20/11/2018
Editoriales

Centenario de un Año Terrible

La Primera Guerra Mundial, que había empezado en agosto de 1914, para principios de 1916 ya se había convertido en una enorme tragedia en la que habían muerto 3,865,000 soldados de todas las Grandes Potencias Europeas, es decir excluyendo a Estados Unidos y a Japón. Esto nadie se lo había siquiera imaginado que podría suceder, menos planeado ni propuesto ¿Por qué, entonces, había ocurrido?

Los historiadores están de acuerdo en que la razón principal es que los europeos occidentales no se habían dado cuenta de lo mucho que se habían fortalecido en los últimos 100 años, en los siguientes dos aspectos: Primero, en que el porcentaje de ciudadanos había aumentado del 10% a casi el 100% de los hombres adultos, por lo que una guerra decisiva se podrían pelear con millones de hombres, en vez de con unas cuantas decenas de miles, como antaño; Segundo, porque la Revolución Industrial les había proporcionado mucha artillería de tiro rápido y ametralladoras, además de las redes ferrocarrileras y carreteras para aprovisionar a esos enormes y costosos ejércitos.

A estas dos razones básicas se sumó el hecho de que el Sistema Bipolar de Alianzas que se había formado, enfrentaba a dos grupos muy parejos: Por un lado, a la máxima potencia militar, el Segundo Imperio Germánico, aliado con los Imperios de Austria-Hungría y Otomano y, por el otro, a la República Francesa y el Imperio Ruso Zarista, a quienes se agregaron el Imperio Británico e Italia.

La super-tragedia de 1916 consistió en que, viendo el fracaso de de los dos años anteriores, ningunos gobernantes se atrevieron a decirle a sus pueblos que todo había sido un trágico error, por lo que había que detener la guerra y ofrecer una "paz blanca", sin ganadores ni perdedores, porque todos temían que entonces los iban a culpar de la muerte inútil de muchos soldados. La decisión definitiva la tomó Alemania, que había perdido 850,000 soldados: Había fallado su famoso Plan Schlieffen, tanto contra Francia en 1914, como contra Rusia en 1915, así que cuando el Kaiser les preguntó a los generales del Estado Mayor que cómo se podría ganar la guerra, le contestaron que ningún plan garantizaba el éxito: Que la única forma segura era "desangrar" al enemigo con batallas "de atrición", es decir de castigo, hasta que ya no pudiera más. El Kaiser aceptó esta horrible alternativa, por lo que procedieron a planear la Batalla de Verdun, que empezó en febrero e iba a durar, día y noche y mes tras mes, hasta julio. Francia, efectivamente se estaba desangrando, por lo que en julio sus aliados aceptaros sus ruegos y lanzaron sus respectivas batallas de atrición contra Alemania, Rusia su Ofensiva Brusilov y Gran Bretaña la Batalla del Somme, con lo que, entonces, Alemania también se empezó a desangrar en tres batallas. En ese terrible año de 1916 murieron 4,100,000 soldados y en los años finales de 1917 y 1918 otros 4,500,000, para un total de 12,500,000 de soldados muertos por todas las causas (y por todas las patrias), en los 52 meses que duró la guerra.

Ese de 1916 fue el año en que "se le botó la canica" a Europa, es decir en que se rompieron sus valores más profundos: De sus bajos fondos surgieron los sistemas "totalitarios" que iban a sumir al mundo en la aún más terrible Segunda Guerra Mundial.

¿Qué conclusión podemos sacar aquí en México de esta terrible lección? Pues que cuando tengamos problemas graves y difíciles, como los son la criminalidad organizada y la corrupción generalizada, sospechemos que es muy probable que nuestros gobernantes decidan tomar medidas tan estúpidas y contraproducentes como la que tomó el Káiser en enero de 1916, en vez de reconocer que se cometieron errores o que se tomó el camino indebido, pero que están dispuestos a rectificar: Le temen más a "quedar mal", a "perder Imagen" que a asumir la responsabilidad que les corresponde.

Atte.- JVG.- 13-01-16