13/11/2018
Editoriales

Cultura como Punta de Lanza

Las recientes Olimpiadas en Río de Janeiro nos dieron una buena dosis de optimismo para tomar acción en la resolución de los problemas que aquejan al Planeta: Ver a tantos atletas de todo el mundo competir bajo reglas aceptadas por todos, sin tener nadie que renunciar a las particularidades o condiciones de cada Nación.

Algo parecido, pero a escala mucho más grande, es lo que el mundo necesita para evitar caer en un desastre hacia el cual parece que nos estamos dirigiendo, desviados del camino seguro por una doble ceguera de ignorancia y de egoísmo pues, por un lado, es apabullante la poca base cultural que aún los dirigentes políticos y económicos de la mayoría de los países tiene para entender estos problemas planetarios y, por la otra, aún si los vislumbran, les parece, en el egoísmo prevalente, que son tan grandes y lejanos que más vale dedicarse "a gozarla" y a divertirse y que "los que sigan" se encarguen de resolverlos. Actitud muy parecida a la de Luis XV de Francia, que cuando sus mejores ministros lo urgían a que atendiera los asuntos serios, los despachaba diciéndoles "después de mí, el Diluvio" y, efectivamente, su hijo Luis XVI fue guillotinado los Revolucionarios.

Los problemas actuales a nivel mundial los podemos llamar: A) Orden militar internacional; B) Conservación de la biósfera y Control del uso masivo de los combustibles fósiles; y C) Regulación obligatoria del comercio global. El más amenazante de los tres es el "B", pues es el menos espectacular, pero también es el que más pronto, es decir en pocas décadas, puede llegar a un punto irreversible hacia el deterioro de la vida humana en este Planeta. Así que los problemas "A y C" pueden verse como las condiciones de orden social mundial que unan a todos los humanos en el enorme esfuerzo por salvar su biósfera y su atmósfera.

¿Por qué se ve tan difícil la solución de estos problemas? La principal razón es que en todos los sistemas socio-políticos que hemos inventado, aún en la democracia liberal, a los políticos les sigue siendo muy atractiva la actitud de Luis XV: Ahí están la mayoría de los políticos mexicanos y no sólo los del PRI, así como una multitud de empresarios que actúan como sus paniaguados. Entre nuestros Vecinos del Norte, ahí está no sólo Trump, sino también muchos de los que fueron sus rivales, como Marc Rubio, quien dijo que "no movería un dedo" hacia exigirles no contaminación del ambiente a ninguna industria, ni a las petroleras o gaseras.

En otras partes del Planeta, ahí tenemos al Mundo Musulmán peleando conflictos para separar la política de la religión, que en Europa Occidental de dieron de 1517 a 1648. Rusia y China apenas están pasando de "la economía centralmente planeada" a la de mercado, pero no se deciden a cambiar el autoritarismo por la democracia liberal, sistema que ya no ven muy atractivo, en primer lugar por el aislacionismo nacionalista en el que parece estar cayendo Estados Unidos y, también, por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea.

¿Qué debemos hacer para convencer a todos estos émulos de Luis XV a tomar en serio los grandes problemas planetarios? Pues, como punta de lanza, conocerlos bien nosotros mismos; Luego exigir y pugnar por que lo enseñen en todas las escuelas; Y, al último, obligar a los políticos a que ellos mismos encaren estos problemas, al convencerse de que sus votantes prefieren la verdad, aunque señale un camino duro y difícil, pero al final muy seguro, que mentiras almibaradas que lleven al desastre. Para una magnífica divulgación del Problema B, recomiendo una trilogía de libros al respecto del gran sabio norteamericano Edward O. Wilson.

Atte.- JVG.- 24-08-16