23/Oct/2020
Editoriales

La tarea del cronista

Los más grandes reconocimientos se dan a personas que destacan en actividades que cualquiera puede hacer, como correr, cantar, declamar, boxear o jugar fútbol; es decir, a quien descuella en algo aparentemente sencillo. Es obvio que a quienes destacan en actividades especializadas en la ciencia, tecnología y otras, se les reconoce, pero sólo una pequeña parte del pueblo siente suyo esos triunfos.

No se comparan los reconocimientos populares a los artistas y deportistas exitosos con los otorgados a los grandes científicos. Mucha más gente se emociona con un cantante popular famoso, que con un científico que alcanzó el Premio Nobel. Todos perciben que pudo haber sido alguien de su familia el exitoso, pues todos hemos practicado, aunque sea a solas, algunas actividades artísticas o deportivas. 

Tal es el caso de los cronistas, cuya actividad de una u otra forma, todo mundo practica a su manera. Cualquiera se entera de los hechos notables, grandes o pequeños; toma nota de lo sucedido, de los actos del gobierno, de la descomposición social, del éxito de un amigo, y de los hechos que hacen la historia cotidiana. 

Incluso algunos escriben en una libreta lo trascendental, como el nacimiento de sus hijos, la muerte de sus padres, o el incendio ocurrido a dos cuadras de su casa. Esa crónica, aunque sea un relato modificable por el interés del compilador, siempre es parte de la verdad que termina brotando con el paso del tiempo. 

Sin embargo, la diferencia entre esas personas y un cronista es que éste no distingue entre las pequeñas y las grandes cosas, pues sabe que las cosas pequeñas no existen; todos los hechos son importantes. Un cronista escribe todos los días aquello que en su criterio es interesante, y gracias a las crónicas sabemos hoy de la locura que al final tuvo Nietzche; o de la paternidad del cura Miguel Hidalgo, por dar un par de ejemplos.

Hay crónicas de hechos in – ocultables, como la de Eróstrato incendiando el templo de Artemisa, escrita a pesar de la prohibición gubernamental de pronunciar su nombre. Porque un cronista entiende que algunos hechos de ser in – ocultables, pasan a ser      a - notables y entiende que el pasado es factor determinante para el futuro.

Nuevo León ha tenido a grandes cronistas como José P. Saldaña, Celso Garza Guajardo e Israel Cavazos Garza, a los que se les ha reconocido merecidamente. Pero la obra que nos legaron, sus crónicas históricas y cotidianas, debieran re editarse para que lleguen a más gente, porque estos maestros reflejan en sus textos lo que todos hemos querido escribir de lo sucedido en nuestro entorno.