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El yoga de la transformación llega a los penales de México

Mí‰XICO - El yoga, una práctica que en occidente ha ganado gran popularidad en los últimos años, ha salido de los salones y gimnasios de las áreas privilegiadas de las ciudades para llegar a lugares inesperados.

La maestra argentina de origen inglés Ann Moxey, junto a su Fundación Parinaama, es pionera de este esfuerzo en América Latina, y ha logrado llevar el yoga a reclusorios, centros de rehabilitación, orfanatos y hospitales.

Durante varios años Moxey, quien también es periodista, psicóloga y tanatóloga, trabajó como corresponsal de guerra para diferentes medios internacionales, experiencia que ella considera la convirtió en una adicta a la adrenalina y presa del estrés.

Debido a esto, inició las prácticas de meditación que la llevaron a conocer el yoga. Su interés en esta disciplina creció y se certificó como maestra de distintos estilos hasta fundar Parinaama.

Del sánscrito "pari", que significa abrazo, y "nama", que quiere decir ofrenda, Parinaama es el yoga de la transformación.

Fí­sicamente aporta salud, fortaleza, equilibrio y es un primer acercamiento con la meditación, la puerta de entrada a la serenidad y compasión por uno mismo, algo que se debe generar si se quiere sentir compasión por los demás, afirmó Moxey.

La práctica de Parinaama genera, además, neurotransmisores como la serotonina para combatir la depresión, la anandamida para generar un sentimiento de felicidad, serenidad y calma, y ayuda a nivelar los niveles de dopamina.

La primera experiencia de Moxey impartiendo yoga en un penal fue en el Centro de Reinserción Social de Atlacholoaya, en Morelos (centro).

Su experiencia como periodista y sus años de infancia en un internado inglés en Argentina, le ayudaron a generar la empatí­a y aceptación que sintieron hacia ella sus primeros alumnos, internos que en varios casos también tení­an una historia de adicción.

Al conocerlos por primera vez ganó su interés con la frase "Aquí­ les traigo la llave para su libertad".

Desde entonces, el esfuerzo se expandió a penales en la Ciudad de México (centro), Chihuahua (norte), Monterrey (norte) y Morelia (centro), así­ como a Argentina y Uruguay, paí­s donde logró que en la cárcel de Punta de Rieles los internos construyeran un salón para su práctica.

Varios maestros voluntarios trabajan en el proyecto visitando distintos reclusorios y centros de rehabilitación semanalmente; sin embargo, parte del proyecto es también capacitar a los mismos internos para que ellos impartan clase a sus compañeros.

En Atlacholoaya, Moxey conoció a Fredy Dí­az Arista, un interno que a los 26 años de edad habí­a recibido una condena de 10 años.

Dí­az asistió a su primera clase por invitación de otro interno, por curiosidad. El momento en el que supo que el yoga era su camino fue cuando mediante la práctica se dio cuenta de que "aunque estaba preso, era libre".

Poco a poco, de la mano de Moxey, su práctica llegó al nivel en el que pudo impartir clase a sus compañeros. Gracias a su buena conducta, su interés en diversos talleres y práctica de yoga, Dí­az logró reducir seis años su sentencia.

Al dejar Atlacholoaya, Dí­az siguió aprendiendo e impartiendo yoga en distintos lugares. Actualmente lo hace en la Comunidad de Diagnóstico Integral para Adolescentes (CDIA) y en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente, en la Ciudad de México.

Dí­az afirmó que pensaba que jamás llegarí­a a los 30 años, ya que la vida que llevaba, su cí­rculo de amigos y sus decisiones lo hací­an sentir como un barco a la deriva, como una persona que estaba cavando su propia tumba, estancado y enojado con la vida.

Los alumnos de Dí­az en la CDIA, todos adolescentes, contaron que les atrajo esta práctica debido a que pueden ejercitar su cuerpo y al mismo tiempo aprender a relajarse, a lidiar con el estrés, la tristeza y el enojo.

Aseguraron que al salir también desean compartir esta disciplina con sus familiares y conocidos, como es el caso de Joel, de 17 años, quien dijo que "el yoga es tiempo para ti, para relajarte, igual que un toque (de marihuana), pero sin lo malo".

La directora de la CDIA, Cynthia Rosas Rodrí­guez, aseguró que esta institución pública del gobierno de la Ciudad de México trabaja para reinsertar en la sociedad a jóvenes menores de edad, mediante un programa personalizado.

Dicho programa incluye talleres, sesiones con psicólogos y trabajadores sociales y la posibilidad de continuar sus estudios, además de ayudarlos a desarrollar habilidades y conocimientos para el futuro.

Una de estas actividades es el yoga, que se incluyó debido a que su práctica fomenta en los jóvenes la reflexión, la tolerancia a la frustración, el trabajo en equipo y la comprensión de que se puede trabajar por un bien común.

Sin embargo, Rosas Rodrí­guez aclaró que una actividad por sí­ sola no puede lograr toda la rehabilitación, es el conjunto de buenos hábitos y prácticas diarias lo que ayuda a conseguir ese objetivo.

Al preguntarle a Moxey por qué es importante llevar el yoga a penales, explicó que quien se siente separado y excluido difí­cilmente cambiará sus hábitos.

Moxey nos recordó que no debemos ver a personas que están en una situación de consumo de drogas o de internamiento en una institución como "nosotros y ellos", ya que en cualquier momento todos podemos estar en ese lugar.

"Uno siempre puede reinventarse, lo tengo comprobado yo, pero se necesita mucha, mucha disciplina, que es la que nos da el yoga", aseguró.