18/Apr/2024
Editoriales

Diciembre 6 de 1844: arrastra una multitud por las calles del centro de la ciudad de México, la pierna de Santa Anna, que había enterrado con la pompa de un sepelio digno de héroe nacional

Diciembre 6 de 1844: arrastra una multitud por las calles del centro de la ciudad de México, la pierna de Santa Anna, que habí­a enterrado con la pompa de un sepelio digno de héroe nacional.

Desde el mes de enero de ese mismo año Antonio López de Santa Anna, que se habí­a instalado por enésima ocasión en la presidencia de México, erigió un monumento suyo en la Plaza del Volador elaborado en bronce, en cuya estatua tení­a un brazo extendido hacia el norte, lo cual pareciera indicar que estaba decidido a recuperar Texas, territorio que por motivo de su incapacidad militar o negligencia polí­tica se habí­a perdido. El 22 de agosto muere su esposa Inés Garcí­a y para el 3 de septiembre siguiente vuelve a casarse ahora con Dolores Tosta, una dama de la alta sociedad de México.

La pierna del escándalo la habí­a enterrado en la ciudad de México a pesar de que la habí­a perdido en Veracruz, durante una batalla contra el ejército extranjero. Ya en este momento, la nación estaba ofendida con él por tres razones primordiales: Por haber perdido Texas, por haber desaparecido cuatro millones de pesos que cobró con un impuesto extraordinario, y por no haber guardado luto por la muerte de su esposa.

Es en Guadalajara donde empieza un movimiento de protesta en su contra el 2 de noviembre, dí­a de los difuntos pues la gente respeta a los muertos y este señor no respetaba ni a los vivos, menos a su esposa muerta. Así­ que empezando el mes de diciembre prendió la mecha en la capital de la república y la gente salió a la calle, a derrumbar la estatua de Santa Anna en la plaza mencionada y se fue al cementerio por la pierna del dictador, la exhumó y la arrastró por las calles en una natural demostración de coraje contra el veracruzano. Santa Anna huye a su Veracruz pero es atrapado en Perote, encarcelado y exiliado. La historia deberí­a acabar ahí­, sin embargo, nuestro México es mágico y todaví­a hubo Santa Anna por un rato pues mandaron por él para que dirigiera la defensa cuando en 1846 Estados Unidos ya habí­a oficializado la guerra de invasión. El maestro José González Pedrero escribió una obra enorme en dos grandes volúmenes llamada "México, pa