20/Jun/2024
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Noviembre 27 de 1985: el transbordador Atlantis de la NASA –lanzado en Cabo Cañaveral- coloca en órbita espacial al satélite Morelos II, construido y puesto a funcionar por el grupo Hughes, con la asistencia del primer astronauta mexicano, ingeniero Rodolfo Neri Vela. En agosto de 1988, este satélite, propiedad de nuestro país, que costó 300 millones de dólares, comenzó a operar en órbita inclinada. Durante toda su trayectoria fue controlado desde México por un equipo de ingenieros mexicanos, quienes lograron alargar su vida útil, pues su diseño permitía que diera servicio hasta 1996, pero se consiguió que trabajara hasta 2004, año en que se le agotó el combustible y se convirtió en basura espacial. Su antecedente fue el satélite Morelos I, lanzado el 17 de junio de 1985, también por la misma empresa Espacio y Comunicaciones Hughes, entrando a dar servicio el 17 de diciembre de 1985, y que terminó como todos los de su especie, siendo basura espacial.

En mayo de 1991, aparece el sistema Solidaridad –obvio que el presidente era Carlos Salinas- sustituyendo al sistema Morelos, mismo que contrata con la mencionada empresa internacional, otro paquete satelital, que incluye un nuevo centro de control en Hermosillo, sumado al existente en Iztapalapa. Este sistema también tuvo a servicio de México dos satélites: Solidaridad I, lanzado de la Guyana francesa el 19 de noviembre de 1993, pero que, debido a una falla en 1999, se perdió totalmente en el año 2000. Después, en octubre de 1994 se lanzó Solidaridad II, que dio servicio hasta 2015. En estos tiempos actuales donde el espacio es el “campo para sembrar” los avances tecnológicos, es necesario que nuestro país siga invirtiendo en este tipo de proyectos, hasta que algún día, siguiendo los avances en la aeronáutica, se pueda fabricar un satélite ciento por ciento   mexicano, pues existe el talento entre el gremio ingenieril, sólo falta la decisión de iniciar un programa a mediano plazo con la cooperación de las universidades mexicanas, que hay algunas realmente muy competitivas a los niveles internacionales como son el ITESM y la UANL, además desde luego, de la UNAM y del IPN.