21/Jul/2024
Editoriales

En el Barrio Aztlán se vive bien

Tuve la hermosa experiencia de ser diputado por el Primer Distrito del Estado, que se ubica en el noreste de Monterrey. Representar a la gente que vive en un centenar de colonias de ‘todos colores y sabores’ como Fomerrey 35, Mirasol, El Porvenir, Las Torres, San David, José María Morelos, Arcos del Sol, Moisés Sáenz, Ramos Arizpe, Barrio del Parque, Fraccionamiento El Rosario, San David, y muchas otras fue, además de un honor, un curso intensivo de conocimiento de mi ciudad, pues el Monterrey clásico ahora es casi solo un atractivo turístico por haberse despoblado, quedando en él sólo 22 mil de un total de un millón 140 mil habitantes.

Se tiene la esperanza de que esta administración municipal comience a repoblarlo, con el programa Revive el Centro, que comprende cinco ejes y 15 proyectos estratégicos.     

Para hablar de El Barrio Aztlán, que es mi tema, debo hacer algunas referencias históricas, porque luego de décadas de desorden urbanístico donde el crecimiento de la ciudad era marcado por dos polos opuestos: fraccionamientos de alto nivel urbano para clase media y alta, y las invasiones de terrenos para los migrantes, sobrevino una crisis que requería un nuevo modelo de desarrollo urbano mediante el cual las familias desfavorecidas accedieran a una vivienda.

Ante esto, el gobernador Luis M. Farías, en el año de 1973 -momento coyuntural cuando en marzo naciera Tierra y Libertad-, creó Fomento Metropolitano de Monterrey, FOMERREY y el Ayuntamiento de la Ciudad intentaba legalizar los predios irregulares. Sin embargo, las nuevas invasiones superaban por mucho las capacidades de los órganos públicos para ordenar la creciente población.

El gobernador Zorrilla aterrizó en 1974 este proyecto regularizando a 18 uniones de posesionarios y reacomodando legalmente a mil 630 familias durante el primer año. El gobierno federal, por su parte, echó a volar sus instituciones Infonavit, Fovissste, Indeco y Corett, que algo realizaron también en aquel tiempo. 

El gobernador Martínez Domínguez implementó el programa Tierra Propia que mucho avanzó en el problema, aunque en ese sexenio se atacaba de fondo muchos otros problemas, y mientras llegaba el agua de Cerro Prieto no podía reubicarse a todos, como quería Don Alfonso.  

Fue hasta la década de los años noventa del siglo XX, cuando el gobierno de Sócrates Rizzo formuló el primer gran proyecto de ordenamiento del crecimiento urbano: Ciudad Solidaridad.

Este concepto nunca fue una mega colonia, sino una ciudad formada por barrios, cada uno con vocación distinta. El terreno de Ciudad Solidaridad, fue cedido al estado por la federación, con la etiqueta exclusiva para construir vivienda popular. 

El 4 de octubre de 1993, el Congreso del estado desafectó, mediante el decreto 196, las 800 hectáreas en favor de un fideicomiso cuyos objetivos eran los mencionados de programas habitacionales, usos comerciales, industriales, de servicios y equipamiento social.

Entre las avenidas Abraham Lincoln, Luis Donaldo Colosio, Lado de los Esclavos y Ocaso, al poniente de Monterrey, cerca de la línea limítrofe con el municipio de García, se edificó Ciudad Solidaridad con viviendas, centros comerciales y de entretenimiento.

Hoy día, el área de Ciudad Solidaridad está integrada por cerca de 32 barrios y colonias, uno de estos, de los originales, es el Barrio Aztlán, construido en un predio que era parte del ejido Monterrey y algunos predios particulares que el gobierno federal adquirió.

El Barrio Aztlán se construyó con todos los servicios, infraestructura y equipamiento, formando parte de una ciudad dentro de otra. En este Barrio se asentaron cientos de familias en forma planeada y organizada, sin ser una carga adicional a la gran ciudad de Monterrey.

Esto significa que el Barrio Aztlán nació organizado, y ese modelo debiera ser replicado en otras partes, para que el gigantismo urbano no se trague los pequeños desarrollos que proliferan y que haya espacios para vivir sin necesidad de estar siempre arriba de un autobús o de un auto para acceder a satisfactores indispensables.