13/Apr/2024
Editoriales

Entre pericos y pericazos

Los pericos o loros son aves que pueden hablar y eso es algo muy celebrado a lo largo de la historia. Sin embargo, no hablan porque ello implica entender lo que se dice, y estos animalitos sólo repiten los sonidos que escuchan. Para ‘hablar’ cuentan con la siringe, un órgano que consiste en una membrana en la tráquea que les habilita el ‘don’ del habla.

 Hay algunos lugares de Monterrey, como la Plaza Zaragoza, que sus árboles hospedan a grandes parvadas de hermosos pericos que se ven muy bonitos, pero con tanta algabarbía que generan se dificulta escuchar una conversación.

 La presencia de loros y cotorras dentro de las casas del Monterrey de principios del siglo XX era común.

 Los relatos antiguos dan cuenta muchas veces de anécdotas de todo tipo con los loros. Como fue en el crimen de la calle de Aramberri que existe una leyenda acerca de un loro que después de sucedida la tragedia, repetía la frase “no me mates Gabriel” delatando al asesino.

 En Grecia se dice que en febrero de 1935 en la ciudad de Atenas fue ejecutado un papagayo perteneciente al propietario de un importante restaurante de la ciudad. 

 Lo fusilaron porque animal gritaba diariamente: “Viva Venizelos” (Elephterios Venizelos, siete veces primer ministro de Grecia). El animal nunca dejó de gritar y la revolución que derribó al político heleno tuvo que matarlo para que se callara.

 En Rusia, la GPU fusiló sin misericordia a unos loros que cantaban canciones capitalistas y zaristas. Desde luego que en ese país igual suerte corrieron sus maestros de música, pero estos no trascendieron debido a que el número de ejecuciones de personas fue gigantesco, y el de animales fueron pocos.

 En Alemania se cuenta la siguiente anécdota humorística: tras la derrota de Hitler, cuando estaba la recuperación empezando, un médico pagó en el periódico el siguiente anuncio: “El doctor Otto Kraus hace saber que no responde de las ideas políticas de su papagayo”.