18/Apr/2024
Editoriales

Monterrey y el agua, una relación agridulce. Parte siete

Pese a que el suministro de agua a la población es obligación constitucional para los municipios desde tiempos coloniales, el crecimiento de la Ciudad provocó que las fuentes de abastecimiento propias de Monterrey fueran insuficientes.

 Como dijimos en textos anteriores, en el año de 1909 el gobernador Bernardo Reyes concesionó a la empresa canadiense “The Monterrey Water Works and Sewer Company, Limited” la distribución del agua a la Ciudad de Monterrey. Esto se oficializó en base a un decreto del Congreso Local que autorizaba al Gobierno del estado absorber la obligación de dotar y distribuir el agua a la población de Monterrey.

 Tal decisión se tomó porque las fuentes de abastecimiento de agua se encontraban allende los límites territoriales de Monterrey. Las primeras tomas de agua fueron en la Huasteca -parte de Santa Catarina-, luego la Cola de Caballo en Santiago, y cada vez más lejos: los pozos de Mina, la presa de la Boca, la de Cerro Prieto y la del Cuchillo, todas lejos de Monterrey.

 El 16 de febrero de 1946 se expidió el “Decreto que declara de utilidad pública la construcción, mejora, conservación y operación de obras de abastecimiento de agua potable, alcantarillado, drenaje pluvial y todas aquéllas de ingeniería sanitaria.” De ahí surge la Junta Estatal de Agua Potable y Alcantarillado en la que participaba la SARH, el gobierno del estado y los municipios; cada obra tenía su propia red de distribución y su administración particular que luego fue reuniendo el estado.

 Algunos municipios metropolitanos como San Pedro Garza García, Santa Catarina o García pudieron en algún momento del pasado ser autosuficientes en recursos hídricos, desde la década de los años 70 del siglo XX fueron integrándose a la metrópoli por lo que, Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey, fue absorbiendo la obligación del servicio hídrico de estas municipalidades.

 Después existió el organismo SISTELEÓN (Sistema Estatal de Agua Potable y Alcantarillado de Nuevo León) que absorbió a la Junta Estatal de Agua Potable y Alcantarillado que perforaba pozos, construía bordos, sistemas de bombeo, de conducción y distribución del agua en los municipios. Pero igual apareció el mismo problema de fuentes de agua ubicadas fuera de su territorio como por ejemplo, la presa Sombreretillo cuya agua se utilizaba para Villaldama.

 Además, aunque antes era ignorado, verter el desecho de aguas negras e industriales en los ríos pronto se convirtió en un problema -y lo sigue siendo a nivel mundial- causante de graves daños ecológicos.

 En 1986 el gobernador Jorge Treviño y el secretario de SARH, Eduardo Pesqueira, iniciaron los estudios para construir una presa llamada Terreros, sobre el cauce del Río Pilón, en el municipio de Montemorelos para traer agua a Monterrey. De inmediato brotaron las protestas de campesinos, ganaderos y citricultores, liderados por el ingeniero Pedro Vaquero y el empresario Enrique Regules, quienes alegaban que la falta de ese líquido generaría un grave daño económico a la región y específicamente al municipio de Montemorelos.

 En 1989 el proyecto se detuvo, y no fue hasta 2003 que el gobernador González Parás lo reintentó sin éxito y, ante el desmantelamiento del proyecto Monterrey VI por parte del gobernador Jaime Rodríguez, se inició el proyecto de Presa Libertad que se encuentra en proceso, ubicado en esa misma región.  

 Desde el principio de su mandato, el gobernador Sócrates Rizzo (1991 – 1996) heredó dos distribuidoras de agua y recolectoras de drenajes: Agua y Drenaje de Monterrey, y Sisteleón. En 1995 Rizzo García las fusionó para que SADM diera el servicio de agua en los 51 municipios, comenzando a tratar las aguas negras en el área metropolitana, construyendo tres plantas de tratamiento: la Planta Norte con 2.5 M3/seg.; la Noreste, con 0.5 M3/seg.;  y la Dulces Nombres con 5 M3/seg., llegando a ser la única Ciudad del país que no vertía aguas negras crudas a los ríos.

 La misma ley que fusionaba SISTELEÓN con Agua y Drenaje de Monterrey también instituyó las nuevas responsabilidades ecológicas en materia de saneamiento y tratamiento de aguas, no solo domésticas e industriales sino también rurales, pues venían recargadas de nitratos, fosfatos y otros residuos agrícolas altamente tóxicos.

 

LA GUERRA DEL AGUA

 

El año de 1996 fue de bajas precipitaciones pluviales, generando problemas de escasez que se complicaron con la política estatal y nacional. El frágil acuerdo firmado el 6 de septiembre de 1990 sobre la repartición de aguas de la presa del Cuchillo entre el distrito de Riego 026 y el Área Metropolitana de Monterrey, como se dijo, en la praxis dependía de la cantidad de agua que lloviera.

 Así que desde enero de 1996, el Gobierno de Tamaulipas presentó una queja ante la Comisión Nacional del Agua pues los agricultores del distrito de riego 26 habían recibido poca agua durante los últimos meses, a pesar de que la presa había recibido buena captación. De inmediato la Comisión Nacional del Agua dialogó con campesinos del distrito de Riego 26 y con autoridades de los estados de Nuevo León y Tamaulipas; decidiendo la Conagua transferir agua de la presa El Cuchillo a la Marte R. Gómez a través del Río Pesquería.

 Empero, esta resolución fue rechazada por el gobernador Sócrates Rizzo declarando que no se iba a ceder ni un milímetro de agua, pues Monterrey tenía sed. La reacción fue que el director de Conagua, Guillermo Guerrero Villalobos, llegó a la Ciudad y ordenó que se liberaran 200 millones de metros cúbicos de El Cuchillo a la presa Marte R. Gómez. Cuatro de las siete compuertas de la cortina se abrieron fluyendo el agua a Tamaulipas, pero unas horas después el gobierno de Nuevo León consiguió una suspensión provisional de amparo por lo que se cerraron las compuertas.

 El servicio de agua fue racionado una vez más y, pese a que la orden federal exigía mantener el agua en la presa el Cuchillo hasta que se hiciera un estudio técnico, inició un proceso creciente de desgaste mediático por parte de Conagua, Gobernación, el Senado y el propio presidente Ernesto Zedillo contra el gobernador.

 El gobernador Rizzo García y el presidente Zedillo ya estaban enfrentados. Esta guerra del agua era pretexto para que Zedillo tomara represalias en contra de Rizzo porque -pensaba EZ- que SRG había apoyado la Huelga de Hambre del ex presidente Carlos Salinas de Gortari en San Bernabé. Antes había ordenado suspender el flujo de recursos federales a Nuevo León, hasta que llegaron a una negociación: Nuevo León se desistiría del amparo a cambio de recuperar los apoyos suspendidos.

 Sin embargo, una vez abiertas de nuevo las cortinas del agua, el 20 de enero se  liberaron 184 MM3 de agua. Pero Zedillo no cumplió lo pactado y desde Gobernación se intensificaron los ataques mediáticos, así que a periodicazos el 17 de abril de 1966 Rizzo solicitó licencia al Congreso del estado por seis meses, para que se reactivaran los recursos federales a Nuevo León. Llegó Benjamín Clariond de gobernador interino y comenzó el flujo de recursos federales, luego del acuerdo con Tamaulipas y la Conagua el 13 de noviembre de 1996.

 El Gobierno Federal indemnizó a los agricultores tamaulipecos y se empezó a construir obras de irrigación.

 El 3 de octubre de 1997 se publicó en el Periódico Oficial la Ley de Agua Potable y Saneamiento, que regula la prestación de los servicios de agua potable y saneamiento, y que por fin aclaraba  las competencias de los municipios en la prestación de estos servicios. En ese mismo mes tomó posesión como gobernador Fernando Canales Clariond, primer gobernador panista de la entidad.

 Entre junio de 1997 y febrero de 1998 se reestructuró la deuda total de Servicios Agua y Drenaje de Monterrey y de nuevo hubo una reestructura en las tarifas; se eliminaron los conceptos de consumo mínimo y cargo fijo, y desde entonces todos los cobros se hicieron en base al consumo volumétrico del líquido.

 

UNA NUEVA ESCASEZ

 

En abril de 1998 la sequía llegaba de nuevo a un punto crítico, las presas tenían en promedio solo el 18% de su capacidad, y la capacidad operativa no permitía el aprovechamiento máximo del líquido. Agua y Drenaje advirtió a la población que se viviría la peor sequía de las últimas décadas, publicando el récord de lluvias de los últimos 70 años y los volúmenes de entradas a las presas Cerro Prieto, El Cuchillo y La Boca; para el  9 de agosto de 1998 las presas estaban prácticamente vacías.

 En agosto de 1998 se anunció un nuevo plan de emergencia que incluía rehabilitación y perforación de nuevos pozos, más el corte del servicio de agua entre las 20:00 y las 04:00 lo que causó descontento en la población luego de dos años de abasto por 24 horas. Se aprovechó para dar mantenimiento a las bombas y equipos de SADAM y se adquirió un gran número de pipas para llevar el preciado líquido a varias colonias.

 La sequía se había agravado desde 1995 y el volumen de almacenamiento en franco descenso. La principal presa, El Cuchillo, en 1995 tenía 433 Millones de metros cúbicos, para descender en1996 a 311 millones metros cúbicos y en 1997 guardaba apenas 224 Millones de metros cúbicos de los cuales poco más de dos terceras partes debían ser entregados a Tamaulipas.

 El gobierno de Canales Clariond recurrió a la comunidad, el comercio y la industria pidiendo el ahorro del líquido; además se redujo la extracción de aguas superficiales (presas y corrientes) y se incrementó la extracción de aguas profundas, extrayendo más líquido de los pozos del Cañón de la Huasteca, perforando nuevos pozos y rehabilitándose otros más que estaban sin explotar.

 

LA PRESA ROMPEPICOS

 

Desde los tiempos del gobernador Rizzo García estaba el anteproyecto de construir una cortina en el Santa Catarina aguas arriba, y fue el gobernador Fernando Canales (1997 – 2003) quien emprendió la obra. Se trataba de construir en el Cañón de la Huasteca, una cortina para el control de crecientes, que ayudara a disminuir la velocidad de las fuertes avenidas del Río Santa Catarina, misma que, coloquialmente, se le llamaría presa Rompe Picos.

 Esta Rompepicos se edificó en el Cañón de la Huasteca, en el sitio denominado Corral de Palmas, en el municipio de Santa Catarina, para evitar que se repitieran las tragedias hechas por los huracanes Beulah, en 1967, y Gilberto en 1988.

 La Secretaría de Desarrollo Urbano y Obras Públicas del estado, a cargo del arquitecto Óscar Bulnes Valero, construyó la obra, mientras el diseño ingenieril y sus respectivos estudios fueron realizados por la Facultad de Ingeniería Civil, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, con la participación directa de grandes maestros como Raymundo Rivera Villarreal, entre otros.

 La presa rompe picos es una gran cortina de 71 metros de altura, 25 metros de ancho y más de 200 de largo, con una cimentación de 40 metros, fincada en una garganta de la Sierra. A mitad de la cortina tiene una ventana de 6 metros cuadrados, por donde se regula la salida del agua, y puede llegar a almacenar hasta 90 millones de metros cúbicos de agua, es decir dos veces la capacidad de la Presa de La Boca.

 Esta cortina tiene una resistencia inusual, pues cuando hay tormentas la velocidad y el volumen de las aguas embravecidas producen efectos de impacto fenomenales y ha soportado perfectamente los embates de la naturaleza. Costó 530 millones de pesos, aunque originalmente estaba presupuestada en 350, lo que generó críticas, sin embargo los huracanes Emily (julio de 2005) y Álex (julio de 2010) no le hicieron ni cosquillas.

 La presa  Rompepicos desfogó durante ocho días el agua que de otra forma hubiera golpeado la Ciudad en unas horas. Los daños del huracán Alex fueron importantes, pero no hubo incidentes con pérdidas de vidas humanas, que se propician cuando la corriente del agua llega directa, con toda su fuerza.

 En 1998 se inició un programa para sectorizar la red de distribución de agua doméstica. Se desazolvaron las tuberías, se controló la presión del agua, se mejoró el sistema de detección de fugas.

 Se rediseñaron los sectores de la red para que cada uno tuviera menos de 500 usuarios, lo que ayudó a reducir los volúmenes de agua no contabilizada y ubicar los problemas que siempre se presentan en redes de distribución de tal magnitud.

 

Así terminó el siglo XX y la Ciudad seguiría alternando su vida entre las avenidas de agua y la sequía, es decir, con una relación agridulce.

 

Continuará…

 

Fuentes

 

CONAGUA

 

INEGI

 

http://cienciauanl.uanl.mx/?p=1716

 

 

https://www.redalyc.org/pdf/402/40280103.pdf

 

 

http://historico.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/gac/cont/36/pr/pr9.pdf