13/Jun/2024
Editoriales

Julio 15 de 1840: el general federalista José de Urrea, al mando del 5º batallón de infantería, ataca Palacio Nacional, tomando preso al presidente Bustamante e invitando a Valentín Gómez Farías a ponerse al frente de un movimiento federalista

Julio 15 de 1840: el general federalista José de Urrea, al mando del 5º batallón de infanterí­a, ataca Palacio Nacional, tomando preso al presidente Bustamante e invitando a Valentí­n Gómez Farí­as a ponerse al frente de un movimiento federalista. Gómez Farí­as aceptó, presentándose en Palacio Nacional. Por el gobierno, responden el general Gabriel Valencia y el coronel Manuel Marí­a Lombardini quienes en la Ciudadela enfrentan y superan a los pronunciados.

Al dí­a siguiente, el presidente Bustamante se niega a respaldar el pronunciamiento federalista; Urrea y Gómez Farí­as deciden liberarlo, y al salir de Palacio Nacional, Bustamante publica una proclama en la que promete el restablecimiento del orden. Este episodio se da en pleno siglo XIX en medio de la época más aciaga pues Texas se habí­a separado de México, y más recientemente Yucatán lo habí­a hecho también el 4 de marzo de 1840. El origen del problema fue el enfrentamiento de los dos sistemas de gobierno: el centralista versus el federalista.

El conflicto habí­a escalado desde el año anterior, al grado de que en abril de 1839, el canciller británico Palmerston envió al ministro Pakenham a recomendar al gobierno mexicano que reconociera la independencia de Texas, para impedir su anexión a Estados Unidos, y esto coincidí­a con la actitud texana que desde 1839 hasta 1841 enviaba a México representantes para obtener su independencia a cambio de 5 millones de pesos de indemnización. Como se sabe, el gobierno mexicano nunca lo aceptó pues el presidente Santa Anna estaba herido en su orgullo. Regresando al convulsionado México del decimonono, el 3 de mayo de 1839, en Acajete, Puebla, se levantaron en armas José Antonio Mejí­a y José de Urrea pero son derrotados por Gabriel Valencia y Juan Morales en sangrienta batalla que arrojó 600 bajas entre muertos y heridos, más unos 400 prisioneros.

Mejí­a es capturado y fusilado, mientras Urrea sale herido pero logra huir, tan solo para caer preso el 18 de junio siguiente en Tuxpan, Veracruz, al enfrentarse con el general Paredes. Sin embargo, Urrea se fuga del fuerte del Perote en Veracruz, el dí­a 30 de junio. Ante tal desastre nacional, López de Santa Anna se separa de la presidencia el 11 de julio de 1839 "por motivos de salud" y el Congreso nombra a Nicolás Bravo como presidente interino. Pero Urrea sigue dando lata y es a mediados del mes de julio de 1840 cuando ataca Palacio Nacional con las consecuencias mencionadas, y el resto de su vida continuó peleando, alcanzando a tener una importante participación en la guerra de invasión norteamericana. Murió en 1849 ví­ctima del cólera morbus. El narrado hoy es sólo uno de los innumerables hechos polí­ticos violentos que se vivieron en nuestro paí­s, hasta que en 1846 fuimos invadidos por Estados Unidos y ni así­ se pusieron de acuerdo los jefes militares mexicanos, con las consecuencias conocidas. Estas lecciones no pueden ser olvidadas.