor de fierro viejo al que llamaban el “Chompira “Escandón . Juntos acudían a la pulquería “ El Triunfo de los Dioses” que administraba el “Valedor” Lascuráin. Allí, con sus respectivos apellidos se reunían a beber pulque, como correspondía a la condición de su alta alcurnia.

 Amigo entrañable y compañero en el Colegio Civil del Maestro Raúl Rangel Frías que de José Alvarado se expresaba, “ Un hombre, un mexicano, el joven de Monterrey que tuvo en una misma línea la flaqueza y el honor de vida y muerte; un héroe de su tiempo, altivo, sentimental, jovial y colérico, alucinado por una emoción del paisaje mexicano y la alegría de su pueblo. Y siempre pobre, honesto y generoso”.

 Nunca se olvidó de la Universidad de Nuevo León de la que fue Rector, ni del Colegio Civil. De ese afecto, rescato el fragmento de una carta enviada al Maestro Francisco M. Zertuche (“Luces de la Ciudad” Editorial Alfonso Reyes):  “Han hecho todos ustedes una Universidad alegre y elegante, viva y plena de luz: esa misma que yo soñé en mi adolescencia cuando vagaba por los corredores del Colegio Civil. ¿Cómo quiere usted que me haya sentido al verme habitante del mundo de mis sueños, sin merecerlo? Creció el árbol de mis afectos que llevo dentro; creció mi admiración y mi cariño hacia ese hombre espléndido que es nuestro Rector y siento aumentar mi amistad hacia ustedes todos; me noto cada vez más hijo de esas aulas que ustedes han ennoblecido, sin más mérito para mí que su presentimiento. Muchas gracias a todos, a usted, a Alfonso Reyes A., y a ese grupo de muchachos que tienen una juventud como debió haber sido la mía. Mucho les debe mi corazón“.

 Vale la pena recordar a José Alvarado , un distinguido nuevoleonés, ahora que cumpliría 111 años y que él mismo día de su cumpleaños sufriría un accidente en su domicilio que le costó la vida dos días después, el 23 de septiembre de 1974.