13/Apr/2024
Editoriales

¿Qué crees que pasó?

Febrero 28 de 1525: Tortura y mata Hernán Cortés al huey tlatoani, máximo gobernante de México – Tenochtitlan, Cuauhtémoc, en la aldea Izancanac, Tabasco. Algún autor dice que la muerte de Cuauhtémoc no fue allí, sino en Acallan, Campeche, sin embargo, como si fuese un asunto democrático, me inclino por la primera tesis porque son más los autores que así lo han escrito. Lo cierto es que todos coinciden que la muerte del último emperador mexica fue al mismo tiempo que la de los señores de Tacuba y de Texcoco, que se llamaban Tetlepanquetzal y Coanacoch, quienes eran prisioneros de guerra del conquistador extremeño. Entre los españoles, los rumores    -defecto que nos heredaron- eran consuetudinarios, y entre estos europeos se decía que había un plan secreto entre los indígenas para darle un escarmiento a Cortés, quitándole todo lo que él les había arrebatado, y que todos los grupos de aborígenes coincidían en que el elegido para conducirlos al triunfo era el jerarca azteca, Cuauhtémoc. Por eso Hernán Cortés fue presa fácil del rumor, pues en el fondo envidiaba el valor sereno del príncipe azteca, también su habilidad en las artes marciales, pues lo había visto pelear en el campo de batalla defendiendo Tenochtitlan, pero además, también estaba sumamente impresionado debido a que por más que lo torturaban (a Cuauhtémoc), jamás pronunció una sola palabra, ni siquiera un quejido fue escuchado en todo el proceso de martirización. Esto, en el fondo, le daba miedo al temerario Cortés y este episodio es tal vez, el más apresurado, vergonzoso y errático de cuantos se le conocen, dice el autor José Vasconcelos en su ‘Breve Historia de México’. Por su parte, Bernal Díaz del Castillo dice que las últimas palabras de Cuauhtémoc a Cortés fueron estas: Oh, Malinche (así le llamaban ellos a Hernán  Cortés): días había que yo tenía entendido que esta muerte que me habías de dar y yo había conocido tus falsas palabras, porque me matas sin justicia. Dios te la demande, pues yo no te la di cuando te me entregaste en mi ciudad de México. 

 

  El códice mexicano conocido como la Tira de Tepechpan, describe la muerte de estos tres grandes mexicanos (Cuauhtémoc, Tetlepanquetzal y Coanacoch), a quienes colgaron de los tobillos de las ramas de una ceiba o de un pocho, no sin antes decapitarlos y clavar sus cabezas en un templo de Tuxkahá. Este hecho evidencia que efectivamente Cortés le temía mucho a Cuauhtémoc, y que además uno de sus peores defectos, era su proclividad a ser manipulado por su propia gente que, conociéndolo le hacían llegar las cosas por vía del rumor, y la intriga, tal como dictan las reglas de la política universal.