18/Apr/2024
Editoriales

Monterrey y el agua, una relación agridulce. Parte 3

Comenzaré aclarando que en la segunda parte de esta colección garrapateé que Monterrey llegó a principios del siglo XX a 200 mil habitantes, cuando esa cantidad era de Nuevo León. Al inicio de 1905 Monterrey tenía 73 mil 500 habitantes. Las viviendas del centro y de las familias acomodadas para abastecerse de agua tenían sus propias norias, algunas de ellas equipadas con bombas accionadas por “papalotes”. 

 

El sector industrial con fábricas de cerveza, de vidrio y de otros productos, se ubicaba al norte de la actual Avenida Colón. Por ese mismo rumbo había también labores regadas por acequias, entreveradas con viviendas de jacales rentados por familias de migrantes en terrenos que habían sido escamoteados a la agricultura. Las fábricas tenían sus propios pozos de agua accionados por primitivos motores de combustión interna, mientras las familias tomaban agua de norias comunitarias y utilizaban las acequias como drenaje.

 

En el poniente, la zona del Barrio del Mediterráneo era mitad agrícola, y mitad urbana, con cuartos insalubres y hacinados donde vivía un gran número de familias. En cuanto a los desechos humanos, sin un buen sistema de drenaje, todos se vertían al Santa Catarina, y escurrían al oriente acumulándose en El Ancón cercano al Vado, en donde está ahora el Puente de Guadalupe. Esa parte del Río se anegaba de inmundicias generadas por la creciente población de Monterrey, de Guadalupe, y buena parte de la industria. 

 

Además, el rastro o matadero de la Ciudad se ubicaba en la Colonia Independencia en las calles de Occidente y 16 de septiembre, a unos metros de las riveras del Río Santa Catarina, con todos los elementos contaminantes que representa. Sus residuos se vaciaban también al Santa Catarina, y hasta años después, en 1932 el alcalde Generoso Chapa Garza y un grupo de productores y expendedores de ganado, construyeron un nuevo rastro en la colonia Progreso con drenaje de “trampa de grasa”.

 

La ausencia de lluvias tenía postrada a la Ciudad

En fin, se apostaba todo a las benéficas lluvias, tanto para las cosechas como para la limpieza del cauce. Ante la falta de agua, el gobernador Bernardo Reyes estudió por un par de años la posibilidad de construir una presa aguas arriba, en un lugar cercano a donde ahora se encuentra la Rompe-Picos, pero en 1905 se determinó que no era viable detener la fuerza de las aguas cuando llegara un ciclón, o una temporada larga de lluvias, pues la ingeniería de entonces era limitadaContinuaba vigente la relación agridulce de Monterrey y el agua, es decir, faltaba mucha o sobraba demasiada.

 

El Ayuntamiento era el responsable, según el artículo 7 del Gobierno Interior de los Distritos, del manejo de las aguas. Pero como nadie está obligado a cumplir con lo imposible, a todas luces en tiempos de estiaje era incapaz de cumplir esta obligación, y cuando había lluvias fuertes, la fuerza de las aguas se encargaban, sin necesidad de intervención de la autoridad municipal, de hacer su labor de asepsia y de elevar el nivel freático de toda la región. 

 

El mencionado artículo 7 de la Ley de Gobierno Interior de los Distritos decía:

 

7. Son obligaciones de los Ayuntamientos 

 

VI. Hacer que constantemente estén limpias las acequias y toda clase de acueductos;

 

VIII. Cuidar de la desecación de los pantanos y de que se dé corriente á las aguas estancadas é insalubres; tanto de dentro como fuera de la población…

 

IX -Cuidar de que las fuentes públicas estén bien conservadas, cercadas, aseadas y con buenos plantíos de árboles, para facilitar la abundancia de las aguas”.

 

En tiempos de estiaje la gente perforaba sin ningún orden el subsuelo buscando agua proveniente de escurrimientos o cuerpos de agua naturales o artificiales; y los residuos domésticos e industriales eran desechados igualmente, en forma por demás anárquica.

 

Otorga Bernardo Reyes el monopolio del agua a empresarios canadienses

 

Como no existía en la Ciudad ninguna empresa o institución que pudiera dar un servicio moderno, el gobierno de Bernardo Reyes tomó cartas en el asunto. Sin modificar la Constitución para entregar al Estado los servicios de agua, emitió el decreto 57, avalado por el H. Congreso del Estado en noviembre cuatro de 1904, que fue promulgado el siguiente día ocho, elevando al rango de Ley un Contrato para el servicio de agua y drenaje y aprovechamiento de aguas para riegos y fuerza motriz.

 

El gobernador Reyes, en representación del estado y del municipio de Monterrey, otorgó a los canadienses James D. Stocker y William Walker el monopolio del agua en la Ciudad, y en mayo de 1906, estos empresarios canadienses constituyeron la empresa Compañía de Agua y Drenaje de Monterrey, S. A. (The Monterrey Waterworks and sewer Company Limited). El Ayuntamiento hubo de indemnizar a los antiguos titulares de las mercedes de agua que se negaban a entregarlas a la compañía canadiense, y se canceló el agua otorgada al Hospital San Vicente.

 

Esta agua concesionada al Hospital San Vicente venía de la antigua tubería de 1879, construida por Genaro Garza García: 

 

“Sesión ordinaria verificada el lunes seis de Febrero de mil novecientos cinco. Presidencia del Dr. Martínez. A la hora reglamentaria y con asistencia de los C.C. Munícipes Villarreal Fortunato, Gutiérrez, Martínez Cantú, Treviño Angel, García, Morelos Zaragoza, Villarreal Miguel, Cantú José María y Morales, se abrió la sesión y aprobada el acta de la anterior la Secretaría dio cuenta con los siguientes negocios. De la Secretaría del Gobierno participando en su oficio no. 7379 del 23 del mes anterior, que el Señor Gobernador se sirvió aprobar la reforma del artículo 61 del Reglamento para Corridas de Toros, vigente en esta Municipalidad, en los términos propuestos por este R. Ayuntamiento. Se dispuso que fuera publicada la reforma dicha para los fines legales. De la misma Secretaría comunicando en su nota no. 7970, de 4 de este mes, que el Señor Gobernador tuvo a bien conceder gratuitamente y perpetuidad, al Hospital de San Vicente, ubicado en esta capital, trece milímetros de agua de la ciudad, para su uso exclusivo, de la que pasa por la Caja del Agua, con la obligación por parte de la Asociación que sostiene aquel establecimiento de beneficencia, de construir sus expensas la tubería correspondiente”. 

 

Coincide el crecimiento industrial -y la contaminación agresiva- con 

el inicio de la Compañía de Agua y Drenaje

El inicio de operaciones del servicio de agua por la empresa canadiense, coincidió con el crecimiento industrial de la Ciudad, inaugurándose el proceso de contaminación ambiental de Monterrey. Aparecieron en el drenaje elementos inorgánicos y químicos, que algunas industrias y la propia Compañía de Agua y Drenaje emitían, además de contaminantes aéreos de los motores de combustión interna que consumían combustibles sucios -querosenes, combustóleos, gasolinas blancas-, y los aceites ya inservibles de los motores que se vertían en drenajes, cauces naturales, o en la tierra.

 

Desaparecen las presas urbanas y nace El Canalón

En estas condiciones, en 1909 la Ciudad fue sorprendida por la gran inundación que mató a más de 5 mil de las 77 mil personas existentes. La empresa canadiense apenas había hecho algunos trabajos de drenaje que a todas luces eran insuficientes para las crecientes necesidades, y además las dos presas urbanas -La Chica y La Grande- se desbordaron inundando viviendas y negocios. Esto obligó a la desaparición de dichas presas y a canalizar el Río Santa Lucía, obra que se conoció como El Canalón.  

 

Regresando a la empresa de agua y drenaje, con el crecimiento urbano se evidenció que sólo prestaba servicio a quienes podían pagar las conexiones, por lo que nunca alcanzó a cubrir más del 40 por ciento de la población. Así que el 60 por ciento restante seguía con los primitivos métodos de norias, acequias, letrinas y papalotes.

 

Los empresarios canadienses venían a hacer negocio, no a dar servicio

Sólo prestaba el indispensable servicio a particulares e industrias que pudieran pagar además de las tarifas, la infraestructura necesaria para darles servicio. Se daba el lujo de escoger clientes, el Mercado Colón, como no era un cliente muy atractivo, tuvo que recurrir al Ayuntamiento para que se le conectara a la red de agua potable.

 

“Acta número 36, treinta y seis. Sesión ordinaria del día 14 catorce de agosto de 1911 mil novecientos once.= Presidencia del Señor Alcalde primero Doctor Fermín Martínez= Abierta la sesión las cuatro y media de la tarde se leyó el acta anterior... Los Señores Ernesto Treviño y Macedonio Roel, arrendatarios del Mercado Colon solicitan se provea a dicho Mercado del Servicio de drenaje y agua potable con lo que remediaran serios inconvenientes que está acarreando la falta de esos servicios”

 

Se conectaban a la red de agua potable las empresas pero sólo para uso de oficinas, algunas fábricas que no tenían pozo propio y la gente pudiente. El agua para las clases populares se seguía tomando de norias y pozos en muchos casos irregulares.

 

Poco a poco los canadienses, forzados por el gobierno y por el crecimiento de la clase media, fueron ampliando sus redes para mejorar los sistemas de agua entubada, y con ello Monterrey fue adquiriendo el aspecto de una Ciudad moderna.

 

Para el año de 1920 la población de Monterrey se duplicaba alcanzando casi 96 mil habitantes y la empresa no mejoraba sus servicios de distribución de agua. Esto se explica viendo que sus ganancias eran importantes por lo que ya no querían arriesgarse ‘vendiendo’ agua a nuevos clientes. Su padrón de usuarios se congeló. 

 

En 1939 había 180 mil habitantes y las enfermedades gastrointestinales de las clases populares se convirtieron en un problema de salud pública, pues la compañía mantenía a más de la mitad de Monterrey sin agua ni drenaje. 

 

La primera crisis moderna de escasez de agua en Monterrey

No se explotaban ni se exploraban nuevos acuíferos ni siquiera se reponían las redes dañadas por el uso. Esto causaba que más de la mitad del agua se fugara, iniciándose la primera crisis moderna de escasez de agua y no había proyectos para nuevas fuentes de abasto ni para ampliar las redes y cada vez se aumentaban más las cuotas.

 

En 1943 ya había en Monterrey 214 mil habitantes, por lo que el Cabildo llamó a una sesión extraordinaria porque uno de los regidores presentaría un informe oficial de la situación:

 

“Acta de la esta sesión (extra)ordinaria celebrada por el R. Ayuntamiento de la Ciudad de Monterrey, N.L. el lunes 19 de julio del corriente año, bajo la presidencia del C. Presidente Municipal, Constancio Villarreal, y con asistencia de los CC. Regidores Carlos, López Solis, Ramón Tijerina, José de la Cruz, Alfredo Juárez, Virgilio Cárdenas, Bonifacio Salazar, Francisco Morales, Ramón Moreno, Hilario Martínez, y Alberto Siller, y de los Síndicos 1o. y 2o. Encarnación H. Espinosa y Genaro Peña, respectivamente… .- En seguida, el Secretario del Ayuntamiento da lectura a un informe presentado por el Regidor de Alumbrado, Sr. Alberto Siller, en el que asienta que los servicios de agua y drenaje no existen en las Colonias de la población y que eso es motivo de un sin número de enfermedades, que perjudican a la clase trabajadora. El Regidor Siller, transcribe en su informe alguno de los Artículos que contiene el contrato concesión con la Cía. De Agua y Drenaje, que tiene relación directa con el problema que se plantea. Se refiere también al servicio de alumbrado de la Ciudad y argumenta que la Cía. de Luz, Agua y Drenaje, no ha hecho ninguna concesión con objeto de extender las líneas a las diversas Colonias, concentrándose unicamente a la conservación de las que ya existen. El Cabildo aprueba el informe”.

 

Con la opinión del Cabildo de Monterrey, el gobernador Arturo B. de la Garza 

‘se pone las pilas’ y actúa con firmeza

El mal servicio se había convertido en un reclamo social, pues no era realmente un servicio sino simplemente un negocio. La empresa canadiense no mostraba intención de mejorar el servicio, lo que motivó al gobernador Arturo B. De la Garza a tomar medidas radicales que iniciaron con la elaboración de un informe pormenorizado de la situación de la empresa que sólo daba servicio al 40% de la población, pero seguía gozando del monopolio y los derechos de extracción del agua.

 

La solución propuesta por el gobernador De la Garza fue ambiciosa: comprar la empresa y construir otra estatal con la misión de dar servicio sin carácter lucrativo. Y de inmediato inició los trámites en 1945, pues ya eran 224 mil los habitantes de la Ciudad.

 

Esta futura empresa estatal, proponía Arturo B. de la Garza, tendría grandes retos tecnológicos y sobre todo la premura del tiempo pues la escasez de agua impactaba en la salud pública tanto en enfermedades gastrointestinales como dermatológicas pues para muchas familias bañarse era un sueño inalcanzable.

 

Además se seguían explotando los mismos acuíferos de la era de Bernardo Reyes, que daban servicio a una población de 70 mil habitantes cuando Monterrey ya era una ciudad que volaba para tener 300 mil. Los equipos eran obsoletos, las líneas de conducción fugaban más de lo que entregaban y seguían autorizándose colonias que no tenían esperanza de acceso al agua.

Continuará…

 

 

Fuentes 

 

Actas de Cabildo del: 6 de febrero de 1906, 14 de agosto de 1911, 19 de junio de 1943.

Informes de Gobierno del gobernador Arturo B. De la Garza. 

Congreso del Estado.

 Inegi