01/Mar/2024
Editoriales

Cantinas y lugares non Sanctos de Monterrey. Parte 1; La Colonia

Para abordar temas como los que hoy empezaremos a estudiar, es necesario partir de que en la conducta humana, todos los excesos son malos. Los placeres de la vida deben ser regulados conforme la conciencia personal de cada individuo y de que hay una justa medida para todo y que entre un “gusto” y un vicio existe una línea delgada.

 

Innumerables conductas pueden considerarse nocivas para la salud, sin embargo son parte de la naturaleza humana. En esta colección de artículos veremos la evolución en Monterrey de las cantinas y lugares non sanctos que para algunos son lugares de esparcimiento, y para otros, sitios donde entregarse a sus vicios y pasiones.

 

Los naturales de esta región eran abstemios

Cabe aclarar que los indígenas de la región jamás produjeron vinos o destilados, entre otras cosas, por falta de alfarería, y porque su vida nómada les impedía tener cavas. Para “aligerar su realidad” consumían hierbas u hongos alucinógenos, en consecuencia, es claro que la tradición de beber vinos llegó con los castellanos.

 

Por lo tanto, este estudio se aplicará a partir de la fundación de la Ciudad Metropolitana de Nuestra Señora de Monterrey, es decir, después del año 1596. Y los documentos a los que hemos tenido acceso dejan en claro que los gobiernos siempre han tenido acciones de control sobre las bebidas embriagantes y las actividades non sanctas como la prostitución, los espectáculos picarescos y los juegos de azahar.

 

Como el ejercicio de estas actividades es casi inevitable se optó por controlarlas, y una forma práctica es gravarse con impuestos y derechos. Se hizo tradicional que la bebida y los juegos de azahar legalizados generaran divisas, pero tras de estas lucrativas actividades legales generalmente se crea una criptoeconomía que las vuelve proclives a la comisión de delitos como explotación de otras personas, corrupción de menores, e impulso a la vagancia.

 

El alto consumo de alcohol entre los jóvenes

Era común que las familias hicieran sus propios fermentados en casa, de tuna o de manzanas silvestres, por ser frutas comunes en la región. En tanto que otras bebidas alcohólicas venían de lugares remotos, de la península ibérica o del centro de la República. Era usual que el pulque viniera de los Llanos de Apan en el actual estado de Hidalgo.

 

El alcohol era y es un tema ambivalente, debido a que puede considerarse como un acto voluntario de los adultos, pero es frecuente que se convierta en vicio o plaga entre los jóvenes: actualmente en nuestro estado el 17.4% de los alumnos de secundaria y el 49.6% de los alumnos del nivel preparatoriano tienen problemas de alcoholismo en diferentes grados.

 

 

Los miles de esclavos sexuales modernos

El ejercicio de la prostitución va más allá del libre derecho a disponer del cuerpo propio; pues en Nuevo León, de los 4900 esclavos modernos que se calcula existen -sin sueldo y trabajando a la fuerza-, más de la mitad son explotados sexualmente contra su voluntad. Además, un alto número de mujeres y niños son extraídos del estado con engaños o por la fuerza para ser explotados sexualmente en otras latitudes. Los números más conservadores hablan de 50 casos al mes y otros más crueles de 400.

 

Durante la colonia sólo se regulaba que el alcohol fuera potable 

y sana la prostitución

El alcohol y la “vida alegre” podrían parecer un aspecto pintoresco de la Ciudad pero en realidad representan una tragedia que en estos tiempos que corren lastima a miles de familias. Y no es fenómeno nuevo, pues desde la época colonial, la preocupación del gobierno monárquico español -ligado por su origen a la Iglesia Católica-, no le preocupaba tanto su afectación a la moralidad, sino más bien la sanidad comunitaria. 

 

En el comercio de alcohol sólo se vigilaba que fuera potable para que no dañara la salud; y en cuanto al comercio carnal, la preocupación era evitar la transmisión de enfermedades venéreas.

 

La lista de bebidas alcohólicas prohibidas

Existía una lista de bebidas prohibidas por ser nocivas para la salud. Aquí vemos este bando publicado en 1724 por Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte, que fue asesor de varios virreyes, avisando al gobernador que debía actuar destruyendo estas mercancías:

 

“Bandos, Don Juan de Acuña, Marqués de Casafuerte, por quanto la detestable malicia de muchos indignos, y desalmados hombres, haziendo con descarado abuso, publico alarde de sus delictos, sin temor, ni respecto á las Leyes, Cedulas Reales, Ordenanza, y otras repetidas prohibiciones, que han introducido, y se han estendido por todo el Reyno, muchos abominables generos de bebidas, como son Aguardientes de Maguei, de Caña, de Miel, Cantincara, Ololinque, Mistelas contrahechas, Vinos de cocos, Sangres de Conejo, Vingueles, Tepaches, Mescales, Guarapo, Vinagarrote, y otras muchas que con semilla de arbol del Perú.  Va dirigido al Governador del Nuevo Reyno de Leon, Firmas de el Marqués de Casafuerte.”

 

Al sorprender a una pareja en amancebamiento 

se multaba a la mujer y se castigaba más al hombre

En la época colonial, no se castigaba severamente a las mujeres que comerciaban con su cuerpo. Era común la aplicación de una multa, y darles trabajo de limpieza o arreglo en los templos, pues existía la esperanza de que tomaran el camino de la redención bíblica ejemplificado en María Magdalena. El término más utilizado era ‘amancebamiento’ aplicable tanto a la prostitución, como a las uniones libres, o esporádicas, y a la infidelidad. En general se repudiaba toda relación sexual fuera del matrimonio y en todo caso el más sancionado era el hombre casado.

 

La homosexualidad varonil se castigaba como Sodomía; la femenil se ignoraba

La homosexualidad entre varones llamada “sodomía” era castigada teóricamente con mayor severidad, pero en realidad sólo en casos extremos se castigaba con el destierro a otra provincia. La homosexualidad entre mujeres era un tabú completamente ignorado.

 

Sitios en donde había comercio sexual en Monterrey

La historia del comercio sexual en el Nuevo Reino de León cuenta con escasas referencias y es más bien tratado en trabajos de alcance nacional. La prostitución era ejercida en mercados, pulquerías, mesones, portales, callejones y en los límites de la Ciudad.  

 

Los principales lugares donde se ofrecía el comercio carnal era el Puente Real, que estaba donde hoy es la calle Hidalgo y 20 de noviembre; algunos puntos en la Vega del Río Santa Catarina y la Salida al Topo Chico en lo que hoy es la avenida Cuauhtémoc. Tras un arreglo económico entre los protagonistas se dirigían a algún jacal para sostener el ilícito encuentro ocasional.

 

En cuanto al consumo de bebidas alcohólicas, toda vez que nuestra Ciudad fue un asentamiento cuyas actividades eran plenamente de supervivencia, en los primeros años la convivencia con bebidas espirituosas se practicaba en las casas, labores o donde se pudiera.

 

Se castigaba, como ahora, más que al joven alcoholizado, 

al que bebido infringía la ley

No había una reglamentación para beber, ni siquiera límite de edad. Lo que sí se sancionaba era las consecuencias de beber, tal como en los tiempos actuales, siendo más penado y se aplicaba un mayor castigo a quien atropellara a otro con un caballo andando ebrio, que sobrio; o disparar un arma “de alegría” andando borracho. 

 

Las vinoterías o vinaterías fueron los primeros comercios de alcohol

Los primeros comercios destinados a la venta de alcohol eran llamados vinoterías o vinaterías. En esos lugares se vendían vinos y aguardientes del tipo español, así como los mesoamericanos pulques y mezcales. En estos comercios, además de alcohol, se vendía todo tipo de productos, y se podían consumir dentro del local o llevar un jarro para trasladarlos a otro lugar.

 

La primera tienda que vendía alcohol abrió en 1660 y en 1664 ya tenía competencia

El primer lugar para beber registrado en la Ciudad fue una tienda propiedad de Juan Martín Zarco. Lo sabemos gracias al Acta de Cabildo del 20 de enero de 1660, en la cual se detalla que en su tienda se vendía “azúcar, chocolate y además pulques y vinos de toneles” para llevar, o para tomar ahí. El espíritu de competencia se hacía presente en todas las actividades, así que para 1664 ya había otra tienda similar propiedad de Joseph de Cerda.

 

Las vinaterías no vendían comida ni había botanas

La costumbre era que en las  vinoterías o vinaterías no había comida, y para brindar ese servicio, se acomodaban mujeres con sus anafres para preparar alimentos calientes. Unas disponían guisos, otras tortillas en comales y, en pequeños cazos vendían porciones de alimento o servían ‘cucharadas’ directamente en las tortillas. No muy lejos de estos establecimientos normalmente estaban algunas mujeres ‘de vida alegre’. 

 

Un par de ejemplos del castigo al amancebamiento

Cuando se llegaba al extremo del escándalo, las autoridades actuaban, como vemos en estos casos: 

 

En 1646 se acusa a dos mujeres de ejercer el comercio carnal:

se le dió cuenta con la causa instruida en el Juzgado de instancia en el ramo criminal de este Distrito a Luz García y Dolores Solis por amancebamiento escandaloso y otros excesos

 

En el año de 1697 se procesó a José de la Vera por amancebamiento. Su condena fue solo pagar un marco de Plata y los gastos que causó su encarcelamiento.

“Auto del gobernador don Juan Pérez Merino condenando a José de la Vera, mestizo, casado e impedido de la vista en un marco de plata y demás costas de carcelaje, por haberle sorprendido infraganti en amancebamiento con mujer soltera.”

 

En 1790 ya existían cuatro vinaterías en Monterrey

Un siglo después de estos acontecimientos, en el año de 1790 ya había establecidas en la Ciudad cuatro vinaterías. No hay en los archivos mucha información, pero es claro que estos comercios no eran tiendas exclusivas para la venta de alcohol, sino que también vendían abarrotes o eran tiendas generales donde se vendía de todo, desde áridos, harinas, legumbres, baños, mecates, veladoras, y hasta arreos de campo. 

 

Los escasos datos rescatados de las cuatro establecimientos son estos:

El primero de ellos era propiedad de José Pariente. El segundo de Juan Viterbo de Olivares, quien fuera acusado en 1750 de vender aguardiente adulterado, con un proceso cuyo resultado fue la destrucción de la bebida ilegal y una multa económica.

 

 El tercer establecimiento era de Valentín Galindo y el cuarto pertenecía a Bernardo Quiróz que estaba establecido en los arcos de las Casas Reales. Este señor Quiróz fue acusado en 1818 de introducción clandestina al país de seis barriles de caldos de uva… “tres de aguardiente y tres de vino”, seguramente de la Luisiana Francesa.

 

La vagancia era más castigada que la prostitución y el alcoholismo

Más que el alcoholismo o la prostitución, la Corona española trataba de combatir “a los vagos”, es decir, a las personas improductivas y a las que dilapidaban fortunas. Las sanciones eran más correctivas que coercitivas, pues una vez detenidas se entregaban a un taller o una hacienda para que aprendieran algún oficio.

 

Para combatir la vagancia, existían desde antiguo las Leyes de Vagos. Aparecieron publicadas por primera vez en 1505 en las leyes del Toro (Antiguo ‘Código Penal’ que los Reyes Católicos formaron en 1505 en la Ciudad Del Toro), y en la Nueva Recopilación de Leyes de Castilla de 1567, pero estuvieron en vigor en Nuevo León hasta 1874 cuando se publicaron los códices penales y de procedimientos penales.

 

Se perseguía a los músicos de cantina que no tuvieran ‘un oficio productivo’

En la primera fracción del apartado de vagos no se castiga la asistencia al juego o la prostitución en las tabernas, sino a dejar las actividades productivas por estar permanentemente “de fiesta” y en el segundo se castigaba igualmente a los músicos que sólo trabajaban en los expendios de alcohol sin tener un oficio aparte:

 

“Se declara vagos:

3o. Los que aún cuando tengan alguna renta, o patrimonio no tienen otra ocupación que la de asistir a las casas de juego ó dé prostitución y á las tabernas.

7o. Los que no tienen más ocupación que dar músicas con arpas vihuelas ú otros instrumentos en las vinaterías o bodegones.”

 

A mediados del siglo XVIII aparecieron los Bodegones, antecedentes de las cantinas

Para 1750 aparecen en el Nuevo Reino de León los llamados bodegones, que ya eran más parecidos a nuestras actuales cantinas. En esos comercios se vendían barriles de bebidas para llevar a casa o a alguna fiesta, y además se vendían tarros de bebidas para consumirse ahí mismo. Ya no se vendían otras mercancías, por lo que la prostitución y los juegos de azahar eran parte del bodegón.

 

Dominio comercial de los vinos de Parras, Coahuila

En esa misma época empiezan a predominar los vinos de uva traídos de Parras, Coahuila, y los aguardientes de la Punta de Lampazos. Igualmente comenzó la afición a la cerveza, pues traían buenas cantidades de la Ciudad de México, bebida que a falta de hielo se tomaba tibia. En estos bodegones había una barra sin banquillos, y un patio donde estaba la letrina. 

 

Las primeras dos cantinas de Monterrey

Poco se sabe de la ubicación de las primeras cantinas en la Ciudad, acaso hay evidencias de que una de ellas estaba en los “Portales de las Casas Reales”, otra cerca de la “salida del Sur” como se conocía lo que hoy es la calle Escobedo y la ribera del Río Santa Catarina. Además se puede identificar otra cantina más al norte de la “Arboleda Antigua” por la actual calle de Washington entre Doctor Coss y Arista. De las otras cantinas no hay rastro de su ubicación. 

 

Denuncian al alcalde de Monterrey porque le gustaban las ‘compañías alegres’

Desde luego que siempre han existido recursos de combate a la autoridad cuando sus actos son ilegales o fuera de lo normal. Tal fue el caso que se presentó en el año de 1777 cuando el propio Cabildo de Monterrey dio cuenta al Obispo de Guadalajara y al Virrey que el alcalde Antonio Silverio de Verridy, gustaba de ‘las compañías alegres’.

 

“Cuadernillo formado por el correo de mayo de 1777 dirigido al virrey, en la primera carta se da por desentendido de los procedimientos de Antonio Silverio de Verridy [en otros documentos aparece como Berridi], alcalde provincial de esta Ciudad, ante las repetidas quejas de sus violencias; se adjuntan diligencias para su resolución sobre el mismo Verridy, en foja suelta se continúan las quejas hablando de amancebamiento del dicho alcalde, asunto que se trata ante el visitador por el Obispo de Guadalajara”.

 

La denuncia en contra del alcalde prosperó, pero fue tan largo el juicio que cuando se resolvió en definitiva ya había terminado su periodo y sólo se le amonestó. 

 

A grandes rasgos así se inició el negocio de las cantinas y lugares nonc santos en Monterrey, y se mantuvo más o menos igual hasta el fin de la Colonia. 

Continuará…

 

 

FUENTES

 

https://www.revistas.usach.cl/ojs/index.php/politicas/article/view/4383/26003562

http://www.cij.gob.mx/ebco2018-2024/9550/CD/9550_ENCODE_2014.pdf

https://news.un.org/es/story/2022/09/1514261

La prostitución en los siglos XVI y XVII. Una alternativa para la supervivencia femenina, Ana María Atondo, INAH

Leyes del Toro

Nueva Recopilación de Leyes de Castilla

ARCHIVO HISTÓRICO DE MONTERREY 

COLECCIÓN:

Civil, volumen 22 expediente 18 folio 9

Civil, volumen 242, expediente 15

Bandos, volumen 5, expediente 1, folio16

Criminales, año 1646, 1697, 1777

Diccionario Razonado de Legislación Civil, Penal, Comercial y Forense, Joaquín Escriche, UNAM, Colegio de México, Facsímil 1998