13/Apr/2024
Editoriales

Junio 2 de 1929: muere en Atotonilco El Alto, Jalisco, el general Enrique Gorostieta

Junio 2 de 1929: muere en Atotonilco El Alto, Jalisco, el general Enrique Gorostieta. Enrique Nicolás José Gorostieta Velarde nace en Monterrey en septiembre de 1890, descendiente de una connotada familia de origen vasco. Hijo de Enrique Gorostieta González y de Marí­a Velarde Valdéz-Llano, y nieto del coronel Nicolás Gorostieta, estudia la educación primaria en Monterrey, e ingresa en 1906 al Colegio Militar, del que sale sin terminar sus estudios pero con el grado de Teniente de Artillerí­a, en 1911.

Se inscribe en el ejército durante la época que cae Porfirio Dí­az, del interino León de la Barra, y que gobiernan Madero y luego Huerta. El 23 de octubre de 1913 concurrió a la defensa de la plaza de Monterrey, y el 29 de ese mes ascendió a coronel. En abril de 1914, participa a las órdenes del general Rubio Navarrete, en la defensa de Veracruz, lo que le vale ser ascendido a General de Brigada por el gobierno de Victoriano Huerta. Al caer éste, Gorostieta continúa en servicio hasta que la licencia del gobierno federal en agosto de 1914 le libera de su compromiso con la institución y sale del paí­s.

En 1921 a la muerte de su padre quien estaba exiliado en Laredo Texas, por la persecución que habí­a a quienes formaron parte del gobierno de Huerta, regresa a Monterrey y casa en 1922 con Gertrudis Lasaga Sepúlveda. Procrean a su hijo Enrique nacido en 1923 en la ciudad de México, pero que muere en 1924. Posteriormente nacen su segundo hijo Enrique, el tercero, Fernando y en 1928, Luz Marí­a. A esta última hija ya no alcanzarí­a a conocerla porque en julio de 1927 fue contratado por la Liga Nacional para la Defensa de la Libertad Religiosa, para organizar militarmente en un solo ejército a los Cristeros, feligreses armados en lucha abierta contra el gobierno federal encabezado por Plutarco Elí­as Calles y antes por ílvaro Obregón –revolucionarios sonorenses con quienes no coincidí­a-.

Gorostieta ganaba con la LNDR un sueldo de 3 mil pesos oro al mes, más un seguro de vida. Combatió personalmente en Michoacán, Jalisco, Zacatecas y en Colima, buscando consolidar al Ejército Cristero en una sola unidad todo el paí­s, de acuerdo a las funciones para las que fue contratado. Sin embargo, convivir tanto con los hombres de fe, hizo que Gorostieta cambiara su talante espiritual, convirtiéndose al catolicismo, doctrina que antes solo respetaba pero no profesaba.

Considerado elemento incómodo para la pacificación de las huestes religiosas, a punto de terminar la guerra cristera es traicionado en junio 2 de 1929 –dí­as antes de la firma de los tratados de paz- y es asesinado en la hacienda del Valle, de Atotonilco el Alto, Jalisco, en un operativo del ejército federal. Las cartas del general Enrique Gorostieta a su esposa "Tulita" como él le decí­a de cariño, han sido objeto de estudios recientes por los analistas de esa sangrienta etapa revolucionaria nacional, e incluso recientemente el historiador Jorge Santiago Alaní­s escribió un libro al respecto.

La pelí­cula La Cristiada, patrocinada por el gobierno federal hace unos cinco años, está basada en estos mismos documentos y es considerada una venganza mediática de los resabios de los cristeros contra Plutarco Elí­as Calles, quien con su "Ley Calles" que interpretaba rí­gidamente los enunciados constitucionales de 1917, buscaba reducir las labores eclesiásticas y restringir la economí­a del Clero, así­ como cambiar una de las más significativas reglas de esa institución religiosa, que es el celibato. La Iglesia reaccionó dejando de dar misas y servicios religiosos consternando al paí­s. Enrique Gorostieta es una figura local importante sin reconocimiento popular (en Los Altos de Jalisco se le tiene alta estima a su recuerdo), pues aunque haya empezado su participación en la cristiada como mercenario, terminó transformado en un feligrés dispuesto a perder la vida por sus creencias.