26/Jan/2026
Editoriales

El Concorde

Una maravilla de la ingeniería aeronáutica llamado Concorde dejó de volar en noviembre de 2003. La humanidad vio vencer con un avión comercial, la barrera del tiempo, lo que significa una enorme cantidad de miles de kilómetros recorridos a lo largo de 27 años surcando los cielos entre Europa y América. Fue el primer proyecto conjunto entre Francia y Gran Bretaña, dándoles un gran prestigio a ambas naciones por haber fabricado un avión supersónico que tardaba en cruzar el Atlántico 3 horas y media, menos de la mitad del tiempo que tardan los aviones comerciales normales, pues Concorde volaba a 2 mil 140 km/hora. Aunque debo señalar que este no fue el primer avión fabricado para volar a velocidades supersónicas, pues el soviético Tupolev Tu-144 lo hacía también con guarismos parecidos. Se fabricaron sólo 20 aviones Concord, pues los gobiernos inglés y francés hubieron de subsidiar a las empresas Aire France y British Always para que los pudieran adquirir. Sus principales destinos de vuelo eran París – Río de Janeiro; París, Londres, New York, Washington, Venezuela y al aeropuerto Benito Juárez, de México. Sin embargo, para que resultara rentable, se requería que el Concorde recorriera grandes distancias, pues tratándose de vuelos comerciales, los gastos de combustible no podían reflejarse en el precio del pasaje a pesar de que utilizaba motores de turborreacción, con la variante de pos-combustión. Estos motores los fabricó la empresa inglesa Rolls-Royce. Y los aviones estaban equipados con sistemas de aire que aumentaba la presión en la cabina en las emergencias, y sus ventanas eran pequeñas. La tragedia del accidente del vuelo 4590 de Aire France en el año 2000 dio al traste con este proyecto, pues se estrelló en Francia muriendo cien pasajeros 9 tripulantes y 4 personas en tierra. El Concorde no había despegado totalmente cuando un pedazo de titanio desprendida de un avión que acababa de despegar, pegó en uno de los tanques de combustible agujereándolo y fugándose combustible que se convirtió en llamas por lo que el avión que ya había despegado, cayó sobre un hotel. La suerte estaba echada y se suspendieron los vuelos supersónicos. Viajar en el avión Concorde era un signo de lujo, pues sus sobrecargos nunca dormitaban durante un vuelo ya que eran breves, y andaban vestidas por Nina Ricci, además iban 4 cocineros en todos los vuelos. Mucho se dijo que el Concorde era enemigo de las aves, pues su ruido al romper la barrera del sonido las dañaba, y a su vez, algunas aves grandes representaban un grave peligro pues podían ser absorbidas por alguna turbina y ello provocaría un daño fatal para la estabilidad del avión. No es difícil, con los avances tecnológicos, que pronto veamos otro modelo de avión comercial que vuele a la velocidad del sonido.