29/Jun/2022
Editoriales

En las masacres escolares las armas no se disparan solas

Necesitan al tirador ( The shooter o The Sniper de la película de Bradley Cooper),que motivado por alguna razón emocional, ideológica, cultural o de adoctrinamiento, decide disparar y matar a varias personas consciente de que muy probablemente morirá, pero su motivación anula el miedo a la muerte que es común a cualquier persona. Por supuesto, esa motivación puede ser también política o racial, y pudiera estar disparando contra grupos que considera adversarios o una amenaza para su comunidad o su país. Sin embargo, en los 213 matanzas (tiroteos, como les dice la prensa norteamericana) que ya van en este año 2022 en los Estados Unidos y  en las 693 que hubo el año pasado; la motivación fue “inexplicable”, como le llamó el gobernador de Texas a las razones del joven Salvador Romo, para matar a 19 niños con su rifle de asalto AR-15 el martes  pasado, igual que lo han hecho muchos otros jóvenes en las masacres anteriores, pero que comparten, eso sí, su afición a los juegos de video violentos, como Fortnite y Call of Duty, a los que era aficionado el joven de Uvalde Texas, una pequeña población de ese estado, parte del “cinturón de la biblia”, donde dominan culturalmente las iglesias evangélicas, en medio del trabajo duro, la pobreza y las polvorientas calles sin pavimento como en otros estados del sur de EU. Por supuesto, como lo reporta The Guardian con gráficas y datos, siempre que hay una masacre aumenta la exigencia de prohibir el uso de armas y de regularlas. Esta vez fue el propio Joe Biden quien llamó a prohibir la portación en público de esas armas como el AR-15 y a declarar que “la segunda enmienda de la Constitución no es absoluta”.  Los diferentes medios han centrado el debate en este tema: Se tiene que prohibir y regular el uso de armas y culpan a los republicanos de negarse a apoyar esa medida. También la Asociación Nacional del Rifle, dedicada a la defensa del uso y portación de armas para todos los norteamericanos, ha sido muy atacada en estos días. Nadie habla de la cultura de la muerte y las masacres que se transmite en los juegos de video y el cine  y su enorme industria. Cientos de miles niños y jóvenes, y otros no tan jóvenes, sufren una adicción a esos juegos diseñados con tecnología militar para “desensibilizar” ante la muerte y la sangre. Esa cultura, abonada también por bandas de rock pesado que promueven lo mismo, es lo que, sin duda, llevó a Salvador Ramos y también a un joven regiomontano en enero de 2017, y a un adolescente en Torreón en 2020, a disparar contra sus condiscípulos en sus escuelas o en otras cercanas. No somos ajenos a esa cultura y miles de niños y jóvenes de NL u otros estados de nuestro país, sufren la misma adicción. ¿No le cree usted? Pregúnteles a sus papás;  pero hágalo discretamente para que no se nieguen a reconocerlo por vergüenza por no poder evitarlo.