23/Apr/2024
Editoriales

Deseos, propósitos, y Dios

Han pasado las mágicas fiestas decembrinas del año pasado, durante las cuales reflexionamos como familia sobre los buenos propósitos y deseos que emprendimos a principios de año.

 Las relaciones familiares no siempre son perfectas; sin embargo, es posible mantener la armonía a través de la reflexión. Este ejercicio permite el autoconocimiento, y al entender nuestras propias emociones, podemos adoptar cualidades positivas como una mejor comunicación, comprensión y afectividad.

 Después de la Navidad y antes de la llegada del Año Nuevo, en casa nos preguntamos si todos cumplimos con esos buenos deseos. Por ejemplo, uno de mis múltiples propósitos fue comer más saludablemente, reduciendo grasas y harinas, e intentando incluir más frutas y vegetales en mis alimentos. Creo que avancé un 70%, aunque debo admitir que algunas frutas, como la papaya que tiene un olor para mi desagradable, o el higo con una textura que no me gusta como se ve, no terminan de caerme bien.

 Por otro lado, una de mis hijas se propuso hacer más ejercicio, como jugar basquetbol, pádel o practicar calistenia. También añadió a sus deseos asistir más seguido a misa. Su plan era moverse más y forjar una disciplina que le brinde una mejor satisfacción personal tanto física como espiritual. En mi opinión, avanzó mucho, aunque se queja de las levantadas temprano para ejercitarse y del canto desafinado de algunos sacerdotes en las iglesias que distorsionan el ambiente sacro durante las celebraciones.

  Otra de mis hijas, que está combatiendo una rara enfermedad, nos expresó convencida de que, a diferencia del año pasado, siente que este será el año de su curación. Toda la familia se mantendrá aliada con ese propósito terrenal. Creo sin dudar que, en su caso, es la que mejor ha sabido cumplir sus deseos y propósitos del año pasado al 100%. Ha sabido sortear las piedras más puntiagudas y filosas de su camino, y este año se vislumbra como una ruta pavimentada.

 En contraste, un familiar muy cercano volvió a mencionar los mismos propósitos de los dos años anteriores, destacando terminar la maestría con honores, continuar con su trabajo divertido, profesional y honorable. Además, resaltó su sincero deseo y, a la vez, generoso de su parte al desearme muchos años de vida con una mejor salud. Confesó que no hay día en que no anhele pasar más tiempo conmigo, ya que la historia de su vida está entrelazada con la mía.

 Al responderle delante de un reducido grupo de familiares, admito que me descompuse un poco al empezar. Sin embargo, una vez compuesto, le di el mejor de los abrazos. No sin antes decirle al oído que era un ser humano excepcional y único para mí, y que en cuanto a mi existencia física en este mundo, viviré hasta cuando Dios quiera. Llegado tal fin, mi espíritu seguirá abrazándolos.

 

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