18/09/2018
Editoriales

Educación y Democracia

Es un hecho comprobado por la historia que para que un sistema democrático liberal tenga plena vigencia se requiere que los integrantes de aquella parte de la población a quienes se les otorgue el derecho a ejercer su voto por el poder político, tengan un nivel de ingresos y de educación suficiente.

Aún desde la democracia antigua, que no era nada liberal, se sintió la imperiosa necesidad de instruir a los votantes, por lo que se instalaron en las calles unos asesores llamados "sofistas" o sabios, que cobraban por asesorar a los ciudadanos más humildes, como pescadores y artesanos, en los conocimientos necesarios para que pudieran ejercer su voto a su propia conveniencia.

En la democracia liberal moderna se les empezó a reconocer el derecho al voto a quienes pagaban los impuestos, que eran los propietarios de bienes raíces rurales o urbanos, quienes, por su misma posición, estaban en condiciones de adquirir cierta educación. En el lapso de un siglo, de 1815 a 1916, los países de Europa Occidental y Norteamérica fueron aumentando gradualmente el porcentaje de votantes del 10% hasta el 100%, cuando iban alcanzando los niveles de vida y educación necesarios. Japón, que en su famosa Época Meiji de 1868 a 1812 ascendió por sus propios esfuerzos hasta la democracia liberal, apreció tanto la educación que para 1907 ya no quedaba un analfabeta en todo el país. El Almirante Togo, quien en 1905 derrotó a la Armada Imperial Rusa, sólo aceptó como premio el título de "Maestro de Escuela Primaria".

Así que la educación generalizada en el pueblo es condición necesaria para ejercer la democracia, pero ¿Es suficiente? No, como lo demuestran los casos de Cuba y de la antigua Unión Soviética y todos sus "satélites", pues en esos países todo el pueblo se educaba, pero eso no lleva ni llevó a la democracia ¿Qué les faltó? Pues que la educación sea liberal, es decir que termine de educar a la niñez y juventud inculcándole una moralidad pública que proclame la libertad, la igualdad y la fraternidad, principios que les deben de haber enseñado en sus propias familias. Así que la educación tiene un requerimiento doble: Extensión y Calidad, es decir que se extienda a todo el pueblo y que inculque principios liberales de moralidad pública.

Aquí en México, y en muchos otros países del Tercer Mundo, tenemos un problema especial y sin antecedentes históricos de cómo resolverlo: La Constitución de 1917 les "otorgó" derecho al voto al 100% de los hombres adultos, aún cuando el 90% de ellos eran campesinos analfabetas. Por este hecho el gobierno hubo de organizar a esos votantes en grandes "Centrales" campesinas, obreras y "populares". Ese sistema se fue imponiendo desde entonces y funcionó bastante bien de 1940 a 1970, durante el "crecimiento sostenido" de la "monarquía sexenal", cuando la clase media subió del 10% hasta un 30% de una población mucho mayor, por lo que a partir de 1968 este sistema "se enfermó" y a partir de mayo de 1987 tuvo que ir cediendo ante una incipiente democracia, que logró: A) Una cierta división del poder por funciones y niveles; B) Cierta libertad de expresión y de prensa; y C) Control ciudadano de la organización y celebración de las elecciones.

Sin embargo, ni aún durante la Alternancia Panista se logró quitarles la indebida fuerza política de los grandes sindicatos "nacionales", tales como los de PEMEX y de la Educación, siendo este último el obstáculo principal para lograr una sustancial mejoría en cuanto a mejorar la calidad de la educación, sobre todo en inculcar los principios de moralidad pública: La corrupción que usurpan por su indebida fuerza política, con la que "apoyan" a los gobiernos que los toleran, incapacita a los líderes, aunque no a muchos buenos maestros, para predicar dichos principios.

Atte.- JVG.- 23-03-16