05/Mar/2024
Editoriales

Las cantinas y lugares ‘non sanctos’ de Monterrey, segunda parte

En el texto anterior vimos el inicio de las cantinas y lugares ‘non sanctos’ durante la Colonia. Ahora veremos cómo se desarrollaron estas actividades lucrativas entre la consumación de la Independencia, de Septiembre de 1821, a febrero de 1861, fecha en que se promulgó la Ley de Imprenta, una de las Leyes de Reforma que influyeron en el tema, pues continuaba en la nación el régimen moral católico imperante desde la Colonia.

 

El vino destilado era más potable que el agua

La vida cotidiana de la Ciudad no había cambiado en lo referente al consumo de alcohol. No había limitaciones de edad mínima ni sociales y seguía regulándose sólo la potabilidad de la bebida. La razón de esto es que un vino bien destilado era más saludable que el agua de las acequias y de las norias que estaban cercanas a las letrinas.

 

Seguía castigándose más al hombre por participar en el comercio sexual 

Y en cuanto al comercio sexual, continuaba basándose en la esperanza de la corrección de las mujeres, mientras que a los hombres se les multaba u obligaba a realizar trabajos forzados. También había laxitud legal con la homosexualidad femenina que seguía siendo ignorada, pero la masculina era duramente castigada.

 

Lo que sí modificó todos los aspectos de la vida de nuestra Ciudad fue la inestabilidad político-militar, pues afectó mucho la economía, así como casi todas las actividades públicas y privadas de los regiomontanos y neoloneses en general.

 

El temor a los movimientos separatistas militarizó el país

Monterrey,  como el resto de las Provincias Internas de Oriente, a cargo de su comandante Gaspar López, un leal imperialista, estuvo en relativa calma durante el Imperio de Agustín I (mayo de 1822 a marzo de 1823). Sin embargo, a su caída, el Triunvirato de Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo, y Pedro Celestino Negrete, veía peligro en la permanencia de las Provincias Internas de Oriente, de Jalisco, Yucatán y las Provincias centroamericanas.

 

Para asegurar su permanencia dentro del país, y no correr el riesgo de que se pulverizara la nación, los triunviros decidieron que a partir de mayo de 1823 se enviaran tropas del ejército nacional a todos los rumbos del país, especialmente en las provincias mencionadas. Y para fortalecer al ejército, se echó mano del reclutamiento forzoso o Leva, en todas las provincias. 

 

La implementación de la Leva destrozó a muchas familias

Pero la Leva generó fragmentaciones de varias familias que vieron derrumbarse su economía, pues sin los hombres de la casa, se abandonaron las tierras de cultivo porque el pater familias que no aceptaba sumarse al ejército, tomaba las armas para irse de bandolero, o huía sin regresar más a su hogar. Del que se enrolaba en el ejército al menos se sabía en dónde andaba. 

 

Muchas familias se quedaron sin cabeza, pues sin los varones que proveían lo necesario para el sustento abandonaron sus tierras cayendo en la miseria y, por si fuera poco este daño, al paso de los contingentes muchos soldados se robaban mujeres, víveres, bienes, o todo junto. Esto propició que algunas mujeres buscaran otras alternativas para mantener a sus familias, y no todas tenían preparación para encontrar empleo digno.  

 

Convencen autoridades locales al ejército que iba a Texas de no entrar a Monterrey

En junio de 1823 un regimiento a cargo de José María Allande (Duranguense teniente de caballería que dirigió tropas en Tejas y fue quien condujo a Hidalgo al cadalso) que iba de Saltillo al Béjar, saqueó todas las haciendas a su paso. Así que el alcalde de Monterrey José Bruno de la Barrera y el gobernador José Antonio Rodríguez buscaron y convencieron a Allande de pasar por la ribera sur del Río Santa Catarina; sin entrar a Monterrey.

 

A pesar de la distancia comerciantes de alcohol y sexo hicieron negocio con soldados

Allande acampó en la Garita (en la hoy Colonia Nuevo Repueblo) hasta donde fueron muchos comerciantes de víveres y de alcohol a vender sus productos al ejército. Igualmente quienes ejercían el comercio sexual buscaron la forma de ganarse algunas de las abundantes monedas que traían los militares. Entre estas personas estaban algunas mujeres e incluso menores que apenas se iniciaban en esa denigrante actividad, pues la severa crisis económica empezaba a mostrar sus ominosos signos. 

 

Llega a Monterrey Anastasio Bustamante con el Ejército de Oriente

Después enviaron a nuestra región al mando del Ejército de Oriente, al médico vallisoletano y brigadier Anastasio Bustamante para controlar Coahuila, Texas, Tamaulipas y Nuevo León. Este futuro presidente de México estableció en Monterrey su cuartel general y como no existía un campo militar, sus huestes se concentraron en el inconcluso Nuevo Hospital (actual Centro Cultural Colegio Civil) desde donde se distribuían las tropas a toda la región. 

 

En las cercanías del Colegio Civil se concentran cantinas y lugares non sanctos

Esta movilización de soldados propició que, alrededor de este cuartel, se instalaran negocios fijos y semifijos de alimentos y bebidas, así como numerosos jacales en los que se vendían “amores”. Abro paréntesis para mencionar que el edificio del actual Centro Cultural Colegio Civil fue cuartel del Ejército de Oriente en junio de 1824 siendo presidente Guadalupe Victoria y dejó de serlo en 1833 en tiempos de Santa Anna. Cierro el paréntesis.

 

Llega el pulque y la cerveza

Los  aguardientes locales comenzaron a ser sustituidos por pulques de los Llanos de Apan y por la cerveza que producían los nuevos colonos sajones en Texas. Cientos de barriles cerveceros llegaban a la Ciudad, a pesar de que se bebía tibia por las altas temperaturas regionales y la falta de hielo. La cerveza es, desde entonces nuestra bebida favorita. Por cierto, era menos burbujeante, solo tenía el gas de la fermentación, y hoy se le carbonata.

 

Además de la cerveza tejana, llegó la de Justino Tuallión, la más popular en todo el país durante los primeros años del México Independiente, llamada “Del Hospicio de Pobres”. El nombre era porque se fabricaba en la calle Revillagigedo de la Ciudad de México, cerca de una institución que apoyaba a los pobres. Esta bebida alcohólica moderada se vendía en barriles para llevar, o en tarros en todo tipo de comercios.

 

Intento de España de reconquistar a México

La siguiente gesta militar sería el intento de reconquista de España a cargo del brigadier Isidro Barradas, quien desembarcó en Tampico en Junio de 1829. Pero la fortuna estuvo en favor nuestro, pues las condiciones climáticas impidieron por unos días que la flota de Barradas tocara tierra, lo que dio tiempo al gobierno de Vicente Guerrero de preparar la defensa que encomendó a Antonio López de Santa Anna y a Manuel Mier y Terán.

 

La movilización de voluntarios a defender la patria deja más familias abandonadas

El gobernador Joaquín García envió una numerosa tropa de voluntarios y reclutas; muchos de los cuales ya no regresaron con sus familias por quedarse en el ejército, orillando a las mujeres a buscar el sustento familiar de cualquier manera.

 

Se establecen en los caminos cantinas y lugares non sanctos

Esta nueva aventura militar del año 1829 y después la de 1830 que requirió movilizar tropas de la Capital del país a Texas, provincia que ya empezaba a dar señales de separatismo, dio pie a que en las orillas de los caminos se establecieran permanentemente cantinas, mesones y centros de prostitución.

 

Se instalan once comercios de alcohol en la comarca de Monterrey

En la Ciudad de Monterrey existían en 1836 las mismas cuatro vinoterías (vinaterías) de la época colonial, pero en su comarca se instalaron once, principalmente en las entradas de Saltillo, de Tamaulipas y rumbo a Texas, es decir, al poniente, al sur y al norte, respectivamente. Y durante la Guerra de Texas, de 1835 a 1846, estos negocios prosperaron mucho. 

 

Esto indica que en la Ciudad había una relativa tranquilidad y las actividades Non sanctas seguían siendo toleradas con discreción, porque en los paraderos de los caminos había  tugurios para el esparcimiento de los soldados.

 

El invasor gringo potenció los negocios de billar, alcohol y sexo

Desafortunadamente la Guerra de Texas terminó siendo la Invasión Norteamericana. La Ciudad de Monterrey fue gobernada militarmente por una comandancia norteamericana, y sólo el Cabildo Regiomontano funcionaba como institución gubernamental mexicana. El invasor norteamericano, gobernantes y soldados, hizo crecer los negocios de venta de alcohol, así como los de prostitución. Estos negocios dejaron de ser vinoterías para convertirse en bares, cantinas y salones para que los sajones ‘se sintieran en casa’..

 

En Acta de Cabildo del 19 de octubre de 1846, encabezado por José María de la Garza García, se pedía al gobierno invasor norteamericano que pusiera guardias em esos negocios  porque los soldados norteamericanos ebrios abusaban de los parroquianos.

 

Así que para 1847, a un año de estar ocupada la Ciudad por los norteamericanos, los “centros de venta de alcohol” habían aumentado a 8 billares, 3 fondas de primera clase, (una, propiedad del norteamericano James V. Kelly); 7 fondas de segunda clase, entre ellas las de James Keogh, Carla Cristy, A. H. Robert, y William Windewod y compañía, mientras las demás eran de reineros.

 

Luego de la invasión, abrieron en la Ciudad 14 cantinas adicionales

Terminada la desastrosa invasión, la Ciudad sincretizó las costumbres norteamericanas y las tradiciones hispanas. Para 1853 -al inicio de la dictadura de Santa Anna-, además de los negocios de los norteamericanos que se avecindaron en la Ciudad, ya existían otras 14 cantinas.

 

Combate la Ley de Imprenta a los vicios

Luego de que cayó Santa Anna, vino la Reforma. Y como dijimos al principio de este texto, la Ley de Imprenta de 1861 o ‘Ley Zarco’ implantó en el derecho mexicano el combate a los vicios. En su artículo 4º se establecía:

 

“4º.- Se falta á la moral defendiendo, ó aconsejando los vicios ó delitos.

 

La Guerra de Reforma y la invasión francesa impiden combatir vicios

Esto demuestra que las Leyes de Reforma provocaron las diferencias con el Partido Conservador , desencadenándose La Guerra de Reforma o de los Tres Años (1857-1862) y propició la Invasión Francesa con su fallido Imperio  (1862-1867) impidiendo, entre otras cosas importantes que el gobierno nacional combatiera los vicios.

 

El invasor francés impulsa la música en las cantinas y en las plazas públicas

Como nuestra Ciudad fue después gobernada intermitentemente por el Imperio francés -de los años de 1864 a 1867-, varios elementos culturales franceses se incorporaron a nuestras formas de diversión:

 

Tal vez el más importante es que se aceptara la música en los expendios de alcohol y en las plazas públicas. Además trajeron los acordeones, algunos instrumentos de viento como el clarinete y las trompetas -que aunque ya se usaban-, no se habían popularizado, y el contrabajo que, en lugar de tocarlo con arco, se rasgan las cuerdas y le llamamos tololoche.

 

Los invasores franceses fomentaron las cantinas y casas de citas lujosas

Además, con los invasores franceses se dieron las diferencias entre cantinas y prostíbulos. Se dividieron en: cantinas solo para varones, sin prostitución; casas de citas que podrían ser de hombres o mujeres, y surgió una nueva clase de cantinas limpias y elegantes, exclusivas para las clases altas. Ya para el año de 1867 había 29 negocios entre cantinas y lugares nonc santos.

 

Desaparecen las comideras (mujeres que preparaban comidas en anafres)

y llegan las botanas

En esa época llamada por algunos como ‘De la elegancia’, desaparecieron las comideras que preparaban alimentos afuera de las cantinas y aparecieron los comerciantes de botanas: chicharrón durito con salsa, cacahuates, huevos cocidos con una pizca de sal de grano, charales, frituras de harina y maíz; además, empezaron las cantinas con su propia cocina.

 

Pero una vez restaurada la República en 1867, iniciaría el combate a los vicios en general.

Continuará…

 

FUENTES

 

ARCHIVO HISTÓRICO DE MONTERREY

COLECCIÓN MISCELÁNEOS: 1836, 1846, 1847, 1853, 1867

David Alberto Cossío, Obras Completas, Congreso del Estado.

Leyes de Reforma, Blas José Gutiérrez Flores Alatorre, 1869.