18/May/2024
Editoriales

DUELO DE POETAS: SHELLEY V.S. QUEVEDO

En parte de un poema a la muerte de John Keats un poeta (1890s),y su aliado en contra de monarquía Británica;  y un memorial al Duque de Osuna, el líder de la facción anti Venecia en las cortes españolas cuando los Felipes III y IV  (1600s).  Yo voto por Quevedo sin negar que el poema de Shelley es estremecedor y que ambos sacuden el espíritu y que el tema de ambos es el mismo.

  Adonais de Percy B. Shelley

Murió Adonais y por su muerte lloro.

Llorad por Adonais, aunque las lágrimas

no deshagan la escarcha que les cubre.

Y tú, su hora fatal, la que, entre todas,

fuiste elegida para nuestro daño,

despierta a tus oscuras compañeras,

muéstrales tu tristeza y di: conmigo

murió Adonais, y en tanto que el futuro

a olvidar al pasado no se atreva,

perdurarán su fama y su destino

como una luz y un eco eternamente.

II

Oh poderosa madre, ¿dónde estabas

cuando él murió, cuando cayó tu hijo

bajo las flechas que lo oscuro cruzan?

¿En dónde estaba la perdida Urania,

cuándo él murió?... Con sus velados ojos

permanecía atenta entre los Ecos,

allá en su Edén… De nuevo vida daba

alguien, con suave y amoroso aliento,

a todas las marchitas melodías,

con las que, como flores que se mofan

del sepulto cadáver, adornaba

el futuro volumen de la muerte.

III

Llora por Adonais puesto que ha muerto.

Oh madre melancólica, despierta,

despierta y vela y llora todavía.

Apaga cerca de su ardiente lecho

tus encendidas lágrimas y deja

que tu clamante corazón, lo mismo

que el suyo, guarde un impasible sueño.

El cayó ya en el hueco a donde todo

cuanto hermoso y noble descendiera.

No sueñes, ay, que el amoroso abismo

te lo devuelva al aire de la vida.

Su muda voz la devoró la muerte,

que ahora se ríe al vernos sin consuelo.

Memorial Inmortal de Don Pedro Girón, Duque de Osuna, Muerto en la Prisión

Faltar pudo su patria al grande Osuna,

Pero no a su defensa sus hazañas;

Diéronle muerte y cárcel las Españas,

De quien él hizo esclava la Fortuna.

Lloraron sus envidias una a una

Con las propias naciones las extrañas;

Su tumba son de Flandes las campañas,

Y su epitafio la sangrienta luna.

En sus exequias encendió el Vesubio

Parténope, y Trinacria al Mongibelo;

El llanto militar creció en diluvio.

Diole el mejor lugar Marte en su cielo;

La Mosa, el Rhin, el Tajo y el Danubio

 

Murmuran con dolor su desconsuelo.