23/Apr/2024
Editoriales

Sombras al Amanecer. Historia de una ejemplar mujer

Ayer al salir del restaurant Los Barandales del famoso e histórico Gran Hotel Ancira, caminé rumbo a la antigua Calle del Comercio, hoy llamada José María Morelos y Pavón, en el centro de Monterrey, donde me topé con una humilde mujer, quien a punto de derramar una penosa lágrima, me suplicaba que le diera algo de efectivo, ya que lamentaba, desde hace un par de días no consumía alimentos de gran provecho. Obviamente ante esa situación saqué mi billetera y procedí a entregarle un billete de Don Benito Juárez. Al recibirlo me dio la bendición y las gracias. Inmediatamente noté que empezaba a relajarse y su tristeza desvanecía.

 Traté de animarla al abrazarla, pero en un intempestivo empujón hacia mí, me señaló a un individuo que estaba en contra esquina del famoso Hotel donde una vez pernoctó lo mismo Francisco Madero, o Doroteo Arango, 

 Mire, me dijo, es mi único hijo no ve nada. Sólo sombras al amanecer, ya que me lo entregaron cieguito al nacer. Además, nunca tuvo un padre que velara por él. Por lo que yo he hecho de todo para cuidarlo, alimentarlo y tenerle su ropita. Ahora vivimos de la caridad que Dios nos provee a través de las buenas personas.

 Le pedí nos sentáramos en la desgastada banca de fierro, casi enfrente de la antigua casa familiar del ilustre Fray Servando Teresa de Mier, para explicarle que tratara de acudir a los DIF. (Desarrollo Integral de la Familia) en cuyas instalaciones desde hace muchos años los diversos gobiernos se han preocupado promoviendo el bienestar de la población así, como del apoyo  con servicios y programas  de salud, ya que la condición de su pobreza lo ameritaba. 

 Al transcurrir la plática, su semblante fue cambiando de menor a mayor proyección. Le pregunté que si estaba suscrita a algún programa del Gobierno como el Programa de la Pensión del Bienestar Para las Personas Adultas Mayores, contestándome que ni identificación tenía, que hace mucho le robaron su cartera y no pudo reponerla por falta de tiempo y dinero. Ya que los  traslados del pasaje le quitarían el efectivo para alimentarse con café y pan. 

Al continuar conversando me confesó:

Yo siempre he salido adelante joven, solo que con los años mi capacidad física me ha pegado mucho. Los huesos de mis rodillas calan y mi vista ya no es la misma, No niego que me han ayudado en algunos centros de ayuda (DIF) de los municipios. Pero el apoyo no ha sido sostenible. Siempre me piden constancias de pagos, recibos de servicios públicos y más cosas que no tengo y ahí se termina la ayuda. Ojalá no fueran tan estrictos los dizques políticos y tengan consideración de personas como yo y mi hijo.

Por lo pronto: le di mí número celular, solicitándole me contacte para llevarla a hacer los trámites para la obtención de alguna identificación y así poder acercarla a beneficiarse de algún programa de Gobierno Municipal, Estatal o Federal. Porque no es posible que en pleno siglo XXI, miles o millones de personas ejemplares y guerreras que deambulan en situación precaria por las principales calles del estado sigan careciendo de lo más elemental para sobrevivir como es la alimentación, trabajo y salud. Ante una sociedad integrada por algunos empresarios fríos e insensibles  o responsables gubernamentales que se preocupan más por su perfil personal y estándar de vida, en lugar de procurar matizar la pobreza por medio de políticas públicas eficientes y antiburocráticas.

 

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