20/Jun/2024
Editoriales

Abril 20 de 1943, se reúnen en Monterrey los presidentes Manuel Ávila Camacho y Franklin D. Roosevelt.

Abril 20 de 1943, se reúnen en Monterrey los presidentes Manuel ívila Camacho y Franklin D. Roosevelt. El gobernador Bonifacio Salinas Leal y el alcalde de Monterrey, Constancio Villarreal, coadyuvaron con el ejército para organizar el evento. El marco era delicado pues cinco años antes (1938), el presidente Cárdenas habí­a nacionalizado la industria petrolera que era inglesa y estadounidense, y sus naciones organizaron un boicot mundial al petróleo mexicano. Pero EUA entró a la 2ª. Guerra Mundial y México rompió con el Eje, abriéndose la posibilidad de vender el valioso recurso a los aliados en vez de a la Alemania Nazi.

Tras el ataque nipón a Pearl Harbor -en diciembre de 1941- Estados Unidos necesitaba aliarse con su vecino del sur y requerí­a mano de obra para el campo, pues sus jóvenes partirí­an al frente de guerra. México –por su parte- necesitaba: disminuir el desempleo abierto, compradores para sus productos primarios, y vender petróleo.

El antecedente no ayudaba mucho, pues Cárdenas habí­a vendido petróleo en 1938 a la algodonera alemana Behr & Co., que lo pasaba a Eurotank de Hamburgo, que a su vez lo reenviaba a la Marina nazi. Hermann Goering –personalmente-, operó la compra de combustible mexicano, y el secretario de Hacienda, Eduardo Suárez, fue su conducto. Georg Adolf Hertslet vino a amarrar el convenio en julio de 1939, a dí­as de iniciarse la Segunda Guerra Mundial.

Por cierto, Herstlet fue luego de la derrota de Alemania, enjuiciado el 12 de julio de 1945 en Ní¼remberg. El primer pedido nazi a México fue de 300 mil tons. de petróleo, después otro de un millón 700 mil tons. en 1939, y así­ sucesivamente. Claro, los nazis explotaban el anti americanismo derivado de la invasión de 1846, y lo atractivo de su dictadura para las corrientes empresariales mexicanas anti revolucionarias; se viví­a en México una germanofilia velada. Y la reunión de los dos presidentes fue en Monterrey porque era un enclave nazi: Moebius, Holck, Rock, Bremer, Lammers, Stein, Langstroth y otras familias operaban para la causa de Hitler.

Sin embargo, submarinos alemanes habí­an hundido a dos buques petroleros mexicanos, dato oficial pero no comprobado cientí­ficamente por falta de tecnologí­a. Regresando a la visita, el domingo 18 de abril llegó el presidente ívila Camacho y su esposa Soledad Orozco. Desfilaron por las calles de la ciudad y repicaron las campanas de las iglesias. Las fábricas sonaron sus silbatos y de los edificios se lanzó confeti, flores y serpentinas. El martes 20 de abril, a las 16: 15 horas, en un convoy de 14 carros del ferrocarril escoltado por otro tren explorador, viajando en el último vagón, blindado y sin emblemas, Roosevelt y su esposa Eleanor arribaron a la estación del ferrocarril de Monterrey. El público no tuvo acceso, sólo la prensa y algunos funcionarios como: El Presidente; Miguel Alemán, secretario de gobernación; Ezequiel Padilla, secretario de Relaciones; Marte R. Gómez, secretario de Agricultura; el gobernador de NL, Bonifacio Salinas; y el subsecretario de defensa, Francisco L. Urquizo.

Los presidentes se trasladaron en auto descubierto rumbo al Palacio de Gobierno donde hubo un desfile de 45 minutos y a las 17 : 25 salieron rumbo a la ciudad Militar. Allí­ comieron y dieron discursos. ívila Camacho habló del respeto y unión de los dos paí­ses. Roosevelt de la no intervención y la ayuda que EUA necesitaba de México contra los enemigos de la libertad: Alemania, Italia y Japón.

Ahí­ mismo se reunió con ciudadanos norteamericanos y funcionarios del consulado. Y a las 22:32 horas los presidentes subieron a un tren que les llevó a Corpus Christi. En Monterrey hubo buenas secuelas; la industria y el comercio se orientaron al abasto de materias primas y productos semi manufacturados para EUA. Se crearon estí­mulos al capital extranjero y Nacional Financiera se aplicó al financiamiento de industrias básicas nuevas en: siderurgia, artí­culos eléctricos y fertilizantes principalmente, para sustituir importaciones.

Se suscribió el programa de braceros mexicanos y más de 300 mil trabajadores de todo el paí­s se trasladaran a Estados Unidos a laborar en el campo, en ferrocarriles y en la industria. Se permitió que ciudadanos de un paí­s residentes en el otro, se enrolaran en el ejército respectivo, de modo que 14 mil 449 mexicanos combatieron bajo la bandera norteamericana; y el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana participó en la guerra en el Pací­fico.

Se firmó el Convenio del "buen vecino" para que México pagara 40 millones de dólares por las reclamaciones por la revolución y se estudiaron las indemnizaciones de las empresas petroleras expropiadas. Se suspendió el boicot comercial al petróleo, cesaron las presiones diplomáticas y se reanudaron las exportaciones de plata, se cancelaron casi todos los intereses de la deuda externa mexicana y se negoció por primera vez, un trato justo para los braceros.

En nuestra ciudad, hace 73 años comenzó el acuerdo económico más productivo que México ha tenido y que nos permite a los ciudadanos de ambos paí­ses comerciar, viajar y establecerse de ambos lados de la frontera. La amenaza de guerra y la mala voluntad vienen de nuevo del norte, el costo económico y social de esas tendencias perjudicará a ambas patrias. Serí­a un retroceso histórico que un fanático como Trump destruyera la buena relación que en Monterrey instauraron hace 73 años ívila Camacho y Roosevelt.