17/Jan/2026
Editoriales

Los planes contra México no son nuevos

 

 

Que haya grandes potencias deseando hacerse del control de nuestro país, no es novedad. Desde que en 1821 luego de los Tratados de Córdoba se instaló la Monarquía mexicana de Agustín I que terminó en 1823 tras la proclamación del Plan Casa Mata, no han cesado los intentos. Algunos fueron soterrados pues no solo existieron el fracasado del brigadier Barradas en 1829, y las invasiones norteamericana de 1846 y francesa de 1861. Hubo otras no muy conocidas como la conspiración de agosto de 1845 del ministro de España en México -Salvador Bermúdez-, y algunos destacados mexicanos como Mariano Paredes Arrillaga y Lucas Alamán. 

En carta cifrada, el ministro dice que al llegar a México empezó a analizar una solución para los problemas de nuestro país, que resume -con aquella facilidad- en:

 “convertir esta República en una monarquía, llamando a la corona a un príncipe o princesa de la Casa Real de España”.

De Paredes Arrillaga, el ministro decía: “.. ha sustituido a Santa Anna en su prestigio militar… oficial del antiguo ejército español, valiente y arrojado como pocos, con la primera reputación militar de la República, popular entre los soldados con el prestigio raro en este país, de integridad y honradez… no sabía qué hacer con su poder militar”

Y de “Don Lucas Alamán. Diputado en el año de 1821, en las Cortes españolas, ministro de la República en 1824, jefe del famoso Ministerio de 1830, ha dejado una reputación de habilidad detrás de sí que han [sic] justificado la paz y el orden de que gozó el país durante su administración”…

Decía que este proyecto secreto tenía a su favor:

“1º Un ejército de doce mil hombres, que suponen lo que ochenta mil en España, bien disciplinado, descontento con las formas republicanas y que seguirá ciegamente a su jefe. Este es el único ejército de la República, y el que se reúne para Texas.

2º El general en jefe Mariano Paredes, que si tiene tanta perseverancia como influencia y arrojo, podrá tanto como Iturbide y más que Santa Anna.

3º Todos los ricos comerciantes y sobre todo los propietarios del país; fácilmente se explican sus opiniones por los saqueos que han sufrido y la inseguridad en que están… 

4º Todo el alto clero y la mayor parte de los curas del interior. La influencia eclesiástica es inmensa todavía en el país, y este elemento de fuerza es grande y seguro.

5° Santa Anna y a quienes el partido liberal ha perseguido con encarnizamiento después.

6º Los Departamentos del norte, asolados por los indios bárbaros, y que anhelan cualquier gobierno que pueda ofrecerles protección.”

El monarca propuesto era Enrique de Borbón, cuñado de la reina de España Isabel II.

Pero la oportunidad nunca fue virtud de Paredes, pues ya era comandante para enfrentar al ejército norteamericano, con 6 mil hombres de Ciudad de México, y solo llegó hasta San Luis Potosí y regresó a la capital para dar golpe de estado contra José Joaquín de Herrera, ocupando la presidencia el 31 de diciembre de 1845.

Pero como la invasión norteamericana había comenzado, Paredes nombró a Arista comandante, que fue derrotado en Santa Isabel el 5 de marzo de 1846, y lo sustituyó por Pedro de Ampudia, a quien Taylor derrotó en Matamoros y luego en Monterrey. Desde julio de 1846 Paredes dejó la presidencia para dirigir los ejércitos.

Pero sus planes monárquicos fueron descubiertos, así que Mariano Salas y Valentín Gómez Farías se levantaron con el Plan de la Ciudadela (4 de agosto de 1846) que en el artículo 2° decía:

“Que de aquí (el gobierno de Paredes) han venido las continuas oscilaciones que han afligido al país hasta el extremo de que despedazado este y… se han creído autorizados algunos espurios mexicanos para quererlo someter al más vergonzoso vasallaje, pretendiendo llamar a un príncipe extranjero que lo gobierne con el título de monarca” 

El ejército norteamericano llegó a la capital, España se declaró neutral y Paredes quedó como traidor, fue luego acusado y exiliado a Francia en octubre de 1846.

Regresó a México en 1848 para oponerse al Tratado de Guadalupe-Hidalgo junto con el padre Celedonio Doménico Jarauta y al liberal Manuel Doblado. Cuando formaban un ejército para recuperar los territorios del norte fueron derrotados en Guanajuato por Anastasio Bustamante el 18 de julio de 1848. 

Paredes se asoció con el padre Jarauta quien fue fusilado y él confinado en un convento en ciudad de México, donde murió el 7 de septiembre de 1849 a los 52 años de edad.

Así ha sido nuestra historia, algunos nacionales se asocian con ambiciosos extranjeros, y ciertos buenos se contagian de esa enfermedad llamada ambición y terminan en la cárcel o dejando de herencia a los suyos un desprestigio sempiterno.