23/09/2018
Editoriales

El pantalón Vaquero

En los siglos XVIII y XIX se fabricaba en Génova, llamada Genes por los franceses, una tela de algodón rústico para ropa de marineros y campesinos, ese es el origen del nombre “jeanes”, que con el tiempo se les conocería a los pantalones vaqueros. 

En 1850 llegó a San Francisco, California, que recién había dejado de pertenecer a México, un sastrecillo judío de 17 años de edad llamado Levi Strauss, atraído por la famosa “fiebre del oro”. 

Este joven se dedicaba a vender lona para tiendas de campaña y toldos de carreta, pues los gambusinos abundaban y esos productos tenían demanda. Pero Levi vio que estos señores compraban muchos pantalones porque su trabajo se acababa la tela, confeccionó con un retazo de tela que él vendía (lona) algunos pantalones que si bien eran ásperos y rígidos –tanto que se quedaban parados solos en el suelo-, eran resistentes y el secreto es que el sastrecillo los cortaba con un estilo bonito. 

Pegaron tanto esos pantalones que en ese mismo año de 1860 sustituyó la tela por otra poco más fina: la sarga de Nimes, pero Strauss la tiñaba de azul añil, pues el añil se producía en México. El caso es que gustaron más los pantalones, porque al lavarse se desteñían y dejaban caprichosos calveros blancos con el uso.  Su fabricación era sencilla, pues tras sumergirlos en un abrevadero, los tendía al sol para que encogieran. Tenían el problema sus primeros pantalones vaqueros de que su peso era excesivo y se abrían las costuras de los bolsillos, para lo cual Strauss copió de otro judío, Jacob Davis, el remache de cobre en las costuras de cada bolsillo y en la base de la bragueta para que no se abriera la entrepierna. 

Sí solucionó ese problema pero creó otro: como no se usaba aún la ropa interior, cuando los mineros se ponían en cuclillas frente al fuego, el calor calentaba los remaches y quemaba la delicada zona del cuerpo que le correspondía anatómicamente. Eso hizo que el remache ya no se pusiera en esa parte, conservándose los demás hasta 1935. En ese tiempo el pantalón vaquero comenzó a usarse hasta para los niños pero los remaches estropeaban los pupitres escolares con el roce normal. 

Así se le quitaron al pantalón vaquero los remaches del bolsillo trasero, que era los que rozaban los asientos. Luego llegó en ese mismo 1935, la revista Vogue que puso en portada una fotografía de dos mujeres de la alta sociedad vestidas con ajustadísimos pantalones vaqueros y se puso de moda la llamada “moda chic del oeste salvaje”. Y hasta la fecha siguen siendo una prenda para todos los niveles sociales, aunque últimamente algunos novedosos les ponen remaches de metal e incluso piedras de fantasía en las bolsas traseras porque dicen que las chicas se ven muy sexis. El tal Levi Strauss no imaginó que su idea revolucionaría la moda en el mundo.