27/May/2024
Editoriales

Una Universidad en paz

De aquel proyecto que una vez soñaron los estudiantes del Colegio Civil Raúl Rangel  Frías, José Alvarado Santos y Juan Manuel Elizondo Cadena, que consistía en la fundación de una Universidad en el Estado, la noticia es que sí pudo lograrse en el año de 1933 y hoy por hoy es una de las mejores universidades del país, llamada Universidad Autónoma de Nuevo León.

 Actualmente ofrece 360 programas educativos a 220 mil estudiantes, a través de 7 mil maestros. Sus instalaciones son de primer mundo, con aulas y edificios en la Ciudad Universitaria, en el Campus de Mederos, en el de Linares, así como en media docena de entidades municipales más.

 Su egregia presencia en la academia, la cultura y el deporte le han prestigiado allende las fronteras del país. 

 La Universidad Autónoma de Nuevo León se gobierna por El Consejo Universitario, la Junta de Gobierno Universitario, y un Rector, electo por la misma Junta de Gobierno. 

 Así como todas las universidades públicas del país y del mundo, la nuestra ha vivido en la zozobra en varios momentos derivados de otros tantos movimientos políticos.

 Los más delicados fueron por imposición de la educación socialista que llegó, con la fuerza política del gobierno cardenista, a desestabilizar a la novel Universidad al grado de que cerró sus puertas en 1934, y el movimiento por la autonomía universitaria, ventilado extra muros, en las calles, a principios de la década de los años setenta.

 Superados los momentos álgidos vinieron tiempos de paz, luz académica y deportiva con rectores que supieron liderar a la comunidad universitaria, como Luis E. Todd, Alfredo Piñeyro, Gregorio Farías, Reyes Tamez, José Antonio González, Jesús Áncer, Rogelio Garza y en mayo de 2021, la Junta de Gobierno lanzó la convocatoria para la elección del Rector y quien resultó electo fue el prestigiado médico Santos Guzmán.

 Hoy la Universidad Autónoma de Nuevo León debe vincularse con los nuevos actores de la producción en el estado, toda vez que comienza a presentarse un fenómeno de déficit de mano de obra y la necesidad de técnicos y profesionistas capacitados para que las oportunidades auspiciadas por el nearshoring no se desperdicien.

 El tiempo apremia porque las elecciones generales en el país posiblemente provoquen nuevos problemas políticos y nuestra Universidad podría ser atractiva para los expertos en alborotos callejeros.

 

 Si no está resuelto el proceso electoral interno universitario, sería una tentación y pretexto para escenarios que no deseamos de regreso tras cinco décadas de disfrutar una Universidad en paz.