03/Mar/2024
Editoriales

Enero 16 de 1826: nace en San Pablo de Labradores (Galeana), Nuevo León; Mariano Escobedo, quien sería gobernador de Nuevo León, de San Luis Potosí, ministro de guerra y marina en tiempos del presidente Lerdo de Tejada

Enero 16 de 1826: nace en San Pablo de Labradores (Galeana), Nuevo León; Mariano Escobedo, quien serí­a gobernador de Nuevo León, de San Luis Potosí­, ministro de guerra y marina en tiempos del presidente Lerdo de Tejada, y lo más importante: héroe nacional. Mariano Antonio Guadalupe Escobedo de la Peña, es hijo de Manuel Escobedo y Marí­a Rita de la Peña, a quienes apoya desde niño con su trabajo de comerciante y agricultor.

Su escolaridad es exigua pues crece arriba de un caballo trasladando ganado, pero tuvo un talento natural para la milicia, que descubre durante una batalla contra indí­genas bárbaros. Tení­a veinte años cuando se inscribió en el ejército mexicano para defender Monterrey de la invasión norteamericana con el grado de alférez, tomando parte activí­sima en los combates de Tenerí­as, Purí­sima, y Obispado, de la histórica Batalla de Monterrey.

Igual lo hace en la Batalla de la Angostura en Coahuila. Tras la derrota mexicana, se retira hasta que la Revolución de Ayutla lo convoca y en 1854 retorna a las armas en contra de Santa Anna, peleando en San Luis Potosí­, Zacatecas y Nuevo León. Se incorpora al ejército de Santiago Vidaurri, quien emerge como figura fuerte en el noreste mexicano. Construye una compañí­a en el municipio de Galeana, y se nombra capitán de ella, que incorpora a las fuerzas de Vidaurri. Hace equipo con Aramberri y el general Juan Zuazua, de quien aprende estrategias militares. Cuando triunfa la Revolución de Ayutla, regresa a Galeana, pero ya como jefe de los combatientes en contra de los indí­genas de la región.

Retoma su participación militar durante la guerra de Reforma, ahora con el grado de coronel, apoya las campañas de Guanajuato y Jalisco a favor de los liberales, pues para entonces ya se habí­a enfriado con Vidaurri. Se distingue en las batallas por su arrojo e inteligencia para sorprender al enemigo por lo que llega a enfrentarse al capacitado militar conservador, general Miguel de Miramón, cuando éste iba a apoyar a los reaccionarios de Jalisco, mostrando su crecido y elaborado talento militar; es en ese momento cuando Mariano Escobedo toma nivel y fama nacionales. En Irapuato es derrotado por el general Adrián Woll, y regresa a sus actividades privadas en Galeana, pues con Vidaurri siguen frí­as su relaciones debido a la distancia que éste tení­a con el liberal presidente Juárez, dado que Escobedo tiene en esa corriente su plena identificación ideológica.

Apoya a los legisladores que enfrentan a Vidaurri, pero éste tiene el control de las fuerzas mayoritarias del estado y los derrota, así­ que Escobedo sale a luchar al centro del paí­s, siendo –ya con el grado de comandante- preso del general conservador Tomás Mejí­a, pero consigue fugarse. Ya libre se presenta otra vez en el ejército liberal y es comisionado a Oaxaca en donde de nuevo se distingue en los encuentros con los conservadores. Llega la invasión francesa y de inmediato se presenta en combate, teniendo una estupenda actuación en la histórica Batalla de Puebla, por lo que es ascendido a General Brigadier.

A las órdenes de González Ortega, defiende Puebla durante el sitio de los franceses, y al caer la plaza es tomado prisionero pero de nueva cuenta se fuga, y se presenta en la Capital de la República para reincorporarse al ejército nacional. Los franceses estaban fuertes en esa plaza y Escobedo va a Querétaro y a San Luis Potosí­, hasta que se suma al general Porfirio Dí­az, junto a quien pelea en varias ocasiones. La guerra contra los invasores franceses es dura y Escobedo se separa de Dí­az para ir en busca de ayuda, pasando por tal cantidad de sinsabores que termina en un barco de carbón rumbo a Nueva York, y llegando, hubo de superar su ignorancia del inglés para llegar a Washington y entrevistarse con el embajador Matí­as Romero a quien le pide solicitar al presidente Juárez ayuda para la resistencia de Oaxaca, pero Romero le informa que esa entidad (Oaxaca) ya habí­a caí­do. Le escribe directamente a Juárez para informarle y se traslada a Davis, Texas en donde se reúne con los coroneles Francisco Naranjo y Nicolás Gorostieta, con quienes ataca Laredo.

Dato curioso es que los tres militares se auto degradan debido a su escasa tropa; Escobedo de general pasa a capitán, mientras Naranjo y Gorostieta se rebajan a sargentos. Escobedo continúa creciendo en su carrera y la guerra avanzando hasta que recibe el mando del Ejército Republicano en marzo de 1867 y cambian los papeles, pues el emperador Maximiliano, acosado por el ejército republicano, se refugia en Querétaro, ciudad que Escobedo sitia y el 15 de mayo de 1867 rompe el cerco para tomar esa fortaleza de Maximiliano a quien apresa y fusila -por instrucciones directas del presidente Juárez- junto a los generales Miramón y Tomás Mejí­a.

Al término de la guerra contra Francia, que fue culminada gracias al remate magistral de Querétaro, Mariano Escobedo inicia una carrera en el servicio público que nadie hubiese imaginado debido a su escasa preparación académica. Es gobernador de los estados de Nuevo León y San Luis Potosí­, presidente de la suprema corte de justicia militar, diputado y ministro de guerra y marina. Su carrera militar es impresionante: suman ciento cuarenta y siete los combates importantes en los que participa. Muere en la ciudad de México en mayo 22 de 1902, es sepultado en la rotonda de las personas ilustres y su nombre está en la sala de sesiones de los diputados federales con letras de oro. Un municipio de Veracruz y otro de Nuevo León (antigua Villa del Topo de los Ayala) llevan su nombre, así­ como el aeropuerto y la alameda de Monterrey. Numerosas calles de las ciudades y pueblos del paí­s, se llaman orgullosamente: Mariano Escobedo.