14/Apr/2024
Editoriales

Contra la Mentira Pública

El problema básico de los paí­ses del Tercer Mundo, como México, es que nos vemos o nos creemos obligados a adoptar el Sistema Capitalista, Liberal, Democrático y con Conciencia Social tal y como se practica ahora en los paí­ses del Primer Mundo, sin tomar en cuenta el hecho histórico de que ellos tardaron más de 200 años en irlo forjando, y que durante ese lento proceso las sociedades de esos paí­ses se fueron igualando poco a poco en niveles de vida y de educación: Pero aquí­ se pretende hacerlo funcionar en sociedades todaví­a muy estratificadas socialmente, lo cual sólo se puede aparentar recurriendo a artimañas que falsean todo el proceso y entronizan la mentira pública como práctica inevitable y "necesaria". La alternativa correcta serí­a la de reconocer nuestras diferentes condiciones y situaciones, y ello nos llevarí­a a adoptar versiones más primitivas de ese mismo sistema, para así­ permitir que aquí­ vaya evolucionando, conforme nuestra sociedad misma vaya ascendiendo en sus niveles de vida y de educación.

Desde la Consumación de la Independencia en México ha habido una notoria discrepancia entre la bella teorí­a y la desastrosa práctica polí­tica, pues aún en perí­odos de gran progreso, como lo fue el Porfiriato, de 1876 a 1911, se siguió pretendiendo que seguí­a en vigor la Constitución Liberal de 1857, cuando en realidad rigió un "Positivismo" autoritario, el cual quizás pudo ir avanzando hacia una democracia limitada a la clase media, si se hubiera optado por la verdad realista y no por la falsa e impracticable teorí­a.

La Constitución de 1917, que todaví­a nos rige, cometió el error de "darle" el voto a todos los adultos masculinos, aunque el 95% de ellos eran analfabetos, aunque ya hizo cosas buenas e innovadoras tercermundistas, como fue el declarar a la Nación dueña de todos sus yacimientos petroleros. Así­ que cuando la Revolución llegó a su "Etapa Constructiva" en 1923, Obregón y Calles decidieron forjar un sistema de gobierno clientelar "a favor" de los campesinos, obreros y sector popular, siempre y cuando ellos aceptaran "encuadrarse" en grandes centrales polí­ticas que manejarí­an sus votos. Este sistema dio sus mejores frutos en el treintenio de 1940 a 1970, durante el cual la clase media se decuplicó, por grandes crecimientos porcentuales y demográficos, por lo que hubo que cambiar el sistema, para adecuarlo a esta sociedad que ya se habí­a modificado. Esto se dio a partir de 1987, con el inicio de nuestra incipiente democratización.

Ahora nos damos cuenta de que el problema más difí­cil de desarraigar es el del uso rutinario de la mentira pública, del convencimiento de que "gobernar es mentir", pues eso produce una desconfianza radical entre el Gobierno y el Pueblo, que no nos permite actuar como una nación unida. Esa desconfianza también hace muy difí­ciles de resolver problemas que tengan que ver con la moralidad pública, es decir con la justicia, con el Estado de Derecho, como son los problemas del crimen organizado y de la corrupción impune.

Afortunadamente el pueblo mexicano ya ha logrado tres avances democráticos que nos permiten atacar de frente la mentira pública: A) La Partición del Poder por funciones y niveles hace imposible la prevalencia de una sola gran mentira, pues enfrenta a unos funcionarios con otros; B) La Libertad de Expresión permite identificar las corruptelas y clamar por su castigo; y C) El Control Ciudadano de la organización y supervisión de las elecciones le está permitiendo al pueblo castigar tanto a los funcionarios infractores como a los partidos que "los cobijan". Así­ que: ¡ínimo! y avancemos hacia el dominio de la moralidad pública.

Atte.- JVG.- 17-08-16