27/May/2024
Editoriales

Mi Crónica de la Crónica Periodística: De cómo el archivo Vidaurri pasa al Archivo del Estado

Durante la pandemia, el encierro obligado me permitió dedicar tiempo suficiente a la lectura del periódico El Porvenir en diversas épocas. De lo leído sobre 1930 surgieron los datos que se consignan en la presente crónica.

 Santiago Vidaurri es un personaje inevitable cuando se habla de Nuevo León, de Coahuila, de la frontera norte.

 Hoy sin embargo no hablaremos en específico de ese personaje que como todos los hombres de relieve social y político, tienen claroscuros en su trayectoria y despiertan en su ámbito espacial y temporal y aún en épocas subsecuentes, adeptos y adversarios: vidaurrifílicos y vidaurrifóbicos. 

 Hoy pasaremos por alto la amplia trayectoria política desarrollada por el hombre de Lampazos antes de ser gobernador de Nuevo León. No caeremos en la tentación de escudriñar los supuestos apetitos separatistas que algunos le atribuyen, tampoco cuestionaremos la anexión de Coahuila, la persecución y expulsión del obispo Verea, su distanciamiento con Juárez, su defección oficial ante el Estado mexicano y la sumisión e integración a la causa de Maximiliano. No recordaremos siquiera las condiciones en que finalmente feneció. Sobre todos esos aspectos, ya nuestro finado amigo ingeniero Alfredo Rodríguez Galindo nos ilustró con amplitud.

 Hoy queremos referirnos, más bien a su posteridad, a su legado no político, pero si histórico, pues no es un secreto saber que uno de los acervos más atractivos con que cuenta el Archivo General del Estado de Nuevo León es sin duda el relativo a Santiago Vidaurri Valdés y ello es posible concluirlo simplemente observando los muy diversos esfuerzos editoriales y periodísticos, publicados sobre tan importante personaje y en gran medida basados en investigaciones realizadas en el más importante repositorio histórico de Nuevo León.

 Hoy, simplemente recordaremos que si bien los vestigios sobre don Santiago están presentes en muy diversos repositorios, públicos y privados, nacionales, locales, municipales, una gran parte de los testimonios documentales de su vida y su quehacer público y privado, lo constituye el contenido de dos grandes “petacas” que durante más de seis décadas estuvieron guardadas en el sótano de la Casa Milmo y que sería hasta el año de 1930 –hace 94 años- cuando se tuvo noticia de ese acervo y fue recuperado e incorporado al acervo histórico del gobierno nuevoleonés.

 Fue en ese año de 1930, muy probablemente por efectos de la gran depresión, que la Casa Milmo sufrió un gran descalabro económico que la llevó a la quiebra, siendo que el personal del Juzgado Segundo de Letras del Ramo Civil, dio aviso al gobierno del estado sobre la existencia de dos grandes baúles, “petacas” según el escrito oficial, conteniendo presuntamente documentación que perteneció al señor Santiago Vidaurri, exgobernador de Nuevo León.

 Desde el gobierno se comisionó al jefe de la sección de Archivo de la Secretaría de Gobierno, señor Alberto Galván para entrar en contacto con los señores licenciado Elías Villarreal y don Manuel E. Gómez liquidadores de los bienes de la Casa Milmo, quienes desde luego pusieron a disposición del gobierno la documentación, previa solicitud por escrito. También en representación del gobierno se comisionó al Oficial Mayor David Alberto Cossío para realizar junto con el señor Galván la identificación de los documentos.

 “Se trata de dos cajas que deben haber sido construidas hace más de cien años. Sin embargo parecen relativamente conservadas. La parte posterior de dichos baúles consiste en: una de piel a color rojo una y semi-café la otra. En el interior de las mismas se guardaban documentos, todos perfectamente ordenados y minuciosamente seleccionados”, dice inicialmente una nota periodística que da cuenta del hallazgo y se publicó en El Porvenir, el 10 de abril de 1930.

 La documentación encontrada perteneció al general Santiago Vidaurri y estuvo resguardada en la casa Milmo, presuntamente desde 1864 cuando el exgobernador dejó ese cargo, incorporándose luego a las fuerzas imperialistas.

 Los baúles contenían en su reverso los años a que correspondía su contenido, uno 1855 y 1856 y el otro 1862 a 1864.

  La nota mencionada dice que hasta ese momento solo el señor Galván del Archivo ha visto los documentos que están en la parte superior de los baúles y cuya impresión es de que se trata de algo valiosísimo y que dicha documentación provocará una verdadera revolución histórica. Al día siguiente un destacado editorialista de la época, Eduardo Martínez Célis, en la columna: “un tópico cualquiera”,que firmaba como “El Abate Sieyés” comenta: “No divaguemos. Esos papeles constituyen indiscutiblemente una valiosísima aportación para nuestra historia. Caiga quien caiga, la Historia tiene que ser imparcial y justiciera. De modo que si nos ponemos a revisar todos esos documentos, ¡quien sabe cómo vayan a quedar los perfiles homéricos de algunos de nuestros héroes y de muchos de nuestros caudillos!”.

 Apenas trascendió públicamente la noticia de que la documentación se había trasladado al archivo gubernamental, se inició una polémica entre miembros de la familia Milmo, descendientes de Vidaurri y el gobierno estatal. El mismo 11 de abril de 1930, El Porvenir publica además de una protesta de los familiares, la intención del liquidador de la empresa de que se le devolvieran los documentos por haber sido advertido de que se procedería contra él por haber entregado documentos que no eran propiedad de la empresa sino de los descendientes del general Vidaurri.

  La protesta de los familiares, fue dirigida al director del periódico El Porvenir, señor Federico Gómez manifestando que fue a través de ese diario como tuvieron conocimiento de la entrega de la documentación de índole privada al gobierno, asimismo dicen que ellos podrían dar a conocer el contenido de validez histórica, pero que requieren tener esos papeles en su poder, por contar con instrucciones de sus antecesores sobre el destino de dicha documentación e insisten en su devolución. La carta protesta fue firmada por Patricio Milmo y Vidaurri, P.V. Milmo, Prudenciana Vidaurri Milmo de Radziwill y Leonor Vidaurri Milmo de O’Hart.

  Desde que apareció la primera noticia, hubo un gran interés en conocer los documentos, sin embargo desde el principio quedó claro que estarían resguardados por el jefe del archivo y que nadie más tendría acceso a ellos. Ello sobretodo luego de la protesta de los descendientes.

  El mismo día de la publicación de su carta, los miembros de la familia Vidaurri Milmo se hicieron presentes en el palacio de gobierno donde fueron atendidos por el Secretario de Gobierno y encargado del despacho del Ejecutivo, licenciado Generoso Chapa Garza con quien sostuvieron una agria y hasta violenta discusión, según dejan ver los reporteros que cubrieron este asunto en la crónica publicada el día siguiente (12 de abril), en que por cierto también se publicó la posición gubernamental en respuesta a la protesta publicada un día antes. 

 Ahí quedó claro que el gobierno sostenía que se trataba de información generada en el tiempo y por la circunstancia de ser el señor Vidaurri el gobernador del estado, pero que de encontrarse documentos estrictamente familiares o privados, se les entregaría a los interesados. En medio de la discusión fue posible lograr por lo menos un acuerdo: que los baúles se cerrarían y lacrarían nuevamente hasta el retorno del gobernador Benítez, lo que se realizó al día siguiente.

 Posterior al desencuentro con el funcionario, los descendientes de Vidaurri declararon que insistirían en su exigencia de que les fuera devuelto el material documental y señalaron que previamente solo dos personas habían tenido acceso a la información contenida, uno don Patricio Milmo y otro el general Bernardo Reyes en su época de gobernador, cuando solicitó la entrega de la documentación para revisarla, pero que desistió ante la posición de la familia de que la revisión se hiciera en las instalaciones de la Casa Milmo.

  En esas declaraciones de los familiares, se dijo, que no eran dos sino tres baúles los que contenían el legado del hombre de Lampazos, mencionándose que se desconocía el destino del tercero que sobre todo contenía joyas, ropa y otros enseres que pertenecieron a don Santiago. También se dijo que previamente se había extraviado el principal documento que se refería al rompimiento entre el gobernador de Nuevo León y el Presidente Juárez.

  La posición gubernamental fue ratificada por el gobernador Benítez en el sentido de que si se tratase de cartas íntimas o privadas se devolverían, pero tratándose de información oficial e histórica es deber del gobierno conservarla.

 Al paso de los días, el tema sobre los baúles con el archivo del señor Vidaurri se mantenía, en la prensa, se empezaban a recibir comentarios y editoriales de diversos personajes. El apoderado jurídico de la familia Milmo, licenciado Virgilio Garza se entrevistó con el gobernador pero el tema siguió en las mismas condiciones.

  El día 29 de abril, El Porvenir consignó en sus páginas la noticia de que la familia Milmo ocurrió a la justicia federal en busca de amparo contra actos del gobernador, expresando como conceptos violados los artículos 14 y 16 constitucionales por haber ordenado la extracción de “dos petacas” que contenían artículos pertenecientes a su antecesor Santiago Vidaurri, asimismo se duelen de que el Gobierno ha retenido dichos artículos y por “pretender que sean vistos por personas extrañas a la familia”. De igual manera señalan cómo se fue dando la sucesión de estos documentos y precisan haber recibido la recomendación de no revisarlos y menos hacerlos públicos antes de cien años a fin de evitar polémicas. 

  La denuncia fue admitida a trámite por el juzgado de distrito y contribuyó a avivar la polémica sobre el contenido documental y desde luego a revivir los debates en torno a la figura de don Santiago Vidaurri…

 Martínez Célis escribe “Un gran amigo mío, gran escritor y tribuno, me decía alguna ocasión refiriéndose a Vidaurri: “Era mucho lugarteniente para Juárez”, expresión que alude a la gran dimensión de la figura de don Santiago.

  Casi desde su admisión pudo intuirse que la demanda sería desechada, así quedó de manifiesto desde el primer día en el que si bien fue admitida, se resolvió que los documentos sí pueden ser revisados, aunque se ordena que habrá una reserva absoluta sobre el contenido íntimo de los documentos, si lo hubiera.

 Ya había transcurrido un mes desde el inicio de los hechos y aún estaba latente la pregunta: ¿Cómo fue a dar a casa de los Milmo el disputado archivo de don Santiago Vidaurri?. En tanto el desahogo de la demanda continuaba, trascendió que el historiador y político David Alberto Cossío fue nombrado perito de la parte gubernamental en este asunto. 

  El Porvenir, principal diario de la entidad va dando cuenta puntual de todo lo relativo a la disputa por el acervo del exgobernador. En la llamada sección de rotograbado del domingo 11 de mayo, la página 17 –primera de esa sección- contiene un importante material gráfico relacionado con el hombre de Lampazos y su época, destacando la fotografía en que aparece don Alberto Galván, jefe del Archivo del Estado, posando con los baúles que contienen el material de la discordia.

  Mientras tanto, además de las noticias que se van generando sobre el tema, van apareciendo diversos artículos editoriales ya en torno a los documentos, como a la recia personalidad de Vidaurri… así junto a los textos del Abate Sieyés, es posible leer opiniones de Santiago Roel, Eugenio F. Castillón, entre otros y el 24 de mayo se empieza a promocionar una sección denominada La Verdad sobre Don Santiago Vidaurri, que se empezará a publicar el 6 de junio, a cargo del escritor Victoriano Salado Álvarez que invitado por el periódico estará en la ciudad, produciendo los artículos para ese espacio editorial.

  El 30 de mayo se anuncia que por fin serán abiertos los baúles y revisada la correspondencia epistolar, lo cual inicia el día 3 de junio previéndose que la revisión podrá dilatar varias semanas…

  Luego de varios aplazamientos, la audiencia constitucional tiene lugar por fin el 6 de junio, donde ambas partes presentaron sus alegatos sobre la pertenencia del archivo, trascendiendo como resultado de la revisión, que no se han encontrado documentos que no sean de carácter oficial. El 10 de junio el periódico sentencia: “Negó el amparo a los señores Milmo, el C. Juez de Distrito”.

  En la edición de El Porvenir del miércoles 11 de junio de 1930, en la página 5, bajo el título PORQUE RAZONES NO AMPARA LA JUSTICIA FEDERAL A LOS SEÑORES MILMO EN EL ASUNTO “VIDAURRI”, se inserta el texto íntegro de la resolución dictada por el Juez de Distrito licenciado Salvador Loyola.

  Y si bien con esta decisión jurídica concluía la disputa, todavía el tema siguió generando información y opiniones en el periódico, durante el resto del año.

 Los editoriales de Victoriano Salado Alvarez (el bueno de don Santiago, lo que debe contener el archivo de don Santiago, a que se debieron los fusilamientos de Vidaurri y Mejía, etc.) Fueron seguidos o acompañados de otros como El Archivo de Vidaurri y el Lic. S. Roel, La verdad acerca del general Vidaurri, según el general Antonio Ramos Cadena, el Caso de Vidaurri del licenciado Eugenio F. Castillón y desde luego el Abate Sieyés afirmando que sí se publicarán las cartas de Vidaurri caerían varios ídolos…

  La última nota que se publicó en el año 1930 sobre este tema afirmaba que no son de Aramberri los restos sepultados en la población neoleonesa de su nombre, dato desprendido de una de las cartas del archivo de don Santiago Vidaurri. Dicha nota se publicó el 2 de diciembre de 1930.

 

 Fue así, según el relato de El Porvenir (del que se revisaron 49 notas y/o editoriales), como el archivo de Vidaurri se incorporó al principal repositorio histórico nuevoleonés: El Archivo General del Estado, donde ha servido como una gran fuente para escritores e historiadores que han abordado desde diversos tópicos, la historia y trascendencia del general Vidaurri, el hombre que según afirmaba Martínez Célis, “en la frontera norte de México tuvo la mayor dosis de poder que nadie tuvo en sus manos, ni antes ni después de él”...Nada más, nada menos… Hasta la próxima...!