23/May/2024
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Febrero 12 de 1795: Nace en Monterrey José Valentín Raimundo Canalizo Bocadillo, quien sería el único presidente de la República originario de nuestra Ciudad. Viviendo aún su pubertad, Valentín Canalizo fue a Querétaro para acercarse a su tío el general José Rafael Canalizo y ahí se inició en la carrera militar, pues resultó bueno para las armas. A los veintiún años, en 1816, ya era subteniente y casi de inmediato le nombraron teniente. Se sumó al Plan de Iguala en 1820 formando parte del Regimiento de Celaya, y marchó con Iturbide a la Ciudad de México. Una vez consumada la Independencia, nuestro paisano fue nombrado coronel, y en febrero de 1823 se incorporó al Plan de Casa Mata con Antonio López de Santa Anna en contra de Iturbide quien tiempo después abdicó. Pero por diferencias con el presidente Guadalupe Victoria, Canalizo se retiró del ejército, y en 1829 se reincorporó. Nuestro paisano fue teniente de gobernador del Estado de México en el año de 1831 y fue uno de los que avalaron -a solicitud de Bustamante-, la sentencia de muerte de Vicente Guerrero. Estando ya vinculado abierta y amistosamente a Antonio López de Santa Anna, en octubre 4 de 1843, Su Alteza Serenísima lo dejó de encargado de la Presidencia de México, sitial en donde se desempeñó hasta el 4 de junio de 1844, que regresó Santa Anna a gobernar. 

Sin embargo Santa Anna, de acuerdo a su estilo político de gobernar - retirarse y regresar a gobernar, de nuevo lo hizo presidente interino de México el 7 de septiembre de 1844, pero como al mismo tiempo asumió el mando en la Guerra de Texas, estuvo en su lugar José de Joaquín Herrera, y fue hasta el día 21 de septiembre cuando Canalizo regresó a la capital y prestó juramento ante el Congreso por lo que está registrado que fue presidente de México en dos ocasiones. Desde luego que su jefe real siempre fue Santa Anna, quien le encargaba hacer la tarea sucia como cobrar impuestos ridículos y luego desaparecer por decreto presidencial el Congreso Nacional.

Así que cuando en febrero de 1845, un año antes de la invasión norteamericana, el Gran Jurado del Congreso declaró culpable a López de Santa Anna por atentar contra el orden constitucional, Canalizo fue juzgado por apoyarlo, y preso en San Juan de Ulúa, para de ahí partir al exilio. 

La vida de Canalizo es novelesca, pues a pesar de ser el único presidente regiomontano, murió en febrero 20 de 1850 a la edad de 55 años, en forma muy triste pues nadie lo mencionó -ni yéndose a mejor vida- y terminó con la tristeza de su soledad, acaso con sus hijos Antonio y Vicente Canalizo, pues su esposa María Josefa Benita Dávila había muerto años antes.