15/Sep/2019
Editoriales

La rebelión de los boxers en China

A finales del siglo XIX se constituyó en el noroeste de China la sociedad política secreta Yi He Tuan –Puños de justicia y Concordia- que buscaba la expulsión de los extranjeros. Quienes pertenecían a ella adoptaron rituales de artes marciales y estaban convencidos que eran invulnerables a las balas. Su lucha era contra extranjeros, en especial contra los misioneros así como contra los chinos convertidos al cristianismo, pues esta religión iba creciendo rápidamente en ese enorme país asiático. Iniciaron una protesta anti occidental contra personas y bienes extranjeros, aunque la emperatriz Tze Hsi los apoyaba discretamente. Ella habló con varios gobernadores provinciales para que apoyaran a Los Boxers y así creció la revuelta dándose un baño de sangre con un saldo de 231 europeos asesinados y miles de chinos cristianos. 

Los Boxers entraron a Pekín en mayo de 1900, lo que provocó que llegaran 2100 soldados occidentales a proteger la línea del ferrocarril que unía a la Capital con la ciudad de Tianjin. Hasta que se nombró a un príncipe xenófobo como ministro de Asuntos Exteriores se evidenció que el Gobierno chino estaba detrás de la revuelta. Ya en un plan más abierto, los Boxers instaron a los extranjeros a que se fueran de Pekín, so pena de muerte. Los extranjeros se refugiaron en la zona diplomática y reunieron un grupo de 500 hombres para defenderlos, de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Japón, Rusia, Alemania e Italia. El 20 de junio fue asesinado el embajador alemán y de inmediato la emperatriz declaró la guerra a las potencias ocupantes. Como era de esperarse, una fuerza internacional ocupó la Ciudad y la emperatriz tuvo que huir, mientras que la Coalición internacional empezaba una terrible represión. Este problema bélico culminó con la firma de un Protocolo en 1901 entre China y las potencias extranjeras. En él se plasmó una indemnización de 333 millones de dólares –que en esos tiempos era una fortuna enorme- además de que se quedó un ejército en Pekín y la sumisión de China ante el grupo de países aliados aumentó más. Por ejemplo, Rusia expandió su influencia en Machuria generando la Guerra ruso-japonesa de 1904, misma que hizo crecer la pérdida de confianza popular en la dinastía Qing, provocando la Revolución china. Ciertamente los chinos perdieron en todo este movimiento, pero el resentimiento acumulado les llevó durante el siglo XX a fortalecerse no sin cruentos hechos de armas y actualmente China es una de las tres grandes potencias mundiales.