13/Apr/2024
Editoriales

Monterrey y el agua, una relación agridulce. Parte 2

 

Para el año de 1780 la ciudad atravesaba su primera crisis hídrica. El Río Santa Catarina estaba seco, solo escurrían aguas de las irrelevantes lluvias y los desechos de las tenerías, por lo que la mayor parte del año había sólo aguas estancadas que eran criaderos de mosquitos. Solo en las reducidas épocas de lluvia sus aguas se aprovechaban para la agricultura o para el uso doméstico.

 

Por su parte, el agua del Río Santa Lucía se distribuía a través de acequias a los solares urbanos. Con esas aguas se regaban las labores, sin embargo, como el preciado líquido se utilizaba para todo: consumo humano y animal, para el aseo, para la cocina y el desagüe, comenzó una escasez creciente y la calidad del agua fue decayendo.

 

El Año del hambre fue producto de la sequía

La sequía tornó crítico el escenario para la agricultura y ganadería, al grado que el año de 1786 fue conocido como el “año del hambre” aunque en realidad el hambre y la escasez se extendieron desde 1784 hasta 1787.

 

Coinciden dos transformadores urbanos

Sin embargo, en esos tiempos hubo la feliz coincidencia de que los representantes de los máximos poderes, el político y el religioso, fueran dos de los grandes transformadores urbanos de la época colonial. El gobernador del Nuevo Reino de León era Simón de Herrera y Leyva, que gobernaría de 1795 a 1805, mientras el obispo fray Rafael José Verger y Suau, ocupaba la cátedra de Linares de 1783 hasta 1790.

 

La sequía era también de dinero

Además de agua, había también sequía económica pues todas las Españas, y desde luego el Nuevo Reino de León, sostenían los gastos de la llamada Guerra del Rosellón, que se peleaba en las fronteras de España y Francia en Europa, así como en la frontera de la Isla Española en lo que hoy son Haití y la República Dominicana. Además se mantenía un fuerte ejército en la frontera de la Louisiana -francesa- y Texas -española-, donde había un potencial enfrentamiento.

 

Ambas crisis, económica e hídrica, tenían acorraladas a la Corona y a toda la población. Pero el obispo Verger, cumpliendo con la instrucción de Roma, dignificó la Mitra de Linares, acelerando la construcción de la Catedral y edificando el Palacio de Guadalupe, conocido como El Obispado, con su respectiva derrama de recursos entre los reineros. Además, el Obispo -hombre inteligente y audaz-, ideó un sistema de captación de agua de lluvia aprovechando los escurrimientos del Cerro del Obispado y de unos ojos de agua cercanos. 

 

Construye el obispo Verger el tanque del Obispado con su acueducto

Verger construyó un tanque de almacenamiento del que partía un acueducto paralelo al Camino Real, hoy calle Hidalgo, con agua potable exclusiva para el consumo humano. Ese acueducto que inició su construcción en 1787 corría rumbo a la Ciudad y en la Plaza de la Purísima se instaló una caja de aguas, es decir, una pileta donde la gente podía tomar agua en jarrones para beber y cocinar. 

 

El acueducto llegaba hasta la Plaza del Mesón

Obvio es decir que la diferencia altimétrica entre el Obispado y la Ciudad le daba la fuerza de gravedad al contenido del acueducto, así que el suministro se extendía hasta la llamada Plaza del Mesón que hoy se conoce como Plazuela de Morelos -actual intersección de Morelos e Hidalgo-, en donde se instaló otra caja de agua limpia.

 

La gente tenía agua para beber pero la agricultura agonizaba

Esta obra tuvo un gran impacto favorable en la salud de la población, sin embargo, la agricultura seguía en desgracia por la sequía. Los cultivos del centro se perdían y debían traerse de la Comarca de Monterrey -hoy parte de los municipios conurbados- que también crecía en población aumentando sus necesidades. El actual casco de Guadalupe y el llamado Ancón eran los lugares más afectados, pues sus tierras se regaban directamente del Río Santa Catarina.

 

Por su parte, el virrey de la Nueva España, Miguel de la Grúa Talamanca de Carini y Branciforte, primer marqués de Branciforte, nombró en 1795 gobernador del Nuevo Reino de León al teniente coronel de Infantería Simón de Herrera y Leyva. 

 

Construye el gobernador Herrera y Leyva dos presas

Desde que Herrera y Leyva llegó a la Ciudad entendió la gravedad del problema, y se dio a la tarea de construir dos Puentes – Dique, uno sobre la actual calle de Escobedo, que retenía el agua para formar la llamada la Presa Chica, y otro sobre la de Diego de Montemayor, formándose la Presa Grande. Sobre este puente se instaló una imagen de la Purísima Concepción de la Virgen, por lo que se le llamó el Puente de la Purísima.

 

Impulsan los dos embalses de agua el crecimiento de la Ciudad

Ya con estos dos cuerpos de agua se revitalizó la agricultura. Al norte del Río Santa Lucía, se fue poblando de familias de agricultores, en lo que se empezó a llamar el Repueble del Norte, es decir, la parte Noreste del primer cuadro de la ciudad, lo que hoy son las calles de Washington, Juárez, Colón y Félix U. Gómez, revitalizándose las llamadas Nuevas Labores, hoy las colonias Madero y Fierro, al norte de la “Y” griega.

 

El agua agridulce

La producción alimenticia fue aumentando conforme crecía la población, y el agua era como siempre lo ha sido para Monterrey, un elemento indispensable y agridulce. Cuando llegaban las lluvias en abundancia provocaban el desbordamiento de ríos, con encharcamientos en las calles que se convertían en lodazales y crecían pastos y hierbas sin orden por toda la Ciudad. Y en tiempos de estiaje, además de la escasez de agua, los charcos y aguas sucias eran causa de enfermedades y grandes mortandades.

 

Una avenida del Santa Catarina destruye la infraestructura hídrica de la Ciudad

En 1801 una crecida del Río Santa Catarina, o Río de la Ciudad, o Río de Monterrey como también era conocido, destruyó las tomas que controlaban las sacas de agua. Ante ello el gobernador Simón de Herrera y Leyva fijó fecha para que se repararan las acequias, las tomas directas del Río y “las puentes”. Una Puente era la esclusa o división con la que se abre y cierra el flujo agua de una acequia o zanja para distribuir el agua entre los regantes. Diccionario de teresita 

 

“Don Simón de Herrera Leyba, Teniente Coronel de Infantería, militar de este Nuevo Reyno de León, Comandante del Cuerpo de sus Milicias y Subdelegado de Hacienda y Guerra por su Majestad. Por cuanto, con las abundantes lluvias y crecientes, que se han experimentado en el Río de Santa Catarina, que es el que también se reconoce por de esta Ciudad, há sobrevenido el que se hayan perdido todas las Presas y tomas, que comprende; y entre ellas la correspondiente, a esta referida Ciudad, mando á todos los vecinos y moradores de ella que segun costumbre deben ocurrír, que para el día Lunes tres del corriente concurran á el Parage de las Puentes, para que de alli pasara a disposición de Don José Francisco de Arízpe, que para ello se ha consecionado a las Presas, y ponen las aguas en su curso acostumbrado para esta Ciudad y hace así mismo cuantas diligencias se dispongan por el dicho comisionado. Firma: Simón de Herrera.”

 

En 1824 Monterrey tenía 12 mil y pico de habitantes

La población de la Ciudad siguió aumentando para 1824 (según el proyecto de organización para la elección de diputados constituyentes locales) había en Monterrey y su comarca 12 mil 282 habitantes distribuidos en: una Ciudad, una Misión inconclusa, 20 Haciendas, 20 Rancherías, y 4 Estancias. Para la época de la gran cólera de 1833 se considera que ya no pertenecían a Monterrey los ahora municipios de San Nicolás de los Garza, y Guadalupe; por lo que la población de Monterrey llegó a 15 mil habitantes.

 

La falta de agua obligó a que las casas tuvieran su propia noria

Para satisfacer la necesidad de agua, ante el incremento de población los vecinos perforaron norias en sus solares para obtener su propia agua potable. Pero la perforación de norias trajo un nuevo problema de salubridad, pues a corta distancia, en el mismo solar o en el del vecino estaban las letrinas de hoyo, que tarde o temprano contaminaban el agua de las norias.

 

Moderniza el gobernador Garza García el sistema de abasto de agua

Con este sistema de abastecimiento de agua, de presas, acequias, norias y el acueducto, la Ciudad sobrevivió hasta más 1878 cuando el gobernador Genaro Garza García sustituyó el acueducto colonial por una tubería que iba desde el obispado hasta la Plaza Zaragoza, con diversas “sacas” o pilas de agua limpia, como la de la Alameda.

 

Llega Monterrey a los 200 mil habitantes a inicios del siglo XX

Para inicios del siglo XX la parte urbana de la Ciudad de Monterrey, con el territorio que actualmente tiene ya alcanzaba los 200 mil habitantes. Entonces el gobernador Bernardo Reyes ante una reducción notable de las lluvias, inició los estudios para instalar en la Ciudad un sistema moderno de distribución de agua potable.

 

Concesiona el gobernador Bernardo Reyes los servicios de agua y de drenaje

Tenía varias opciones, como la construcción de una presa o la extracción de aguas profundas en la zona de la Huasteca, sobre el Río Santa Catarina. Sin embargo, de acuerdo a su forma de entender el arte de gobernar,  decidió que para asegurar un abastecimiento confiable a la creciente población de Monterrey, debía concesionar ese indispensable servicio a quien demostrara capacidad técnica y solvencia económica para emprender las grandes obras que se necesitaba la Ciudad proyectada al futuro. Con esa idea, el Congreso del Estado expidió un decreto el 4 de noviembre de 1904, mediante el cual se elevó a rango de Ley, el contrato que el gobernador Bernardo Reyes había celebrado con los señores James Stocker y William Walker, para la concesión de los servicios de agua y drenaje, y aprovechamiento de las aguas para fuerza motriz para la Ciudad de Monterrey.

 

Apoyada en esta ley, en mayo de 1906, se constituyó la Compañía de Agua y Drenaje de Monterrey (The Monterrey Water Works and Sewer Company, Limited) con sede en Toronto, Canadá.

Continuará… 

 

 

Correspondencia 

ARCHIVO HISTÓRICO DE MONTERREY 

COLECCIÓN CORRESPONDENCIA 140. 1

https://www.sadm.gob.mx/SADM/index.jsp?id_html=antecedentes

http://cienciauanl.uanl.mx/?p=1716

Diccionario Razonado de Legislación civil, penal, comercial y forense, Joaquín Escrichr, 1837, México, reimpresión facsimilar. Congreso del Estado de Guerrero 1993.