24/Sep/2022
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Septiembre 23 de 1846: la invasión norteamericana a la Ciudad de Monterrey se acercaba rápidamente al desenlace y las familias regiomontanas sentían coraje, incertidumbre y temor. Desde temprano se notaba el avance de las tropas de Zachary Taylor,  y como el defensor Pedro de Ampudia había instruido a las fuerzas mexicanas que se replegaran en el centro de la ciudad, por las casas se veían pasar sólo a soldados norteamericanos avanzando con ese rumbo. Aunque la realidad era que los invasores temían no poder soportar una pelea larga pues el pueblo comenzaba a atacarlos con lo que pudiera; los defensores tenían un solo reducto y la lucha era casa por casa; los invasores avanzaban lentos pero seguros.

Las tropas mexicanas se apostaron en las azoteas de las casas cercanas a la Catedral desde donde disparaban por lo que Taylor dio la orden de hacer lo propio. Una parte del combate era desde las alturas por lo que Worth atacaba con mortero desde el poniente de la Ciudad, evidenciando que era un pleito desigual, por la capacidad de fuego de los extranjeros. Tomar el control del centro de la Ciudad era objetivo principal de los estadounidenses, y en este día la lucha fue más cruenta de soldados contra soldados y también de civiles contra invasores. Del cerro del Obispado bajó un regimiento de Worth, y Quitman avanzaba con el suyo rumbo a la Catedral. La estrategia usada por los invasores fue de horadar las paredes de las casas del actual Barrio Antiguo, para no ser blanco de los tiradores mexicanos. A media mañana aparece la figura heroica de Josefa Zozaya, quien arengaba a los mexicanos y los abastecía de municiones, invitándolos a subirse a la azotea de su casa desde donde hubo muchos disparos en contra de los norteamericanos. Worth instruyó a sus tropas que instalaran artillería pesada para bombardear la zona de conflicto, que era el último reducto de los mexicanos. Y esos equipos norteamericanos estuvieron toda la noche disparando por lo que los regiomontanos no durmieron pensando cómo terminarían al final, presentían que los invasores se saldrían con la suya, pero quedaba una esperanza cuando se escuchaban también el accionar las metrallas nacionalees en las inmediaciones de la Catedral. Esos estresantes momentos fueron inolvidables para quienes testificaron la Batalla de Monterrey…